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Verdades que son mentiras

Desayunar como un rey, almorzar como un príncipe y comer como un mendigo. Quizás sin saber porque has tomado esta frase y muchas otras como verdades absolutas. ¿Puede que algo que es mentira se convierta en una verdad sólo por ser repetida muchas veces?

Varios estudios de prestigiosas universidades muestran que el decir constantemente que algo es verdad termina generando la creencia de que lo es, incluso cuando haya hechos que demuestran lo contrario.

Seguramente se te vengan a la cabeza un montón de conspiraciones que son dadas como irrefutables constantemente. Un típico mito es el de Yabrán, quien muchos dicen que está vivo y se realizó una operación de rostro para esconderse. Hay evidencias de que se suicidó pero sin embargo optamos por creer la verdad que nosotros mismos nos hemos repetido o que hemos escuchado más de una vez (la teoría de su falsa muerte es el tercer resultado que arroja Google al poner su nombre en el buscador).

Bueno, no es una casualidad, todo lo contrario. Parece ser que es algo que hacemos todo el tiempo. Así lo entiende Tom Stafford, un profesor de psicología y ciencia cognitiva de la Universidad de Sheffield y autor del libro For argument's sake: Evidence that reason can change minds, que sostiene la teoría de que la repetición de argumentos los convierte en verdad.

En ese sentido cita un estudio de la Universidad de Vanderbilt donde se les preguntó a 80 personas que dijeran si una afirmación era verdad o mentira. Estos participantes fueron divididos en dos equipos iguales, pero con una consigna distinta.

El primer grupo tenía que calificar del 1 al 6 qué tan verdad era determinada afirmación mientras que el segundo sólo tenía que decir si era verdad o mentira. En ambos casos, la repetición hizo que más afirmaciones fueran calificadas como verdades aun cuando fueran hechos conocidos como que la capital de Finlandia es Oslo (que no lo es).

Es así que tendemos a creer en el juicio que ya recibimos y que nos han repetido varias veces porque es más fácil, nos lleva mucho menos tiempo y esfuerzo que buscar la verdad.

Lo mismo sucede con la búsqueda de hechos en Internet. Los mitos o rumores sobre determinados sucesos aparecen muchas veces antes en los buscadores que la verdad o el desenlace final de un caso. Así, uno puede buscar información sobre un hecho y no encontrará la verdad oficial sino quizás lo que la página más visitada o leída sobre este tema dice. Y claramente no es necesariamente lo real.

Pero vuelve a suceder que es más rápido y fácil quedarnos con los primeros resultados. La pereza se termina pagando con desinformación y así mentiras que muchas veces son calumnias hacia ciertas personas se convierten en la realidad.

Durante años creímos que el sol giraba alrededor de la tierra o que el planeta era plano. Eran verdades absolutas repetidas pero en un momento en el que no se contaban con las herramientas para desmitificarlas. Hoy, contamos con ellas.

Es entonces que el gran desafío podríamos decir que es combatir la pereza de no quedarnos con lo que "todo el mundo afirma" o con lo primero que arroja el buscador. Nadie nos lo va a pedir, pero ¿acaso no queremos saber la verdad? Se supone que durante siglos peleamos por ello ¿o no?

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