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Y ahora qué

La elección de Donald Trump ha dejado a muchos con la boca abierta. Porque no la habían previsto, porque les parecía imposible, porque las encuestas decían que no ganaba. Sí, fue una sorpresa. Pero, ¿y ahora qué?

Por un lado, está el temor respecto a cómo se verán afectadas las relaciones de Estados Unidos con el resto del mundo. ¿Se disminuirán las importaciones? ¿Se pondrán frenos a los tratados comerciales actuales? Puede que sí, puede que no. De todas formas, el Congreso de USA jugará también un importante papel en estos asuntos. No sólo es la decisión del número uno.

Por el otro, existe el miedo al efecto multiplicador. Europa, por sólo citar un ejemplo, está en el medio de una gran crisis social de la que no sabe cómo salir: ¿qué hacer con los refugiados?

Mientras miles de estos se encuentran hacinados y siendo discriminados por los ciudadanos locales, los gobiernos tienen que buscar soluciones. En ese sentido, la elección del nuevo líder republicano parece un mal augurio y muchos se atreven a afirmar que Marie Le Pen será el nuevo primer ministro de Francia.

Igualmente, otro aspecto alarmante radica en que se ha perdido el miedo a medir las palabras y al público no le importa. Quizás Trump no haga todo lo que dice. Pero lo realmente impresionante es que diciendo las cosas que dijo fuera electo.

La pérdida del descaro es lo que sorprende a muchos y la pérdida de la ignorancia del electorado. Es cierto que muchos líderes han implementado medidas como las que Trump ha anunciado que hará, la diferencia es que no fueron electos con estas promesas de campaña. Construir un muro lo han hecho muchos, ahora decirlo sin escrúpulos no. No es que el discurso lo haga menos grave, pero hace a los ciudadanos directamente cómplices. No hay más ignorancia.

Cada nación tiene todo su derecho a elegir quien a quien quiera. Entender los motivos que llevaron a este triunfo es fundamental porque refleja un desconocimiento de los valores, necesidades y reclamos de una gran parte de la población. El no haberlos escuchado o el haberlos ignorado refleja también un error político de quien era su rival.

El tablero mundial parece estar girando hacia otro lado. Los líderes actuales tienen discursos abiertamente ofensivos y anuncian medidas que suponen un retroceso en las relaciones internacionales y humanas. Lo dicen y la gente parecería aceptarlo o por lo menos no se involucra lo suficiente para manifestar su repudio.

Trump, el Brexit y el posible crecimiento de la extrema derecha en Europa nos alarman por diferentes motivos. Es hora de que nos lleven a actuar.

Las imágenes de protesta al día siguiente del resultado son en vano. Falta el accionar del día antes. No todo está perdido, pero una vez más se demuestra que si no queremos que algo nos suceda tenemos que actuar. Hoy más que nunca la respuesta al y ahora qué está en nosotros.

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