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Nadie se ocupa del victimario

Las alumnas de 6° año del Instituto Madre Isabel Fernández -Camila Arguet Sotelo, Cecilia Biasca, Frida Brem y Macarena Cañete- realizaron una investigación sobre la Violencia de Género, titulada "¿Sabemos enfocar?", en el contexto del espacio curricular Metodología de la Investigación, a cargo de la Prof. Leticia Domínguez. Hicieron hincapié en el funcionamiento de las instituciones que tratan esta problemática en nuestra ciudad, fundamentalmente para ver si el trabajo que realizan es certero y se lleva a cabo en forma articulada.

"La violencia de género, hace referencia al ejercicio de cometer actos que vulneren la integridad de una persona por el solo hecho de ser de un determinado sexo. El saber detectar a tiempo que alguien sufre algún tipo de violencia es fundamental; y por este motivo también es muy importante que el Estado y las instituciones se encarguen de informar y educar correctamente acerca de estos tipos de problemáticas", expresan.

A lo largo de la historia de la humanidad se ha observado cómo la sociedad de manera colectiva y global se ha adaptado al patriarcado, aceptando y tolerando la violencia hacia la mujer y asociándola con una cuestión meramente tradicional. El contexto cultural en el cual vivimos, ha contribuido a que se transmita en muchos entes masculinos el sentimiento de superioridad y supremacía ante la mujer. La violencia física, simbólica o psicológica es un mecanismo de control social que se reproduce mediante patrones de conducta aprendidos y es muchas veces transmitido de generación en generación. Es importante conceptualizar el hecho de que la violencia hacia la mujer es una construcción sociocultural.

Etimológicamente el término "patriarcado" proviene de dos palabras griegas: rkhein, que significa "mandar", y "pater", que significa "padre"; es decir "gobierno del padre". Sin embargo mediante distintos estudios sociológicos, históricos, antropológicos e incluso feministas se ha llegado a la conclusión de que el patriarcado es una distribución del poder totalmente desigual, el cual beneficia al género masculino. Desde una perspectiva social el patriarcado se ha establecido como una opresión institucionalizada del hombre hacia la mujer. Un claro ejemplo de esta "institucionalización" es cómo antes la mujer quedaba excluida de la vida política e incluso a principios del siglo pasado la mujer no tenía respaldo jurídico para administrar sus bienes económicos, algunas siquiera eran consideradas dueñas de sus bienes, traducido hoy como violencia económica.

El patriarcado ha actuado conjuntamente con la instauración de un estereotipo de familia que promovía la idea de que "papá trabaja", "mamá limpia". Papá, a lo largo de la historia, ha sido traducido como un sinónimo de sustento económico familiar. Mientras que a mamá, incluso en la actualidad, se la conceptualiza como un sinónimo de "hogar", "cocina", "limpieza doméstica". A pesar de la introducción de la mujer al sector laboral desde la década del 60, esas ideas siguen vigentes y se las puede ver plasmadas en las publicidades. Por ejemplo el jabón para lavar la ropa es promocionado por una mamá que se encuentra feliz por haber acertado con la elección de un producto que haga más eficaz las tareas de su hogar. Por otra parte, cuando vemos publicidades relacionadas al ámbito laboral, se ve a un hombre que se esfuerza mucho por llevar el dinero a su casa.

En tanto, el machismo consiste en todo tipo de gestos, agresiones, discursos y/o comportamientos que denota una ideología sexista y patriarcal extrema. La sociedad es machista, incluyendo a un vasto sector femenino. Generalmente, el común de las sociedades acepta este comportamiento casi de manera inconsciente, fundamentado por la ideología patriarcal, y quienes son machistas suelen reproducir su idea a través de la humillación de la mujer, la interrupción del discurso de la misma y su desvalorización de ella, entre otras.

El machismo corresponde a una construcción social, la cual fundamenta que los géneros están ordenados jerárquicamente, y que el sector subordinado es el femenino. Al centrar su eje en el patriarcado, las mujeres tienden a naturalizar los comportamientos sexistas o inclusive a aceptar la idea de que su sexo las hace "inferiores". Por esto, y porque es una cuestión sociocultural que se transmite de generación en generación, hoy en día encontramos muchas mujeres que no se autodefinen como "machistas" pero que su discurso y comportamiento dicen lo contrario.

El patriarcado ha elaborado estereotipos de cómo debe ser cada género, el aprendizaje del comportamiento de estos roles asegura la vigencia del sistema. Por ende la violencia de género es un producto sociocultural, cuyo objetivo es mantener en pie un sistema de control con jerarquías de géneros.

A modo de tratar el problema de las intervenciones en una situación de violencia, las autoras del trabajo hablan a continuación de cómo debería ser una buena asistencia.

