Columnistas Ver todas las columnas

Preparados para triunfar, ¿y para equivocarnos?

Faltan pocos días para que termine el 2016 y es inevitable repasar un poco dónde estamos parados.

Algunos hablan de que es hora de hacer el balance, y nos ponemos un poco irritados. Pensar en todo lo que hicimos nos puede llevar a la conclusión de que hemos fallado en algunas cosas. ¿Estamos preparados para aprender de los errores? ¿Y para soñar a pesar del riesgo de que ocurran?

Hay ciertos ámbitos en los que nos permitimos equivocarnos, como en nuestras actividades recreativas y es allí donde más terminamos aprendiendo de los beneficios de hacerlo.

Si alguna vez intentaste hacer un merengue italiano seguramente te habrás frustrado de sobremanera al ver que no lograba alcanzar la consistencia ideal (brillo, firmeza y que no quede almíbar sin integrarse).

Sin embargo, al volver a intentarlo nos sentiremos orgullosos si nos sale bien. Lo mismo sucede cuando quemamos por primera vez un bizcochuelo o nos sale deforme porque le entró aire al horno mientras lo preparábamos.

Sí, en la cocina son muchos los factores que nos llevan a errar. Pero también son fáciles de identificar y al hacerlo, al volver sobre nuestros propios pasos y entender qué tenemos que cambiar, logramos hacerlo bien. Y la satisfacción es infinita.

Cuando estamos cocinando o haciendo una actividad similar no tenemos la presión de ser exitosos, nos permitimos hacer algo mal y a la vez hacemos un análisis de lo que tenemos que mejorar. Sin darnos cuenta hacemos algo muy valioso, nos ponemos a pensar en cómo hacerlo de nuevo pero bien. ¿No sería bueno llevar esto en nuestra vida cotidiana?

Hay diferentes formas de equivocarse. No es necesario hacerlo de forma grandiosa para aprender, sino que uno puede encontrar formas controladas de hacerlo. Una de las grandes enseñanzas de los pequeños emprendimientos es que realizan pequeños prototipos de sus ideas antes de lanzarse con todo al mercado para entender qué cosas están bien de lo que quieren hacer y qué cosas deben mejorar. No saltan directamente al vacío, pero aceptan el fracaso como una herramienta para mejorar y no se desalientan. La metodología de este tipo de emprendimientos conocida como DesignThinking (Pensamiento de diseño) nos llama justamente a no temerle al error.

Así también manifiesta en carne propia Elizabeth Gilbert, autora del bestseller Comer Amar y Rezar porque es importante no dejarse vencer por el fracaso: "Durante seis años sólo obtuve cartas de rechazo en mi buzón y era devastador cada vez, y cada vez tenía que preguntarme a mí misma si debería renunciar mientras podía, y rendirme y ahorrarme todo ese dolor. Pero luego encontraría mi solución y siempre de la misma manera diciendo: No voy a renunciar, me voy a casa. Para mí volver a casa era volver al trabajo de escribir porque escribir era mi casa".

Si, fueron muchos fracasos pero más allá de ellos fue su voluntad para levantarse, su fuerza para no dejarse vencer. Como ella hay miles de historia más. De hecho, Google y Apple son dos grandes ejemplos.

El 2017 nos espera a todos. Seguramente habrá golpes, seguramente habrá alegrías. Nadie logró convertirse en un genio de la noche a la mañana ni tampoco sin darse contra la pared varias veces. Pero sino arrancas con intentarlo, nos quedarán muchas deudas pendientes. Anímate, la víspera del año que comienza nos invita a hacerlo. Aprovecha la magia del nuevo calendario y salí a intentarlo.

¡Feliz 2017!

¡Comentá esta nota!

Para escribir un comentario, antes deberás seleccionar una identidad.

[X]

* 600 caracteres disponibles

Comentarios

El comentario no será publicado ya que no encuadra dentro de las normas de participación de publicación preestablecidas.