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Deber, deber, deber; ¿y nosotros?

"Cada paso que das fuera de tu zona de confort no te dará una increíble sensación de descubrimiento y liberación. Pero puede suceder que te des cuenta que lo que creías que era tu zona de confort era en verdad tu zona de complacencia- donde aprendiste a comportarte, quizás por tus padres, tu familia extendida o tu cultura. Con el paso del tiempo, a través de la repetición, y al cumplir minuciosamente con las expectativas de otros, has terminado internalizando estos comportamientos como propios, aun cuando no reflejen quien realmente eres", del escritor Andy Molinsky, autor del libro Reach: A New StrategytoHelpYouStepOutsideYourComfortZone, RisetotheChallenge, and BuildConfidence.

Libros sobre superación personal, de crecimiento interior, de cómo encontrarnos a nosotros mismos hay millones y siempre han estado de moda. Se trata de lecturas que enseñan a desaprender comportamientos y a creer en uno mismo y su capacidad de alcanzar lo que quiera. La zona de complacencia de la que habla AndayMolinsky trata justamente de esto: ese lugar en el que aprendimos a radicar aunque no nos representa realmente.

Desde chicos aprendemos a actuar de determinada forma, ya sea por la influencia de nuestros padres, maestros, amigos del colegio, hermanos y todo el universo que nos rodea. No por nada los hijos suelen repetir las historias de los padres, a veces para bien y a veces para mal. Pero la gran pregunta es ¿estamos haciendo realmente lo que queremos o estamos complaciendo a otros y no a nosotros mismos?

Ese es el gran problema del vivir en la zona de complacencia: la pérdida de quién realmente uno es. Y esto lo vemos todos los días. Desde personas que continúan el negocio familiar aunque no les interesa a jóvenes que estudian carreras simplemente para cumplir con el mandato social. Incluso hay personas grandes que no se dan la posibilidad de probar algo distinto a lo establecido.

Es mucho lo que se pierde al vivir una vida de estas características. No sólo uno mismo, ya que nos privamos de la posibilidad de explotar al máximo nuestro potencial y alcanzar nuestras aspiraciones reales, sino también el mundo mismo.

¿Por qué la sociedad pierde cuando no nos atrevemos a salir de la zona de confort? Porque no ponemos a trabajar a nuestro cerebro en la búsqueda de algo diferente. Terminamos actuando como autómatas sin tomar las riendas de lo que estamos haciendo. Steve Jobs no creo Apple desde su zona de complacencia, todo lo contrario. Bill Gates no hizo Microsoft en su espacio de confort. Se atrevieron a salir de ella y eso generó grandes frutos para el mundo.

¿Quiere decir entonces que todos deberíamos ser disruptivos, deberíamos ser esos que con pensamientos fuera de la caja? No necesariamente. Lo que busca es que nos preguntemos si donde estamos hoy es donde queremos estar.

La sociedad necesita gente disruptiva y gente operativa. Es decir, de todo un poco. Pero ello no quiere decir que tenemos que hacer que todos sean disruptivos u operativos sino que cada uno tiene que ocupar el rol que lo define a uno mismo. El problema está cuando no dejamos que la esencia de la persona salga a la luz y la "aclimatamos" para que sea de una forma determinada.

Dejar la zona de complacencia no es fácil, y muchas veces genera grandes sinsabores. Pero permaneciendo en ellas se pierden grandes valores.

Hagamos una autorreflexión y atrevámonos a dar el salto en caso de que veamos que no estamos haciendo o viviendo de la forma que queremos. No será sencillo, pero es necesario. Después de todo se trata de entender quiénes somos. Nos lo debemos a nosotros mismos.

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