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Nadie puede subir por ti

El mensaje de la última reunión de la Conferencia Episcopal Argentina, después de una descarnada descripción del desorden político y social que alimenta el avance del narcotráfico, termina con una nota de esperanza, citando en ese contexto una frase del Papa Francisco a las víctimas de esta plaga: “Puedes levantarte, puedes remontar; te costará, pero puedes conseguirlo si de verdad lo quieres. Tú eres el protagonista de la subida, esta es la condición indispensable. Encontrarás la mano tendida de quien te quiere ayudar, pero nadie puede subir por ti”.

Esto indica que la solución no vendrá, en definitiva, de las leyes, controles o penalización, sino de los recursos interiores de los mismos individuos, y por ende de una sociedad que encarne determinados valores de vida. Ya lo advirtió el escritor francés, George Bernanos, desde su exilio en Brasil en 1941. Refiriéndose a ciertas reformas emprendidas por el Gobierno de Vichy afirma, por ejemplo, “las victorias de la legislación sobre las costumbres me han parecido siempre muy precarias”.

Viene a cuento una nota con el encabezado “Indisciplina social en Cuba”, del 9 de setiembre de este año, en el Sitio www.terredamerica.com/, News & Analisi dall’America Latina de Alver Metalli, periodista y escritor, por mucho tiempo corresponsal en América Latina, residente actualmente en Buenos Aires. Dice textualmente: “Castro, Raúl mucho más que Fidel, lanzó la alarma desde la tribuna del Aula magna de la Universidad de La Habana desde hace tiempo, ante un público de estudiantes y profesores, pero para que el mensaje llegara al partido comunista y a sus cuadros, incapaces de frenar o de dar una respuesta al malestar que se esconde tras la debilitación del civismo y la consecuente "victoria" de la vulgaridad, de la marginalidad, … “. Hace una larga lista de desórdenes, como “las construcciones ilegales, la ocupación no autorizada de casas, el comercio ilícito de bienes y servicios, el no respetar los horarios de trabajo, el robo y la matanza de ganado, la captura de especies marinas en peligro de extinción, el recorte de los recursos forestales, incluido en esto el magnífico jardín botánico de La Habana, la acumulación de productos y la venta a precios más elevados de los mismos", hasta "conductas propias de la marginalidad, como gritar por las calles, el uso indiscriminado de palabras obscenas, tirar basura por las calles, hacer las propias necesidades fisiológicas en los parques, ensuciar las paredes de edificios públicos…".

¿Y cuál es la solución según Raúl Castro? Comenta Metalli “justamente aquí, al final de una interminable lista de ‘pecados’, surgió una palabra vetusta (virtud) en los labios del líder comunista que después inundó las páginas de las revistas teóricas del partido, como ‘Catauro’, ‘Temas’, ‘Bohemia’… Virtud, es decir ‘decoro’, ‘amor por la verdad’, ‘sinceridad’, ‘civismo y sentido del otro’. La virtud, tan imprescindible para José Martí, pero sobre todo virtud humana y cristiana.” En un posterior debate público en el centro cultural Félix Varela “un comunista como el profesor Jesús Guanche lanzó desde esa tribuna su llamado a los católicos y a la Iglesia a unir sus fuerzas para dar un alma a la revolución y salvarla. Porque, como estaba escrito en un cartel a sus espaldas, "No hay Patria sin virtud, ni virtud con impiedad".

Se retoma la palabra “virtud”. Ya en 1955 el filósofo Max Scheler tiene un artículo con el título “Para la rehabilitación de la virtud”. “Virtus”, para los latinos, significa “la firmeza con que el hombre noble se sitúa en el Estado y en la vida”. “Firmeza” e “índole noble”, esta última característica expresada en el término griego “areté”.

La virtud no es, por lo tanto, mojigatería. Es, por el contrario, algo vivo, auténtico y hermoso. La virtud quiere decir, según Guardini, que “en cada ocasión, las motivaciones, las fuerzas, el actuar y el ser del hombre quedan reunidos por un valor moral determinante, por -diríamos- una dominante ética, formando un conjunto característico”. José Luis Aranguren hablaría de “talante”.

Mucha tela por cortar queda todavía, pero lo dicho es suficiente para señalar la dirección. La solución al problema de la toxicodependencia viene, en último análisis, de lo dicho por el Papa Francisco: nadie subirá por ti. Pero ¿quién es capaz de tender una mano?

Sin desconocer el rol del Estado y de las demás instituciones u organizaciones intermedias, son sin duda la familia y la escuela las instituciones más encausadas.

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