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El revés de la trama

Todos quedamos azorados ante la noticia de que un transporte de substancias alimenticias, estacionado en la banquina de una ruta en Austria, contenía los cadáveres de 71 personas muertas por asfixia. Habían caído en manos de una banda de traficantes de personas. Miles se arriesgan a morir en el Mediterráneo en un desesperado intento de llegar a Italia. Sirios, afganos, y otros hacen el rodeo por Turquía y Grecia para llegar a través de los Balcanes a Hungría y de allí a Alemania. Los hay también que de Siria o el Líbano toman un vuelo a Moscú, y a través de Rusia en un viaje de 4.500 Km pasan por el Ártico en un intento de entrar por ese único puesto de frontera con Noruega.

Todos sabemos que las causas son guerras, hambre, persecuciones, situaciones invivibles. Pero se nos hace difícil ver el revés de la trama, parafraseando la novela de Graham Greene. Lo hace, en cambio, con claridad Andrea Tornielli en el Vatican Insider del 31 de agosto, con el encabezado: “Prófugos de nuestras guerras y de nuestros negocios”.

“Somos prófugos de las guerras que hacen ustedes”, se lee en una pancarta que lleva colgada al cuello un migrante africano – comenta Andrea -. Frente a las tragedias de estos últimos días, ‘crímenes que ofenden a la entera familia humana’, como los definió Papa Francisco durante el Ángelus del domingo 30 de agosto, los políticos repiten a menudo la importancia de ayudar a estos pueblos `es su casa`. Hay quienes atacan, delirantemente, a la Iglesia y en particular a Papa Francisco, hay también quienes hablan de una ‘invasión’ en curso (aunque los desembarcos en Italia, por ejemplo, sean pocos más que los del año pasado), hay quienes invocan restricciones y la construcción de barreras, y hay quienes, justamente, denuncian a los traficantes criminales. Pero se reflexiona bastante poco, sobre todo en el Occidente, sobre las causas profundas de estos fenómenos: las conexiones con cierto modelo económico, con las decisiones estratégico-militares de las últimas décadas, con el financiamiento a países y grupos terroristas que ayer eran aliados y hoy son enemigos, con la falta de una política que sepa ver más allá del interés inmediato y más allá de los próximos comicios electorales. Estos son algunos ejemplos sobre los que habría que reflexionar”.

Hay acciones loables por parte de algunas organizaciones para prestar ayuda, importante, pero paliativo al fin. De destacar es la de las Naciones Unidas, Los Caballeros de Colón y las cristianas “Ayuda a la Iglesia de sufre” y “La Fundación Barbanas”, que actúa principalmente en Oriente Medio donde la llegada del Estado Islámico ha provocado el terror. Unos dos millones de cristianos sirios han sufrido, además de esta persecución, la guerra civil que se libra desde hace más de 4 años. Desarrolla un programa de traslado de familias cristianas a otros países, en este momento, de sesenta familias que “cuando tengan sus visados, la Fundación les ayudará con los vuelos a Polonia y los gastos durante un año. Nuestros colaboradores polacos les buscarán un alojamiento y les ayudarán a integrarse en sus nuevas comunidades y en la sociedad polaca”, dice Mark Green de la Fundación Barnabas.

Remito al sitio http://vaticaninsider.lastampa.it/es/en-el-mundo/dettagliospain/articolo/migranti-migrants-migrantes-francesco-francisco-francis-43067/ para la lectura del artículo en el que repasa rápidamente el caso de Eritrea, la República Centroafricana, Ghana, guerras y apoyo occidental al terrorismo, la alarma del Islam y termina con una pregunta sobre la inmigración para poder comprender la complejidad del problema.

¿Qué tarea nos corresponde a nosotros frente a esta realidad que, por lejana, parece no afectarnos?

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