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Un en vivo cruel e imparable hasta ahora

Transmisiones en vivo que nos dejan con los pelos de punta. No son generadas por las canales de televisión ni se trata de una película de terror. La realidad misma que nosotros creamos y transmitimos en nuestras redes supera cualquier tipo de ficción. Y la suspensión de estos actos en general llega tarde.

Hace unos días un tailandés mostró en vivo a través de la plataforma de Facebook Live, que permite subir en tiempo real lo que estás haciendo, cómo mataba a su hija de 10 meses y luego se suicidaba. Lo mismo hizo otro sujeto, Steve Stephens, quien transmitió en vivo como mataba a un hombre de 74 años. Además, subió un video explicando el porqué de su decisión y aseguraba tener 13 víctimas más.

En el otro extremo, un grupo de jóvenes subió un video a YouTube en el que mostraban una picada a 240 km por hora en la Ciudad de Buenos Aires. A su vez, se mofan de haber pasado varios controles de policía sin ser detenidos y realizan todo tipo de infracciones como giros en U en lugares no permitidos, hablar por teléfono mientras conducen y demás.

No es la primera vez que esto sucede, ni tampoco la última. El año pasado dos chicas de 13 y 14 años subieron la red social Snapchat cómo torturaban y asesinaban a una mujer alcohólica. Ya desde la edad el cuento es escalofriante, y fue televisado para todos nosotros, colocándolo en nuestra vida diaria.

Estas imágenes suelen bloquearse una vez que son detectadas. Lo mismo sucede con todas aquellas imágenes que se suben a estos portales como fotos de personas asesinadas. Pero la prohibición llega tarde. ¿Se puede prevenir de alguna forma?

Es el eterno dilema. Seguramente para hacerlo sería necesario que todos los contenidos que suben las personas a las redes tengan que pasar por una revisión antes de ser publicados y esto privaría a los usuarios de la libertad de postear en sus cuentas personales lo que quieran.

A su vez, todavía la inteligencia artificial con la que cuentan estos sitios no es totalmente capaz de detectar estos contenidos antes de que sean subidos. La antigua controversia que se suscitaba en el periodismo sobre si era ético o no mostrar determinadas imágenes, como un suicidio, ha dejado de existir.Las redes sociales nos han dado a todos una herramienta en la que todo lo que hacemos queda expuesto a la mirada de los demás. Y la realidad es que no hay parámetros universales éticos sobre que se puede o no mostrar en estos lugares cibernéticos ni tampoco hay una forma de detectar lo que se opone a ciertas cosas básicas como la incitación a la violencia.

Por ahora, parecería que las redes sociales están más preocupadas por ver de qué forma evitan que se divulgan las noticias falsas, y en esa línea están mejorando el algoritmo que las detecta, que en buscar de qué forma la inteligencia artificial puede ponerle un freno a que hechos de estas características sean transmitidos en tiempo real.

Hoy el riesgo de no permitir la libre publicación de contenidos es muy grande y no se cuentan con las herramientas para detener contenidos violentos, la prohibición puede llegar muchas horas tarde. Radica en nosotros, usuarios comunes y corrientes, el advertir sobre estos contenidos y pedir su remoción.

Es una gran responsabilidad. En especial dado que muchas veces puede significar la diferencia entre la vida y la muerte de una persona. Tengámosla presente.

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