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Consumo de alcohol: cifras que asustan

A lo largo de la historia las bebidas alcohólicas fueron consumidas en muchas sociedades con diferentes propósitos y dependiendo de cada cultura. En la actualidad, el consumo de alcohol se convirtió en un importante problema de salud pública a nivel nacional e internacional. Entre otros, hoy se presentan importantes cambios en la modalidad y patrón de consumo, que se manifiestan en una edad de inicio cada vez más temprana, un aumento paulatino en la ingesta de las mujeres y, registrándose en ambos sexos un mayor consumo los fines de semana en un período corto de tiempo, lo cual produce efectos diferentes al tradicional perfil mediterráneo, asociado al beber en el momento de la comida.

Según la Encuesta Nacional sobre Prevalencia de Consumo de Sustancias Psicoactivas (EnPreCoSP) de 2011, dada a conocer por el Ministerio de Salud de la Nación, la edad de inicio promedio de consumo de alcohol es a los 17 años. Por otra parte, el 77,7% de la población encuestada consumió alcohol alguna vez en la vida; el 66,2%, en el último año; y el 50,6%, en el último mes. La prevalencia de consumo en el último mes es mayor en varones (62,7%) que en mujeres (38,7%). A su vez, ésta es mayor entre los 25 a 34 años (53,5%) y entre los 16 a 24 años (52,1%).

El consumo episódico excesivo de alcohol se define como el consumo de más de cinco tragos de cualquier bebida alcohólica en el lapso de un día, en el último mes. Su prevalencia fue del 24,9% en 2008 y del 26,4% en 2011. Por otra parte, el abuso de bebidas alcohólicas, entendido como el consumo de al menos una vez en el último mes, de 8 ó más tragos de cerveza ó 5 tragos de vino o 3 tragos de bebidas fuertes, fue en 2008 del 18,1% y en 2011 del 19,1%. El abuso y el consumo episódico excesivo de bebidas alcohólicas son siete veces más en fin de semana que entre semana.

La Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR) estudia las prevalencias de consumo de alcohol regular de riesgo y de consumo de alcohol episódico excesivo. Ambas modalidades fluctuaron levemente entre 2005, 2009 y 2013. El consumo de alcohol regular de riesgo, entendido como la ingesta de más de un trago promedio por día en mujeres o más de dos tragos promedio por día en hombres en el último mes, en 2013 fue del 9,7%, mientras que el episódico excesivo fue del 10,4%.

Según el Informe de Egresos Hospitalarios por Trastornos Mentales y del Comportamiento de 2011, los egresos por consumo de sustancias psicotrópicas en ambos sexos se debieron principalmente al uso de alcohol (74,4% en hombres y 68,8% en mujeres).

Según la Encuesta Mundial de Salud Escolar (EMSE 2012), el 70,5% de los estudiantes bebió alguna vez alcohol en su vida; de estos, el 75,9% lo hizo por primera vez antes de los 14 años. Este porcentaje fue mayor en varones (78,7%) que en mujeres (73,3%). La mitad de los estudiantes encuestados declaró haber bebido alcohol al menos 1 de los últimos 30 días, siendo este porcentaje mayor en los estudiantes de más edad.

En comparación con los resultados de la EMSE 2007, se evidenció que la proporción de estudiantes que tomó dos o más tragos los días que bebió aumentó más de 25 puntos porcentuales, siendo en aquel momento del 35,3% y del 62,9% en el 2012.

La prevalencia de consumo de bebidas alcohólicas es más alta en relación a las demás sustancias psicoactivas (marihuana, cocaína, estimulantes, pasta base, tranquilizantes, éxtasis), la misma fue mayor en varones, quienes a su vez empezaron a consumir antes que las mujeres. Tanto el abuso como el consumo episódico excesivo de bebidas alcohólicas son significativamente superiores en fin de semana.

Los cambios en los patrones de consumo de alcohol (edades de inicio de ingesta alcohólica cada vez menores, aumento de consumo en mujeres) lo establecen como uno de los principales temas de agenda de la salud pública nacional e internacional.

