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¿Y qué podemos hacer nosotros?

"La última vez que la Tierra conoció una cantidad de CO2 comparable fue hace entre tres y cinco millones de años: la temperatura era entre 2 y 3 °C más alta y el nivel del mar era 10 o 20 metros más alto que el nivel actual", alerta de la Organización Meteorológica Mundial de la Organización de Naciones Unidas.

El calentamiento global es un tema del que se habla hasta el cansancio pero en el que parecería avanzarse poco para detenerlo. En 2015, se quebró la barrera histórica de C02, superándose las 440 partes por millón. Hoy, nuevamente se rompe el récord, uno que nadie debería querer romper.

El dióxido de carbono (C02) es el principal gas del efecto invernadero y uno de los principales gases de la atmosfera. Todos lo necesitamos para vivir: los humanos lo usan para respirar, las plantas para hacer fotosíntesis y el planeta para no congelarse.

El problema es que hemos llegado a producir un nivel de C02 tal que estamos generando un aumento sin precedentes de la temperatura de la tierra. Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM) la concentración actual de dióxido de carbono en la atmósfera representa el 145% de los niveles preindustriales (antes de 1750).

¿Por qué es tan importante reducir las emisiones de C02? Porque se quiere evitar que la temperatura del planeta supere los 2 grados centígrados. De hecho, este es uno de los principales objetivos del llamado Acuerdo de París, que se firmó en 2015, y cuyas disposiciones están todavía en proceso. Además, la viabilidad del acuerdo hoy parece estar en duda ya que ciertos líderes de los principales países emisores del mundo han anunciado que no lo cumplirán.

Pero, ¿nosotros podemos hacer algo al respecto? Aunque creamos que poco, la realidad es que tenemos la capacidad de elegir o no a quienes nos dirigen y de reclamar políticas sustentables para nuestros países. Somos nosotros quienes deben generar la demanda por una producción menos contaminante, y a todos: empresas, gobiernos, amigos, nosotros mismos.

A su vez, cada uno puede contribuir para reducir el C02 que produce diariamente. Por ejemplo, para este verano que se aproxima, utilicemos de forma racional el aire acondicionado, situándolo entre 24 y 26 grados, ya que este produce entre 520 y 3250 gramos de dióxido de carbono.

Igualmente, apaguemos las luces y no usemos en exceso de estas: una bombilla de luz genera 39 gramos por hora.

Evitar el consumo excesivo de energía es una de las principales medidas que nosotros mismos podemos tomar. Es nuestra decisión y responsabilidad decidirnos a hacerlo.

Se puede hablar mucho de calentamiento global, de los efectos que genera y de cómo cada vez más los fenómenos meteorológicos generan más estragos en base a estos cambios en el clima. No obstante, sino tomamos acciones todos los días desde nuestra propia casa, el cambio cultural nunca se va a generar.

Los grandes emisores que definen la aguja son quizás inalcanzables para nosotros, pero si tomamos medidas diarias contribuimos a esta causa y a su vez generamos la conciencia en los de arriba: queremos contaminar menos.

Reducir, reusar y reciclar esa son las famosas tres erres con las que tenemos que trabajar diariamente para cambiar nuestra forma de consumir. Antes de desecharlas, recordemos que no tenemos otra tierra a donde habitar.

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