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¿Y dónde está la felicidad?

"Hacelo por vos mismo", dice el exitoso autor canadiense de bestsellers y bloguero Neil Pasricha en su libro The happiness equation (La ecuación de la felicidad). Frase corta, simple, pero, ¿qué significa?

Eso es justamente lo que este escritor nos muestra en su libro. Una introspección personal sobre la importancia de dejar de buscar complacer a los demás y empezar a atender lo que nosotros queremos.

¿Por qué? Porque cuando nos medimos con la vara de otros nunca encontramos la satisfacción que estamos buscando y siempre terminamos exigiéndonos más y más, aun cuando ello signifique sacrificarlo todo: familia, amigos, y la salud misma.

Pasricha explica su experiencia personal al convertirse en un bloguero. Primero, empezó fijando una meta, un objetivo de acuerdo a lo que el mundo decía que tenía que alcanzar para ser considerado exitoso: 10 mil visitas.

Luego, se dio cuenta que para ser importante no bastaban 10 mil visitas sino que le había errado por muchos ceros a la cantidad.

Después descubrió que además que tenía que ser llamado por programas de radio, diarios y todo tipo de medios de comunicación.

A su vez, esto tampoco era suficiente. No, para el ojo ajeno, hay que escalar más. Y tenía entonces que escribir un libro, y como si fuera poco, este tenía que ser un bestseller, es decir, uno de los más vendidos.

Además, no sólo debía llegar a un record de ventas una semana, sino que tenía que mantenerse durante muchas como el más vendido. Las exigencias continuaban de forma infinita.

Siempre había un escalón más por escalar. ¿A costo de qué? Bueno, el escritor cuenta que la escalera al éxito infinito requería de pocas horas de sueño, mucho estrés y todo tipo de dolencias. Es decir, su agotamiento.

Focalizarse en lo que los demás piensan y no en lo que uno cree genera justamente que no podamos disfrutar de lo que estamos haciendo, que no podamos realmente encontrar eso que queremos.

Siempre va a haber objetivos que superar, siempre se va a poder ser mejor. Ahora lo importante es hacerlo por uno, no por lo que los demás van a pensar.

No sólo porque lo estaremos dejando todo por alguien que ni siquiera conocemos, por alguien que no lidiará con las consecuencias de dejarlo todo y nunca estar satisfechos, sino que además porque ese ser desconocido tendrá la capacidad de destruirnos. Sí, una crítica nos puede devastarnos aun cuando carezca de fundamentos.

No es fácil entender qué queremos, mucho menos hacer las cosas por nosotros mismos. De hecho, el mundo en el que vivimos está hecho para vernos a través de otros.

Ya sea por la cantidad de veces que alguien ve una historia que subimos a Instagram, o la cantidad de "me gusta" y comentarios que reciben las fotos que compartimos en Facebook y otras redes, y la cantidad de seguidores que tengamos en Twitter. Se nos mide de acuerdo a lo que socialmente indica que está bien.

¿Nos hace esto felices? Esa es la gran pregunta. No por nada florecen los cursos introspectivos como coaching o meditación. No, no es por nada.

Existen millones de libros de autoayuda, charlas TED, Blogs, artículos, prácticas grupales e individuales que nos muestran caminos para alcanzar ese estado que llamamos ser feliz. Cada uno debe elegir el que mejor le sienta.

En el sitio https://globalhappiness.org/ se ofrecen una serie de recomendaciones que nos pueden servir para encontrar eso que estamos buscando. Para quienes hablan inglés, es una buena fuente de recursos. Y hay millones más. Con sólo poner en Google felicidad se arrojan 160.000.000 de resultados en 0.51 segundos.

Lo difícil no es encontrar el camino sino atrevernos a caminarlo. Vale la pena intentarlo. Si no, ¿para que los buscamos tanto?

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