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Cuando la violencia comienza en el noviazgo

Números contundentes que asustan; que preocupan.

En 2013, la Asociación Civil Casa del Encuentro presentó un informe que registraba 295 asesinatos de mujeres víctimas de la violencia de género a lo largo del año en nuestro país, lo que dejó como triste secuela a unos 400 chicos sin madre. La cifra más alta de los últimos 6 años. Lamentablemente por las noticias que nos llegan a diario, no podemos asegurar que en 2014 no vayamos a batirla.

Del informe se desprende que unas 83 mujeres murieron baleadas, 64 fueron apuñaladas, 37 golpeadas y 28 fallecieron tras ser estranguladas. En el 38 por ciento de los casos, los asesinos eran esposos, novios, parejas o amantes de la víctima.

La mayoría de las mujeres tenía entre 19 y 30 años al momento de su muerte, aunque también muchas de ellas estaban entre los 31 y los 50 años.

Los crímenes tuvieron lugar principalmente en la casa de la víctima o la vivienda que compartía con el asesino.

Del total de femicidios, en unos 46 casos había denuncias previas o medidas cautelares por violencia de género.

Hubo 11 víctimas que estaban embarazadas cuando fueron asesinadas y en 27 casos hubo indicio de abuso sexual. Al menos 15 de los femicidios fueron causados por miembros de las fuerzas de seguridad.

El noviazgo, e incluso las primeras salidas con un hombre, pueden ayudar a detectar tempranamente lo que con el correr del tiempo puede convertirse en un verdadero martirio. Derribar algunos mitos, como “me cela porque me quiere”, pueden ser clave. Por eso hoy dedico la columna a este tema, pensando en que tanto las mujeres -especialmente las más jóvenes- como su entorno, pueden detectar señales y pedir ayuda.

Cuestión de inequidad

La violencia (física, sexual y/o emocional) en el noviazgo son todas aquellas modalidades de vinculación dentro de parejas adolescentes que implican abuso de poder, la instalación paulatina de maniobras de dominación sobre la otra persona y, consecuentemente la restricción de derechos y la producción de daños para quien las padece. Se puede dar en persona o vía tecnologías de comunicación.

El problema de la violencia hacia las mujeres se origina en la histórica discriminación que padecen estas en las sociedades que avalan prácticas basadas en la inequidad entre mujeres y varones. Nuestra sociedad actual, todavía transmite concepciones que favorecen una organización familiar autoritaria y verticalista desde la cual se genera desigualdad en cuanto a los derechos de sus miembros, de acuerdo con el género. En familias con roles estereotipados, se replican posiciones asimétricas en la pareja y se transmiten creencias en torno al amor tales como la entrega incondicional, dar sin pedir nada a cambio, perdonarlo todo, etc. El venir de hogares donde se han vivenciado patrones abusivos de vinculación, sumado al inicio de las primeras vivencias de vínculos amorosos teñidos de romanticismo e idealismo, puede encontrar a jóvenes con menos recursos personales para protegerse de relaciones que los someten a perjuicios para su autoestima y salud. También hay situaciones que aumentan el riesgo de violencia: consumo de alcohol y/o sustancias, condición de inmigrante, padecer enfermedades discapacitantes, no tener una red social de contención (amigos, familia).

La Sociedad Argentina de Pediatría sugiere como primera medida identificar los indicadores que pueden dar cuenta de vinculaciones dañinas entre jóvenes. Muchas veces el carácter abusivo de una relación queda invisibilizado para quienes son sus protagonistas, ya que es muy factible que ocurra simultáneamente a demostraciones de afecto y deseos de estar juntos. Los adolescentes consideran las agresiones de sus parejas como una broma o como un juego que a veces puede “ irse de las manos “ o como respuestas “normales “ ante malentendidos. Los adolescentes pueden confundir los reclamos, los celos, las exigencias de mantener relaciones sexuales, la invasión en su intimidad, el control de sus actividades y relaciones con una muestra de interés por parte de sus parejas.

La familia y la escuela pueden aportar a la sensibilización sobre esta problemática, promoviendo la desnaturalización de los pilares socioculturales de la desigualdad en los vínculos. Son ámbitos donde se pueden brindar condiciones para que se genere con confianza un diálogo donde el adolescente sienta que puede ser escuchado sin juzgamientos, que reciba información sobre todas aquellas maniobras sutiles que limitan en el día a día, sus posibilidades de crecimiento y autonomía; y, que se lo oriente y acompañe en relación a los riesgos que le puede ocasionar el sostener un vínculo de este tipo. Es conveniente que la familia y la escuela tengan en su agenda los recursos locales que abordan este tema en su comunidad (hospital, centro de salud, sistema de protección de niños y adolescentes con direcciones,teléfonos y días de atención). El apoyo y la derivación temprana a servicios de asistencia y/o protección son recursos que pueden favorecer la interrupción o modificación de vínculos de pareja basados en el maltrato.

Tenés derecho a vivir sin violencia

Un día un empujón, otro día un insulto, después una cachetada, burlas, etc. No le quites importancia a estas situaciones cuando pasan. Acá te vamos a comentar algunas cosas para que no permitas los malos tratos.

Algunas señales de alerta:

- Te llama a cada rato. Quiere saber con quién estás.

- Te sentís obligada a dar explicaciones todo el tiempo.

- Te cuidás de decir todo lo que sentís. Te resulta difícil decir no.

¡Cuidado! Los celos excesivos buscan controlar parte de tu vida, pero los podés confundir con “muestras excesivas de cariño”.

Según da a conocer la Sociedad Argentina de Pediatría, las reacciones violentas empiezan de a poco y suelen empeorar, aunque por momentos se atraviesan etapas más tranquilas. Cuando se le pasa el enojo, te pide disculpas. No esperes a que se ponga peor:

- No dejes que tome decisiones por vos.

- Que te diga qué hacer o decir.

- No permitas que te rete, te insulte, te grite o te hable con prepotencia.

- Que te humille ante otros.

- No te alejes de tus familiares o amigos.

- No dejes que te amenace, que te empuje, agreda o golpee.

- No permitas que te obligue a mantener relaciones sexuales si no querés.

Si estás pasando una situación de este tipo, no te quedes sola:

- Compartí con adultos de confianza (padres u otros familiares adultos, docentes) la situación que estás atravesando.

- En los momentos de pelea y tensión, apartate de la situación y, si es necesario, buscá ayuda. Tené a mano los números telefónicos a los cuales se pueda recurrir ante situaciones de emergencia: adulto, policía, líneas telefónicas para atención de la violencia, etc.

- Pedí ayuda a profesionales capacitados en la problemática, ya que tenés derecho a vivir sin violencia.

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