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La irónica realidad

"Con la caída de whatsapp conocí gente re copada?al parecer viven en mi casa..nos sentamos a comer unas milanesas..tremenda experiencia", publicado en la cuenta de instagram, una influencer con 146 mil seguidores.

Dos horas se cayó la red de mensajería instantánea Whatsapp y fue suficiente. Uno de esos "sacudones" o baldazos de agua fría que de vez en cuando nos da la tecnología para recordarnos algo de lo que no siempre somos conscientes: nuestra dependencia a ellas.

Miles de mensajes empezaron a divulgarse sobre el tema por las diferentes redes sociales e incluso los diarios empezaron a levantar la falla como la noticia más importante. Una de las principales fuentes de comunicación del planeta con más de 1.000 millones de usuarios activos sacó a relucir algo que muchos creemos: estamos tan pendientes de esta red que nos estamos empezando a olvidar de interactuar cara a cara con otros.

Es común ver a grupo de amigos sentados todos en una mesa mirando al teléfono y no hablando. De hecho, es una fuente de preocupación en los padres, quienes ven a sus hijos sumergidos en esos aparatos y no interactuando con otros. Para muchos, se está convirtiendo en una adicción.

La serie de Netflix Black Mirror (Espejo Negro) ilustra justamente esta incipiente adicción. Llevada al extremo, en uno de sus capítulos, relata la vida de una chica en una sociedad donde todo se basa en cómo te "califican" los demás en las redes sociales. Y la verdad es que hoy eso pasa bastante.

¿Cuántos seguidores tenés? ¿Cuántos "me gusta" te pusieron? ¿Y cuánta gente vio tu Snapchat o tu historia de Instagram? El cuánto vieron los demás lo que hiciste, cuánto interactúan con estos contenidos es hoy la definición de quién sos.

Está después el otro extremo: aquellos que se alejan y critican vilmente a quienes publican su vida en estos sitios. Surgen entonces los "anti" redes que no crean cuentas en ninguna red social popular.

Algo de razón tienen ya que cada día que pasa nos acostumbramos más a hablarlo todo por mensaje, por redes sociales y no cara a cara. Se podría decir que hemos llegado al punto de que la hipercomunicación a través de las redes produce que cuando nos juntemos con otros ya no tengamos temas de conversación. Les pasa incluso a las parejas, quienes hablan todo el día y cuando se ven ya no tienen nada sobre lo que hablar. El teléfono es entonces la salida.

¿Se puede poner un freno? ¿Tendremos que tratar en unos años nuestra adicción a las redes? Esperemos que no, pero definitivamente hoy ya estamos inmersos en este mundo.

Recuperar la mesa familiar, la juntada de amigos, y el tener conversaciones reales es un gran desafío.

Puede que hoy estemos hablando todo por mensaje, puede que vayamos hacia ello. Y no estaría mal siempre y cuando no perdamos realmente la conversación. Ver la foto de un amigo no es hablar. A no confundirse.

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