Blogs Ver todos los posts

Lo decisivo es lo que les pasa por la cabeza

Francisco no fue el único Papa que se ha referido al genocidio armenio, pero en su boca la lúgubre palabra “genocidio” sonó como un estallido. Se trata de la matanza de los armenios perpetrada en Turquía en 1915, durante la primera guerra mundial. Esta declaración del Papa provocó una airada reacción del gobierno turco, que siempre ha negado el genocidio armenio, a pesar de que lo reconocen 20 naciones, a las que se sumaron últimamente Alemania y Austria.

Hace varios años que se viene estudiando el tema. El sitio en internet de los armenios en Estados Unidos hace mucho que se dedica al tema. Hace algunos años, a su vez, se prepararon videos sobre este hecho en base a la documentación disponible en la Cancillería alemana de aquellos años.

Pero veamos qué puede saber un ciudadano turco del tema. Para ello nada mejor que analizar los textos escolares, como lo hace Michael Martens, corresponsal de la Frankfurter Allgemeine en Estambul. En todas las provincias de Turquía, que son 81, dice, se estudia con un único manual de historia. Allí se enseña que la nación otomana fue un tiempo uno lindo país en el que todos los hombres eran hermanos. Los armenios eran considerados la “fiel nación”, que habitaban en las mismas aldeas y ciudades en total armonía con la población turca, que hablan el mismo idioma y que algunos ocupaban incluso cargos públicos. Pero un día Rusia los sedujo y se volvieron una quinta columna en el imperio otomano, un puñal clavado en la espalda del sultán. Fue la primera vez que los armenios se rebelaron. Esto es lo que se enseña en las escuelas, según el corresponsal del diario alemán.

Pero el hecho es que los “jóvenes turcos”, con su política, exterminaron a un millón y medios de armenios, mediante caravanas interminables por el desierto, donde se los dejaba morir de hambre y sed o en campos de concentración, muchos destacados por su profesión eran ahorcados en las plazas y en muchos casos pandillas enardecidas irrumpían en las casas degollando o fusilando indiscriminadamente a todos sus habitantes.

El negacionismo de las autoridades turcas se apoya sobre un argumento jurídico, a saber, que la Convención de las Naciones Unidas sobre el genocidio, de 1948, ratificada en 1951, describe genocidio como “acciones con la expresa finalidad de exterminar a un determinado grupo por su identidad nacional, racial o religiosa”. El problema no estaría en el hecho en sí (puede haber matanzas más o menos numerosas), sino en la intencionalidad de su autores, lo cual es siempre difícil de establecer con datos objetivos. Hay, claro está, casos más claros, como el exterminio de los tutsi en Ruanda, en 1994, o de los judíos durante el régimen nazi.
De todos modos, parece iluminante, creo, lo que dice Hannah Arend a raíz del caso Eichmann. El exterminio nazi fue un delito “en el cual se pone de manifiesto la voluntad de no compartir la tierra con el pueblo judío, y con ningún otro pueblo, como si ellos y sus autoridades hubieran tenido el derecho de decidir quién puede habitar este mundo, y quién no”. Lo decisivo, dice Ronen Steinke en la Süddeutsche Zeitung, es saber “qué les pasa por la cabeza” a los que ejecutan matanzas u otras formas, más mitigadas aparentemente, de suprimir a un grupo humano de la faz de la tierra.

Lo cierto es que todavía hoy “casi un siglo después del genocidio de 1915, muchos familiares de los sobrevivientes prefieren, por temor, ocultar sus verdaderas raíces; el número podría ascender a unas dos millones de personas, afirmaba en 2103 Avedis Hadjian, en La Nación. Se refría a los llamados “armenios secretos de Turquía”.

Pero ahora, “100 años después de los asesinatos masivos de armenios en Turquía, los descendientes de los sobrevivientes se animan a manifestar su ascendencia y explorar sus raíces … y emergen de las sombras” (The Telegraph (telegraph.co.uk), April 23, 2015).

¡Comentá esta nota!

Para escribir un comentario, antes deberás seleccionar una identidad.

[X]

* 600 caracteres disponibles

Comentarios

El comentario no será publicado ya que no encuadra dentro de las normas de participación de publicación preestablecidas.