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El mundo no supo salvarlo

La imagen del niño kurdo Aylan Kurdi, de Siria, muerto en una playa turca al querer sus padres cruzar por mar a la isla griega de Lesbos y naufragar en el intento, ha sacudido la conciencia mundial. Comenta Juan Cruz, en el diario El País, de España: “Esta imagen del niño sirio muerto en una playa turca, la desolación que desprende el gesto del guardia que fue a salvarlo … el guardia hizo el gesto desesperado; pero antes del guardia fue el mundo el que no lo supo salvar; el guardia fue el héroe de los ojos tristes, hizo todo lo que pudo”.

El mundo no lo pudo salvar … Este mundo es el “revés de la trama”, la urdimbre oculta de poderosos intereses que se ocultan, como lava de volcán, bajo todas esas miserias que ahora ofenden la sensibilidad de nuestra sociedad globalizada. Y como siempre, sufren y mueren injustamente los más débiles, los pequeños.

“- Cada hombre es sólo un paso. Lo que hay que salvar es el gran destino.

- Cada hombre es un misterio en la comunidad. Lo que hay que salvar es cada hombre.

- Hay que hacer lo que sea. En una aldea plagada de piojos raparon la cabeza a todo el mundo. Ahora no hay piojos.

- Pero las niñas no pueden ahora lucir sus trenzas ni sus lazos en el pelo.

- No había más remedio. En este caso era preciso rapar a todo el mundo y lo hicimos; no fue demasiado difícil. . - Lo tuyo es tan duro como en aquella historia del trineo … :

“Aquella mañana, quizás, el hombre había marchado con los hijos a casa de los abuelos, para felicitarles y darse los regalos. Cuando enganchaba la madre había dicho: ‘No te lleves al pequeño, apenas anda, y se va a resfriar’. El padre repuso: ‘Los abuelos tienen ganas de verle, ya le abrigaremos’. Ella se quedó inmóvil en la puerta viendo alejarse el trineo. No estaba alegre. Sola, en casa, terminadas sus tareas, adornaba el árbol, un gran árbol de navidad; colgaba estrellas y regalos de las ramas, en las más bajas los del pequeño, para que pudiese alcanzarlos solo. No estaba alegre. Hacia media tarde pensaba: ‘Ahora salen para acá, y la abuela ha arropado al pequeño en el fondo del trineo’. Pero no se alegró. ‘Ahora están viniendo’. Se estremeció al oír el aullido de un lobo. Bajó corriendo a abrir la puerta, justo cuando el trineo llegaba. Los tres mayores estaban llorando y del trineo se apeó un desconocido, cuya cara no era la de su marido: era la cara del hombre que había echado su pequeño a los lobos”.

- El que había salvado a los demás.

- Un extraño que había echado el pequeño a los lobos.

- Hay que hacer lo que sea. Era mejor así que dejarla sola, sin marido y sin ninguno de los cuatro hijos.

- No sé lo que es mejor. Una mujer no sabe nunca escoger, lo quiere todo: los cuatro hijos y el marido. Ahora bien: si los lobos hubiesen devorado al marido con sus cuatro hijos, la madre, a pesar de todo, hubiese podido tener paz en medio de su dolor. Ahora la paz le era imposible: tenía que vivir con un extraño. Con el pequeño, el padre echó también a los lobos su honor de padre. Ella no podía tener paz con él.

- Hay que hacer lo que sea. Lo importante es que el trineo, el gran destino, llegue.

- Lo importante es que todo honor sea mantenido y que toda paz sea salvada.

- Precisamente el pequeño. A propósito para el sentimentalismo. Lo entiendo, porque también yo soy un hombre, no un madero. Precisamente el pequeño.

- Hubiera sido lo mismo con cualquiera de los demás. Pero sí, precisamente el pequeño.

- El más inútil.

- El más débil. El que tenía más camino que andar, más esperanza por delante. Los lobos devoran siempre, precisamente, al más pequeño. Al hijo de la esperanza.

- No hay más esperanza que el gran destino.

- No hay otro gran destino que el de la esperanza, que el del pequeño. Siempre hay un pequeño, una esperanza que echamos a los lobos. Pero siempre queda un pequeño, una esperanza que sobrevive.

Callaron.

- Un hijo pequeño, una ternura, una esperanza que salva el honor y la paz. Por él cada hombre es lo que es.
Callaron.” (Josep Maria Ballarin, Francesco, Salamanca 1976).

En época de Ballarin el trineo del gran destino era esa sociedad sin clases en aras de la cual se consideraba justificado sacrificar a las generaciones presentes. Hoy el gran destino parece ser la acumulación de riqueza y poder a toda costa. Los extremos se tocan. “Producto de una globalización mundial cada vez más asimétrica, y excluyente, el éxodo de los que huyen de la miseria y de la violencia de guerras sectarias se incrementa exponencialmente. La paradoja es que el destino suelen ser aquellos países que tienen una deuda histórica de colonialismo y explotación de recursos naturales de los lugares de origen de estos movimientos de población. Y en la actualidad –en un marco de profundización de las desigualdades entre y dentro de los mismos países– son base tanto de las multinacionales, principales responsables de las destrucciones ambientales masivas, así como de los monopolios de la especulación financiera internacional. Urge que dichas naciones asuman la responsabilidad y necesidad de abocarse a soluciones integrales frente a este drama de la humanidad” (Mármora, Lelio, director del Centro de Políticas de Migraciones y Asilo de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, Criterio Nº 2418, 2015).

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