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La ciudad amurallada

Es una ciudad famosa, conocida como la "perla del Adriático". Centro de una ex república poderosa, mercantil y adinerada luego doblegada a Napoleón, Dubrovnik es mucho más que una cara bonita.

Son pocos los pedazos de mundo antiguo que quedan para contemplar. Pero justamente la ciudad amurallada de Croacia es uno de ellos.

Congelada en el tiempo, incluso sus pisos son de piedra reluciente, alguien diría que todas las noches son lustrados por misteriosos seres.

Sus casas y edificios emblemáticos como la Catedral, son de admiración de los miles de turistas que la recorren.

No es una ciudad de locales, no. Dentro de las murallas, vemos todo tipo de ciudadanos del mundo, pero no croatas propiamente dichos. Los locales viven de los frutos de esta joya, de este museo viviente: el ingreso de turistas.

Dubrovnik se encuentra a 495 kilómetros de la capital del país, Zagreb, y su nombre significa Robledal, por una especie de árbol característico de la región.

Hoy, se encuentra en esplendor, a pesar de haber sido embestida fuertemente durante la guerra con Serbia que se inició en 1991.

La caída de Yugoslavia y la consecuente lucha por la independencia croata le costó a esta gran ciudad mucho, aun cuando hoy la veamos renacer, ya casi totalmente recuperada. Las heridas igualmente quedan marcadas.

Esta "joya" fue siempre deseada por sus vecinos. Su posición estratégica en el mar adriático la convirtieron en uno de los centros comerciales marítimos más importantes del mediterráneo durante el siglo XI.

De hecho, logró mantener su independencia de potencias como la República de Venecia y los turcos por el pago de importantes tributos. No pudo sin embargo resistir a Napoleón y más tarde en 1815 pasaría a formar parte del Imperio Austrohúngaro.

Luego de la Primera Guerra Mundial, Croacia se convierte en parte del Reino de Yugoslavia, y el resto es historia.

Si bien los países independientes que antes conformaban este "reino" presentan similitudes, cada uno tiene sus particularidades y su propia idiosincrasia. Haber pensado que la región de los Balcanes podía ser una sola hoy se nota que fue una locura.

La historia está presente en esta ciudad, es inevitable no preguntarse por qué existe una ciudad amurallada. Y las respuestas están a la vista, ya sea en sus paredes, ya sea en los tours ofrecidos a turistas, ya sea en los libros para comprar. Dubrovnik nos cuenta de dónde viene.

Es por ello que una visita obligada es caminar por sus murallas y verla toda desde arriba. Así se advierte aún más su majestuosidad. Algún fanático de Game of Thrones pensará solamente en la serie de HBO, pero sin dudas contemplará su belleza, en especial, cuando se pone el sol.

El plato gastronómico principal es el pescado, en todas sus formas. Se recomienda el arroz negro, cocinado con tinta de calamar. Pero también hay pizza, bien a la italiana, quizás producto de la alguna vez influencia veneciana en esta ciudad. Además de heladerías por doquier, no precisamente artesanales, pero que en esta época del año es imposible no probar.

A su vez, se destaca el consumo de cerveza, abundante en los bares y restaurantes pero también en la calle. La pinta es la medida, que para muchos llama la atención, y el consumo en la vía pública también es algo común.

Y es que los costos croatas obligan a comprar de vez en cuando en el súper antes que pagar la pinta en el bar.

El muelle es un centro de partida. Sí, un centro de partida a las islas de alrededor y a los países limítrofes como Montenegro y Bosnia.

Es el lugar por el que muchos suelen empezar a recorrer Croacia y a la vez es también el punto final de quienes empezaron por otro lado. Casi que uno diría que "todos los caminos conducen a ella".

De noche es igual de encantadora. Aunque al recorrer sus pasillos y escaleras un misterio nos rodea. ¿Serán los gatos? Ellos pueblan la ciudad, protegiéndola quizás de roedores que alejarían cualquier turista.

A través de puertas misteriosas encontramos salidas al mar desde donde varios aventureros se lanzan desde rocas hacia él. Otros bajan por escaleras, para sumergirse en este mar tan azul que encandila. Y el agua está fría, sí fría. Pero un frío que reconforta y re energiza el cuerpo.

Encantada, congelada en la historia, la ciudad nos lleva a otro lado. Quizás algunos solo vayan por las playas, quizás solo algunos vayan por Game of Thrones o quizás solo algunos vayan porque saben que es lindo. Para todos, Dubrovnik es parada obligatoria.

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