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La silla seguirá vacía

"Simplemente por publicar puntos de vista políticos distintos y participar en un movimiento democrático pacífico, un maestro perdió su atril, un escritor perdió su derecho a publicar y un intelectual público perdió la oportunidad de dar charlas en público".

Fragmento del discurso que el premio nobel Liu Xiabobo pronunció frente a las autoridades chinas que lo juzgaron en 2009.

Liu Xiabobo fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 2010 por su incansable lucha por la democracia en su país, China. Nunca pudo ir a recibir esta máxima distinción. Ni tampoco nadie de su familia pudo ir en su lugar. A todos los arrestaron o imposibilitaron de salir de esta nación para poder asistir. La silla quedó vacía. Y desde el jueves pasado con su muerte, quedó vacía indefinidamente.

Xiabobo estaba preso desde 2009 por haber participado junto con otros 300 intelectuales de la redacción de la llamada Carta 08, manifiesto de la disidencia china, que le pedía al gobierno chino una serie de cosas tales como el respeto de los derechos humanos. El cargo por el que lo encerraron fue justamente uno de los grandes reclamos que hacía esta carta: el delito de subversión.

"A pesar de que los crímenes de los que me han acusado en las dos ocasiones tienen diferente nombre, su sustancia verdadera es básicamente la misma: son crímenes contra la palabra".

Este líder intentó durante muchísimos años lograr la apertura de su gobierno; y desde su participación en 1989 de la manifestación de la plaza de Tiannanmen fue víctima de la persecución gubernamental.

Liu era un profesor y escritor, además de intelectual político, y por sus diferencias fue prohibido de trabajar para cualquier institución china.

Sobrevivió gracias a las publicaciones que hacía en el exterior. Internet, decía él, es un regalo para China, porque le permitía a pesar de las censuras acceder a información, considerada por el gobierno como "subversiva".

No sólo el sufrió los embistes de la persecución, sino también su familia. De hecho su mujer, se encuentra con prisión domiciliaria desde hace dos años a pesar de no haber sido nunca juzgada:

Ella era el gran amor de Xiabobo: "A lo largo de todos estos años que he vivido sin libertad, nuestro amor se ha llenado de amargura impuesta por circunstancias externas, pero cuando saboreo su recuerdo, sigue siendo infinito. Estoy cumpliendo mi condena en una prisión tangible, mientras tú esperas en la intangible cárcel del corazón".

Luchar por la democracia en China le costó su vida. A los 61 años, tras sufrir de cáncer de hígado, desapareció este ser que tanto luchó por una apertura del gigante mundial.

Quizás algún día se haga realidad su sueño. Quizás algún día esa silla no estará más vacía. La silla del respeto a las opiniones diferentes detrás de la gran muralla.

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