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El otro papelón

Sí, fue un papelón mundial: eliminaron a la Argentina del ranking PISA que mide la calidad educativa en 72 países del mundo. Pero más allá de este bochorno, lo realmente triste es el estado de la educación argentina. Mucho más que una deuda pendiente.

El motivo por el que se excluyó al país del informe de 2015 se debe a la alteración en la muestra de escuelas proporcionadas que no permitirían compararlo con los resultados de años anteriores. Quizás pensaron que nadie se daría cuenta de esta "modificación", pero sí lo hicieron.

La mal llamada viveza criolla no sólo salió mal sino que además dejó en evidencia que no logramos mejorar nuestro desempeño y que estamos tan desesperados por quedar bien en la foto que hasta mentimos.

A su vez, se refuerza la seriedad de esta evaluación mundial: no es algo que se toma a la ligera sino que se chequea todo lo enviado por los países. ¿Será hora de que nos pongamos las pilas?

Mientras la Argentina quedó excluida, la Ciudad de Buenos Aires mejoró en su desempeño (está en el puesto 38, superando a los países de la región pero no es realmente comparable). No es todavía el lugar ideal pero está mucho mejor que el país. Empezar por replicar su modelo puede ser el camino para mejora. Pero sólo sería un primer paso, estamos muy lejos de volver a la educación pública que nos caracterizaba.

Una buena escuela significa mucho más que una buena posición en un ranking. Significa oportunidades, sí, oportunidades de mejora de miles de chicos que hoy no la tienen. Significa la posibilidad de progreso social, de poder escalar. Significa igualdad. Significa poder soñar con un futuro mejor.

El gobierno actual ha tenido muchos frentes con los que lidiar este año pero ya no puede ni debería dilatar más esta cuestión tan fundamental. Por ahora, empezó con varios frenos, como la filtración de los exámenes Aprender que se tomaron a docentes en todo el país.

Además debe lidiar con un gremio difícil y también golpeado como es el de los maestros. Y con miles de cuestiones más que afectan a la posibilidad de lograr una buena educación como lo es la alimentación de los menores, la violencia familiar y social a la que están expuestos y las miles de necesidades que una gran parte de los chicos sufren que les impiden estudiar.

Trabajar en la educación significa mucho más que simplemente lograr que los chicos estudien más. Pero es hora de empezar. Venimos de años en los que este tema no era una prioridad, y todo aquel que pudo intento arreglárselas solo. A pesar de tener pocos ingresos, muchos padres logran desvivirse para enviar a sus hijos a colegios privados que a pesar de ser mejores que los públicos no lo son lo suficiente como para asegurar que estos chicos puedan adquirir los conocimientos necesarios para ir a la universidad.

La educación fue una de las piedras que hizo que la Argentina progresara y una de las bases de su igualdad. Recuperarla es mucho más que una deuda pendiente. No luchar por ella es el bochorno silencioso que tenemos que atender con urgencia.

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