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Bolsas de plástico: 15 minutos de uso, 150 años para descomponerse

Desde el 1° de enero hipermercados, supermercados y autoservicios de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires dejaron de entregar bolsas plásticas descartables. Con esta acción, el gobierno porteño busca reducir la contaminación de la ciudad, el riesgo de inundaciones, evitar daños a la flora y la fauna y colaborar con el planeta. Para reemplazarlas, entregan en forma gratuita ecobolsas, las que además se venderán en los supermercados.

Más allá de los inconvenientes relacionados a la practicidad que esto suele generar (en las grandes ciudades la gente sale de su trabajo y sin pasar por casa va a hacer sus compras) y de que –claramente- las sociedades no cambian sus hábitos por imposición sino por un proceso de educación que lleva años y en el cual el Estado no siempre tiene una participación eficaz, vale la pena revisar los aspectos que motivan esta norma, ya que los especialistas cuentan desde hace años con evidencia de los perjuicios que ocasionan, y los activistas de la ecología luchan por concientizar sobre los mismos.

El daño que provoca el uso indiscriminado de estas bolsas no es menor: por solo 15 minutos de uso, cada una de ellas tarda 150 años en descomponerse. Además, una gran parte de las bolsas de plástico que suelen estar sueltas en las calles, tapan sumideros, se escurren por los desagües pluviales y forman "diques" que atrapan otros residuos, perjudicando el funcionamiento del sistema de drenaje.

Según indican desde el Ministerio de Ambiente y Espacio Público de CABA, alrededor de un tercio del material que se retira en cada limpieza de los arroyos entubados son bolsas.

La medida colaborará también con el bienestar de la flora y la fauna, especialmente acuáticas. El plástico afecta a las especies, ya que muchas comen partículas que llegan al río o al mar, y ponen en riesgo su supervivencia.

La Resolución 341/16 se enmarca en la Ley 3147, sancionada en 2009 por la Legislatura Porteña. En el texto se ordena la reducción progresiva, hasta el cese final, de la entrega de bolsas no biodegradables. A su vez, esta Ley se relaciona con el objetivo de la ley 1854 de Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos (conocida como Basura Cero) que apunta a minimizar la generación de residuos.
¿Qué es Basura Cero?
Greenpeace da a conocer que a principios de los '80, un pequeño grupo de expertos en reciclaje comenzó a hablar acerca de la idea del "reciclaje total". De estas deliberaciones se llegó al concepto de "basura cero". En 1990, activistas de Filipinas ya utilizaban el término "Basura Cero".

Una de las primeras políticas formales de "basura cero" fue creada en 1995, cuando Canberra, Australia, promovió el objetivo "Ningún desecho en el 2010". Desde 1995, la propuesta "Basura Cero" ha sido promovida como objetivo por gobiernos en Nueva Zelanda; Dinamarca; Seattle, Washington; el condado Del Norte, California; San Francisco, California; el condado de Santa Cruz, California; Edmonton, Alberta; Ottawa, Ontario; y Nova Scotia. Asimismo, una serie de empresas nacionales e internacionales adoptaron algunos de los principios de "Basura Cero".

"Basura Cero es una filosofía y un principio modelo para el siglo XXI. Incluye el 'reciclaje' pero también va más allá de este método para darle un enfoque de 'sistema global' al vasto flujo de recursos y desechos de la sociedad humana. "Basura cero" maximiza el reciclaje, disminuye los desechos, reduce el consumo y garantiza que los productos sean fabricados para ser reutilizados, reparados o reciclados para volver a la naturaleza o al mercado" (GrassRoots Recycling Network).

A nivel práctico, "basura cero" rediseña el actual sistema industrial unidireccional para convertirlo en un sistema circular basado en las exitosas estrategias de la naturaleza; cuestiona los sistemas comerciales mal diseñados que "utilizan demasiados recursos para lograr que muy pocas personas sean más productivas" y que dependen para ellos de materiales tóxicos.

Mediante la creación de empleos y la participación ciudadana, aborda el problema del creciente desperdicio de los recursos humanos y el deterioro de la democracia; ayuda a las comunidades a alcanzar una economía local que funcione eficazmente, cree buenos empleos, y ofrezca una medida de autosuficiencia, y se propone eliminar los desechos en lugar de gestionarlos.

En la Ciudad de Buenos Aires la basura es uno de los problemas estructurales más importantes; a diario se entierran en rellenos sanitarios más de 5 mil toneladas, dicen desde Greenpeace Argentina.

Ganada la pulseada contra la incineración en Argentina y ante la grave situación y la evidencia clara sobre la necesidad de hacer un cambio profundo en el modelo de manejo de residuos sólidos urbanos, en agosto de 2004 Greenpeace Argentina presentó un Plan de Basura Cero para Buenos Aires, que propone una serie de medidas a tomar, basadas en el concepto Basura Cero y en experiencias llevadas a cabo en distintos lugares del mundo.

Fue así como en septiembre de 2004, varios legisladores con apoyo de Greenpeace, la cooperativa El Ceibo y otros representantes del sector no gubernamental, presentaron un proyecto de ley de Basura Cero, titulado Ley de gestión integral de residuos sólidos urbanos.

El proyecto fue debatido en un proceso que duró un año, y llamó a la participación de distintos sectores, desde universidades, organizaciones ambientalistas, representantes de agrupaciones cartoneras, sectores empresariales y gubernamentales. Tras idas y venidas, y con algunas modificaciones al proyecto original, la ley fue aprobada por unanimidad en noviembre de 2005.

La Ley 1.854 de gestión integral de residuos sólidos urbanos define criterios de gestión de los residuos generados en la Ciudad de Buenos Aires y brinda las herramientas para generar la transformación que el actual sistema necesita con urgencia.

El plan propuesto por la ley es la progresiva reducción de la cantidad de basura que se entierra mediante el crecimiento de las industrias asociadas al reciclado y recuperación de materiales y la reducción en la generación de residuos.
Motivos para decir "no" a las bolsas de plástico
De acuerdo al sitio "Ecologistas en acción", las razones para decir no a las bolsas de plástico, son:

- Se fabrican a partir del petróleo, un recurso no renovable, costoso, cada vez más escaso y responsable de la emisión de gases de efecto invernadero, es decir, del cambio climático.

- Su reciclaje no es rentable: cuesta 100 veces más reciclarlas que producirlas nuevas.

- La mayoría acaba en el mar o quemada en las incineradoras y en los hornos de cemento. Se han encontrado bolsas flotando al norte del Circulo Ártico y en lugares remotos del Atlántico Sur.

- Contaminan durante su fabricación y su incineración (dioxinas, cianuro. . .)

- Algunas están impresas con tintas tóxicas.

- Tardan entre 150 y 1000 años en descomponerse.

- Su dispersión en la naturaleza causa mortandad de animales en el medio terrestre y acuático. Las tortugas, los delfines o los cachalotes, por ejemplo, se las comen porque las confunden con medusas y calamares. Es cada vez más frecuente encontrarlas en cadáveres de animales marinos porque provocan el bloqueo, irritación o laceración del tracto digestivo y reducen la cantidad de alimento que los animales pueden ingerir.

- Son de fácil sustitución por sistemas tradicionales: bolsas de tela, carritos, cestas, de papel. . .

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