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“Los aviones están hechos para volar”

El padre Alfonso Frank comparte las palabras que expresó, el viernes último, en el Acto de Graduación 2013-2014 del Instituto de Profesorado “Concordia”. En su rol de rector, pronunció este discurso a los recién egresados:

Nos congratulamos en este Acto de colación de Grados con los promovidos como comunicadores sociales y docentes. Y felicitamos también a los egresados que cumplen sus aniversarios y a las recientemente jubiladas, que al estar presentes, desean revivir seguramente agradables recuerdos.

Una palabra, ante todo, a los comunicadores, cuya profesión está signada hoy por el incontenible desarrollo tecnológico, que para bien y para mal, abre posibilidades impensadas para la comunicación.

Hace un tiempo atrás la comunicación se daba más bien en un solo sentido, del comunicador a los oyentes o televidentes. El Cardenal Martini, por ejemplo, siendo arzobispo de Milán, en la época de la televisión por aire, comienza su carta pastoral del año 1990, dedicada precisamente a la comunicación, con la siguiente imagen: “subí a la torre de mi iglesia y vi sobre los techos de las casas un sinnúmero de antenas, como manos tendidas al aire esperando un mensaje”. Hoy ya no existen esas antenas sobre nuestras casas, pero hay una intrincada red invisible donde se entrecruzan millones de mensajes sin parar. Pero un mayor contacto no significa necesariamente mayor humanización. El Papa Francisco subraya este aspecto en el mensaje con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Él prefiere – dice - hablar de comunicación en “términos de proximidad”. No basta estar conectados, es preciso sentirnos próximos en una cultura del encuentro.

Y en cuanto a Promoción de docentes, el editorial de un diario de Buenos Aires, del lunes pasado, expresa bien la situación intitulando: “Educación ¿quo vadis? (Educación ¿A dónde vas?). Quizás debido a esa incertidumbre se escribe tanto actualmente sobre el tema. Hace poco estaba conversando con dos docentes y reparé en un libro nuevo sobre educación, y se me ocurrió preguntar: “Díganme, después de leer tantos libros, ¿cambia algo en educación?”. “Bueno, respondió una de ellas, al menos así tenemos fundamento para las propuestas que hacemos”. Y tiene razón. En ningún escrito vamos a encontrar recetas, sí pistas en un bosque ciertamente intricado, pero pistas al fin, lo que ya es mucho.

A veces estamos quizás tentados por el desánimo y, debido al desconcierto, corremos el riesgo de pensar que sería mejor seguir haciendo lo que siempre hemos hecho; así por lo menos nos sentiríamos más seguros. Pero es importante reparar que hay ejemplos hoy en día de cómo se puede revertir la situación. Valioso fue en ese sentido el encuentro que tuvimos en este mismo salón, el miércoles pasado, con el grupo de docentes de la Escuela 120 de la vecina ciudad de Salto. En la oportunidad dieron una cabal respuesta a las preguntas que sirvieron como motivo de difusión del evento: “¿Es posible una escuela para chicos de zonas marginales, en la que todos pasen de año y a la vez se exija? ¿En dónde los docentes vayan a clases con entusiasmo, con ganas de educar?”.

Y sin ir más lejos, ese mismo día salió la noticia de que este año la escuela San Roque González de Santa Cruz, de la Fundación Manos Abiertas, en Benito Legeren, fue galardonada con el “Premio Comunidad a la Educación 2014”, organizado por Fundación LA NACION, Banco Galicia y Fundación OSDE. El premio lo obtuvo con el proyecto "Con nuestra comunidad y por ella, crecemos integralmente".

Estos ejemplos, y hay sin duda otros, nos alientan a enfrentar los problemas y conflictos no como una adversidad, sino más bien como componentes de un proceso de crecimiento.

Bien, así estamos. A ustedes que egresan y a todos los que vivimos en esta sociedad que nos tocó, se nos invita a no caer en el desánimo, a no buscar falsas seguridades y a sacar ventajas de los errores cometidos en el intento. Vale la pena invertir en estas empresas nuestros mejores recursos. Invertir a pesar de los riesgos, como argumenta el chico en la película “Vitus”, del director suizo Fredi Murer. Vitus quiere convencer a su abuelo para que haga determinada inversión, pero como la consideraba arriesgada, no se decidía. Ahora bien, al abuelo le entusiasmaba volar, había aprendido, e incluso comprado un pequeño avión. El argumento convincente del chico fue: “Abuelo, los aviones están seguros en tierra, pero están hechos para volar”.

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