En la Argentina habría un millón de alcohólicos

Según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) realizado en el 2011 en el que se analizó el alcoholismo y su impacto en la salud en 193 países, si bien el valor per cápita de la Argentina está lejos de los obtenidos por los países que lideran el listado de alcoholismo (las ex naciones soviéticas o Rusia), su promedio de 10 litros por persona por año lo pone por encima de la media del continente (8,7 L) y casi doblando la mundial (6,3 L).

En cuanto a América Latina, la ingesta de alcohol por cabeza supera en un 40% al promedio mundial. En el continente, el consumo de bebidas alcohólicas -especialmente la cerveza- tuvo un gran aumento, siendo Brasil y la Argentina los mayores exponentes.

Según el estudio, el 18,5% de las muertes en la Argentina están relacionadas con el alcohol, ya sea por accidentes de tránsito en los que el consumo excesivo tuvo un papel preponderante, o enfermedades causadas por la bebida.

En ese sentido, y dando cuenta de su influencia muchas veces letal, el alcohol estuvo presente en casi la mitad de los suicidios registrados este año en la Argentina, según fue reportado por autoridades oficiales.

El listado de la OMS coloca además al alcohol en el octavo lugar en el ranking de factores de riesgo de muerte a nivel mundial, y en el tercero de mayor importancia como riesgo de enfermedad y discapacidad, tras nacer con un bajo peso y mantener relaciones sexuales sin protección.

A su vez –siempre de acuerdo con el informe de la OMS- el 59% de los argentinos prefieren el vino a la hora de tomar, mientras que un 32% elige la cerveza y un 7% bebidas espirituosas (fernet y whisky, principalmente). Además, el consumo es el doble entre los hombres con respecto al de las mujeres.

Dando cuenta de la preocupante situación, ya un informe confeccionado por la Sedronar y publicado por el diario La Nación en base a un sondeo realizado entre noviembre y diciembre del 2010 sobre consumo de drogas, arrojaba que un millón de argentinos podían ser calificados directamente de “alcohólicos”, con síntomas de necesidad de ser tratados por esa enfermedad.

Lo que hay que saber

Las bebidas alcohólicas son sustancias psicoactivas que tienen la propiedad de generar cambios en nuestro organismo tales como modificar el ánimo, la memoria, el pensamiento, las sensaciones y la voluntad.

El vínculo que se constituye con una sustancia como el alcohol es subjetivo, por eso una persona no responde de igual manera que otra ante la misma bebida. Los efectos de las bebidas alcohólicas dependen de las características que le son propias; el grado de alcohol puro que posea la bebida; si la persona ingirió alimento o no, del contexto donde se consume; del género, expectativas, estado de ánimo, características psicológicas y corporales de quien la consume. También dependen de la cantidad, frecuencia y velocidad de la ingesta; y de otros factores como enfermedades pre-existentes; la mezcla con otras bebidas alcohólicas y/o otras drogas.

Consumo responsable

La promoción de hábitos de vida saludables supone, entre otros, un Consumo Responsable de Alcohol, a partir de los 18 años que implica reforzar el compromiso que debe tener tanto la persona que toma como la que lo acompaña, impulsando una creciente concientización de los riesgos del consumo de bebidas alcohólicas.

Deben decirle NO al Alcohol:

- Niños y niñas

- Adolescentes (menores de 18 años)

- Mujeres en búsqueda de embarazo, embarazadas o en período de lactancia

- Personas que por enfermedad o uso de medicamentos tienen contraindicado el consumo de alcohol

- Trabajadores que utilizan máquinas o herramientas

- Trabajadores en situaciones de riesgo de caídas

- Personas que van a conducir un vehículo

- Personas al cuidado de niños, adultos mayores y enfermos

- En ámbitos laborales y/o de estudio

Recordar que todos tenemos derecho a…

- Recibir asistencia integral y personalizada en los Centros de Salud de la comunidad (Centro de Atención Primaria de la Salud (CAPS); Centros Integradores Comunitarios (CIC); hospitales generales y otros dispositivos sanitarios).

- Ser atendidos sin discriminación y con el máximo respeto.

- Que se mantenga la confidencialidad de toda información relacionada con la consulta y estar de acuerdo con el tratamiento (Consentimiento Informado).

- Recibir información veraz y comprensible sobre la consulta y las alternativas terapéuticas.

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