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Algo está faltando

Empresas multinacionales, gobiernos, jugadores de fútbol y muchos ciudadanos comunes y corrientes: la corrupción está tocando a todos. ¿Coincidencias del mundo actual o algo directamente intrínseco en nuestra cultura?

No es casual que en las últimas semanas se esté hablando de la gran crisis que atraviesa Brasil, que a su vez no es la primera, sino como la tercera ya. Primero, cuando se iniciaron los juicios por el Lava Jato, luego cuando se destituyó a DilmaRousseff (más allá de la trama política detrás de este acto), y ahora con la turbulencia social desatada por unas aparentes escuchas del actual presidente, MichelTemer, en el que da su aval para silenciar, mediante dinero, al ex diputado Eduardo Cunha preso desde el año pasado por la gran causa de corrupción de este país sudamericano.

La nación vecina vive hoy algo mucho mayor que el "que se vayan todos" de 2001 nuestros, porque en verdad ya sufrieron la baja de un presidente, la de Rousseff, y además llega en un momento en que la economías empezaba a repuntar. Los de "arriba" parecen estar todos con las manos sucias.

Casos de corrupción se pueden citar en todo el mundo. Algunos son más sofisticados, otros pasan inadvertidos y están los que se cometen a viva voz sin que nadie levante la mano. Quizás sean estos últimos los más graves y los que más han caracterizado a nuestro país: "roban pero hacen". No es una frase que nació con el gobierno anterior, sino que viene de larga data. Una frase que en sí misma es una contradicción.

Es que nunca es gratis el robo. Siempre que alguien se lleva algo de más significa una pérdida en otro lado. Puede ser en una obra que se hace mal, porque se pagaron sobre precios para que la haga una empresa que no era la mejor calificada para hacerla. Puede ser que por pagar de más a uno, otro se quede sin los recursos para cumplir con sus propias obras. La corrupción tiene que quedar claro que es una traba en la rueda, un impedimento para el desarrollo.

Lo más grave es que hoy en día de la corrupción parecería no salvarse nadie. Los políticos son las figuritas de siempre, sin embargo, no son los únicos. Hay casos de yernos de reyes, de jugadores de fútbol, de empresarios, y de ciudadanos comunes que sin ser totalmente conscientes cometen diariamente actos de corrupción (cuando se evaden impuestos, cuando se le paga a un policía para que no haga un multa, y la lista sigue).

¿Qué es lo que nos está faltando como sociedad que se permite que esto suceda? Porque el costo más claro de la corrupción, más allá de lo económico, es lo que hace en el respeto a las instituciones. La anomia empieza a ganar espacio, y así vamos hacia un mundo donde las reglas no están claras.

Brasil puede terminar siendo un ejemplo a seguir para el resto de los países de la región, y del planeta entero. Pero no basta con que sólo se metan presos a los altos líderes involucrados sino que es en las bases de la sociedad donde tenemos que empezar a limpiar a la corrupción.

No será fácil, todo lo contrario. Ahora sino se pone el tema en agenda nunca se empezarán a cambiar las cosas. La cultura del roban pero hacen no va más. No nos dejemos engañar.

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