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Nos disponemos a encontrarnos con lo esencial: el niño

Por Alfonso Frank (*)

Adultos como somos, quisiéramos probablemente encontrarnos más bien con un héroe, un gran benefactor, con un Mesías que venga a poner orden en todas las cosas. Así esperaban muchos al Mesías en tiempos de Jesús. Dios lo habría ocultado, cuando llegase a la edad adulta Dios lo manifestaría para restaurarlo todo. Pero somos conducidos, en cambio, al encuentro de un niño, como a secreta fuente: “Si ustedes no se hacen como niños no entrarán en el Reino de los Cielos” (Mateo 18,3).

El hacerse como un niño forma parte ya de la tradición clásica, incluso con un término característico: “repuerascere”. Cicerón en el De Oratore habla de dos hombres importantes de Roma, que al salir libres de la cárcel, “se volvieron increíblemente niños” (incredibiliter repuerascere esse solitos), dándose a los juego de lo más pueriles. Probablemente hay en esta observación algo más que mero comportamiento infantil, porque también los pájaros, cuando terminan de armar su nido, se recrean “revoloteando libres ya de cuidados y ocupaciones”. Estos datos los aporta Denis Kambouchner, especialista en Filosofía de la Educación de la Sorbona, al abordar la educación en Erasmo en un coloquio en 2009, con el título “Retrouver en soi l’enfant (repuerescere)”. Según el antiguo proverbio – dice Erasmo – que lo “semejante ama a lo semejante”, el educador, para ser amado por el niño, debe volverse a su manera niño: “praeceptor quodammodo repuerescat oportet, ut ametur a Puero”. El adulto debe volver a encontrar en sí mismo al niño que fue una vez. No sólo recordar, sino revivir aquella etapa de la infancia que se caracteriza por el juego y el placer del contacto con las cosas. De esta manera el educador podrá entablar relaciones lúdicas con el niño, y lograr que a modo de juego adquiera el gusto por aprender.

Se podría pensar que esto es mera estrategia de enseñanza. Es, por el contrario, constatar que hay una íntima consonancia del conocimiento y la cultura con el espíritu infantil, en cuanto a capacidad de maravillarse y de sencillez. La cultura, según Erasmo, no se define por la mera erudición sino por el espíritu humanista y … cristiano. Indicio de esto es el dato de que la palabra “repuerescere” (repuerascere en latín clásico) aparece en los Padres de la Iglesia Así, por ejemplo, Tertuliano la emplea a propósito de la carta de san Pablo los corintios, 14,20: “El Apóstol nos invita a volvernos niños (repuerascere) según Dios, desechando la malicia y recuperando la simplicidad de los niños”.

San Agustín, por su parte, la retoma como expresión de su experiencia de conversión, cuando habla de “repuerescat Deo” = volverse niño para Dios. (De quantite animae, 55). Un poco quizás como Unamuno: “Agranda la puerta, Padre,- porque no puedo pasar; la hiciste para los niños, – yo he crecido a mi pesar…” (Cancionero. Diario poético).

Pero más allá de ello “es indudable que para Jesús el estado de la primera infancia – afirma Urs vonBalthasar – no es algo éticamente indiferente y sin importancia; al contrario, los modos de ser del niño, ya pasados y sepultados en el olvido para los adultos, señalan una zona imaginaria en la que todo discurre hacia lo recto, lo verdadero y lo bueno, un refugio cálido y seguro que no puede devaluarse como ‘pre-ético’ o ‘inconsciente’, sino que muestra más bien una esfera del estado de santidad originaria …Jesús sabe también, por supuesto, una vez más, que este salir del cobijo y la seguridad originales es la senda inevitable de todo ser humano. Pero el ideal que propone es proteger, poner a salvo, los bienes santos ‘supra-éticos’ del origen en y para la época de la edad adulta. Pablo expresa correctamente la exigencia de Jesús cuando dice: ‘Hermanos, no seáis niños en juicio. Sed niños en malicia, pero hombres maduros en juicio’,1Cor 14,20”. (Si no os hacéis como niños, Barcelona 1989).

Así lo expresó el poeta alemán Novalis poco antes de su muerte: “Lo genuinamente infantil es lo mejor”.


(*) El Presbítero es, actualmente, rector del Instituto de Profesorado "Concordia". Más información en: www.ipconcordia.com.ar

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