Según el archivo "Asistencia específica para todas las mujeres victimizadas en la relación de pareja" (Licenciada Maria Eva Sanz), la palabra asistencia tiene dos significados principales. Cuando digo asistir, puedo estar diciendo: desempeñar algún tipo de actividad que provea apoyo a alguien, pero nosotros también usamos la palabra asistir cuando asistimos a una función de teatro, un acto, etc.; en este sentido, el término quiere decir "estar presente". Entonces la confluencia de estos dos significados de la palabra asistir es en realidad lo que nosotros queremos decir cuando hablamos de 'Asistencia a mujeres receptoras de violencia'. Es decir las personas que son víctimas de malos tratos en el contexto de las relaciones de pareja necesitan 'ayuda y presencia'.

No solo es fundamental el hecho de hacerle saber a la persona que está acompañada y contenida, sino que es necesario formar un grupo interdisciplinario organizado. Esto quiere decir que la asistencia de los integrantes del grupo (abogados, psicólogos, asistentes sociales, etc.) debe estar apuntada y dirigida hacia un mismo objetivo, cooperando todos entre sí. Los objetivos van a depender siempre de la situación en la que se encuentre la víctima y de lo que esta exija. No obstante, un primer requisito obvio es que las personas, profesionales o instituciones que provean cada uno de estos tipos de asistencia, cuenten con un modelo de intervención basado en conceptos comunes, de lo contrario estarían orientando en distintas direcciones y no le estarían dando una respuesta coherente a su problema.

A la hora de realizar la intervención legal, hay dos aspectos principales: el asesoramiento legal y el patrocinio jurídico. En el primer caso, estamos hablando de que la persona pueda informarse de los instrumentos legales, de los derechos que la asisten, y de los procedimientos que puede llevar adelante para defender su derecho. Se trata de una tarea de información para que conozca todas las posibilidades y pueda decidir si va a activar el aparato judicial, indica la Lic. Sanz.

Cuando hablamos de patrocinio jurídico, enfocamos la atención en si la persona ha decidido o no emprender una acción judicial, la cual requiere ser patrocinada por un profesional de la ley.

Un buen equipo interdisciplinario cuenta además con un asistente social. Su rol en los casos de violencia de género es derivar correctamente a la víctima en caso de ser necesario, gestionarle un empleo y una vivienda para que esté a salvo (ya sea de un familiar o de una institución que le dé lugar para vivir temporariamente) y buscar un buen soporte emocional, entre otras cosas.

Si en vez de acercarse a una institución abocada a la problemática de violencia, la víctima decide primero buscar ayuda en un asistente social, es fundamental que este sepa derivarla correctamente y no dejarla "a la deriva" dándole la dirección de un refugio anotada en un papel, ya que su vida puede correr riesgo.

Además de los personajes que aparecen en los grupos interdisciplinarios, todos tenemos la responsabilidad de ayudar a las personas en situación de violencia, ya sea participando en la asistencia como un simple vecino, amigo, médico o policía.

Otro de los puntos importantes a tener en cuenta para una buena asistencia, es la "comunicación interinstitucional". Básicamente, esto quiere decir que las instituciones deben comunicarse entre sí unas a otras, trabajar en conjunto y organizadamente. Hay que resaltar que el objetivo principal de las instituciones debe ser el resguardar la integridad física y/o psicológica de la víctima, por ende, no podemos dejar que circule sola por las calles, de institución en institución.

El gobierno nacional es quien debe trabajar para fortalecer los vínculos interinstitucionales, proponiendo proyectos donde instituciones públicas y/o privadas se unan entre sí y trabajen en conjunto. Ya mencionamos dos niveles de asistencia fundamentales (legal y social), pero aún nos queda hablar de la psicológica. Cuando la persona recibe un tratamiento psicológico debe ser uno abocado a la problemática de la violencia de género, sino puede incluso resultar contraproducente. Una intervención específica sería que, en un caso de violencia familiar, el psicólogo trate la violencia familiar, y no tratar –por ejemplo- la depresión que esto le trae.

En el marco del trabajo realizado, las alumnas del IMIF entrevistaron a personal del Hogar "Yanina", el Área de la mujer y la Comisaría de la Mujer. También recogieron un testimonio anónimo.

Como conclusión del trabajo, expresan que "nuestra ciudad cuenta con un correcto equipo interdisciplinario que aborde la problemática de la violencia de género, pero no de la manera que corresponde. Hay falencias generales en las instituciones en cuanto al enfoque de la problemática. Todas se encargan de defender y proteger a la víctima, pero ninguna se encarga del victimario. Entonces debemos replantearnos: ¿Cuál es el objetivo de las instituciones? ¿Ayudar a erradicar el problema o solo proteger a la víctima? En caso de tener como objetivo colaborar para la disminución de la violencia de género, nunca se logrará sin asesorar al victimario. Mientras la víctima está resguardada en un refugio, el agresor camina por las calles o a lo sumo transita por alguna cárcel esperando una sentencia firme, la cual casi nunca incluye tratamiento psicológico".

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