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Involucrarnos, eso que tanto cuesta

Estás caminando por la calle y ves algo raro. ¿Te detenés a ver qué pasa o seguís caminando como si nada? Hacer la vista a un lado puede terminar siendo muchas veces la respuesta.

Y justamente cuando no haces nada, cuando dejas que pase es que eso que viste que estaba por suceder termina pasando. ¿Podríamos nosotros haberlo evitado? Imposible de saberlo con certeza pero seguramente podríamos haber intervenido para que una fuerza especializada lo detenga.

La inseguridad es una cuestión que supera a cada ciudadano pero a la vez es algo que nos afecta a todos. Es por ello que en muchos barrios existen "patrullas barriales" o de vecinos que lo que hacen es turnarse para hacer como una seguridad externa. De esta forma, se cuidan entre ellos.

No debería ser así, la policía debería ser suficiente pero cuando no lo es, nuestra participación puede ser esencial. Existen muchos casos de robos prevenidos ya sea porque se llamó a la policía cuando se escucharon ruidos raros en lo de un vecino o simplemente por haber gritado que alguien estaba siendo robado en la calle.

El gran riesgo que termina surgiendo de una ciudadanía demasiado activa es que se pierden los límites. Una cosa es ayudar al otro, ya sea denunciando a las fuerzas policiales o alertando sobre lo que está sucediendo a otros ciudadanos que se encuentran junto a nosotros, y otra muy diferente es creernos que nosotros somos la justicia.

Los linchamientos y todo tipo de acciones similares no son la respuesta ni tampoco constituyen un caso de defensa personal. Es cierto que muchas veces nos gana la impotencia, y la empatía que sentimos hacia la víctima. Todos somos conscientes de lo indefensa que está la sociedad frente a este tipo de siniestros que se producen pero no por ello tenemos que tomar la cuestión en nuestras manos.

La inseguridad es un tema que este gobierno tendrá que trabajar fuertemente para empezar a resolver. El 2016 ha sido un año de muchos incendios que apagar, entre ellos, los siniestros de algunas zonas del país. Por ello, se han empezado a tomar algunas medidas como el envío de fuerzas especiales como Gendarmería a ciertos puntos críticos (el Gran Buenos Aires y Rosario en Santa Fe). Pero todavía falta mucho más. La cuestión de fondo sigue sin respuesta.

Todos debemos estar alertas y ser facilitadores de denuncias en la calle. Si vemos algo raro o escuchamos algo que excede lo normal tenemos que involucrarnos, no podemos hacer como que no escuchamos nada. Es llamar al 911 y describir lo que vemos. Nadie nos juzgará por ello ni nos meterá en ningún problema. Es mucho lo que podemos evitar. Es mucho lo que está en juego. Gritar ayuda debería ser la primera reacción de una mujer cuando está haciendo atacada, y sin embargo, la policía le recomienda gritar fuego porque sino la gente no se va a acercar.

Si escuchas a alguien en necesidad, llama al 911. Quizás ya lo haces de forma natural, o capaz todavía te cuesta. Pero es sólo un llamado. Y para otro puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. La inseguridad es una cuestión de estado, pero todos podemos aportar.

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