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Viajes al encuentro del hijo

Acabo de ver una película de Carlos Sorín, “Días de pesca”, drama de 77 minutos de duración, estreno 2012. Trata de Marco, un viajante de 52 años (Alejandro Awada), alcohólico, que después de un tratamiento decide cambiar de vida. Empieza un viaje a Puerto Deseado para la temporada de la pesca del tiburón, pero, al parecer, más que la pesca le movía encontrar a su hija Ana (Victoria Almeida), con quien había perdido contacto hacía ya años. Su desilusión fue grande al no encontrarla, sin que nadie pudiese darle información. Pero más grande aún fue su desilusión cuando, al encontrarla, el desplante de su hija lo destroza y le hace perder hasta el sentido de la pesca…. Y de la vida. Pero algo inesperado sucede por lo que percibe que, a pesar de todo, su hija lo tiene en cuenta, y así (interpreto yo) descubre su identidad de padre y con ello también el sentido de la pesca.

Y así vuelvo al tema del día del padre, que en la contribución anterior ilustré con dos películas chinas y una iraní. Esta vez lo hago con una argentina.
Hablando una vez con un muchacho de pocos años de casado, con tres hijos, me exponía lo duro de su trabajo. Y al final terminó confesando “pero todo uno lo hace por ellos”, señalando a los chicos de jugaban en el patio. No era un mero trabajador, era alguien cuyo sentido de vida era vivir en función de sus hijos.

Es verdaderamente el hijo el que hace que alguien sea padre, una perogrullada, lamentablemente ignorada muchas veces, si se mira en profundidad. Es ciertamente el padre que le da gratuitamente al hijo su existencia, pero es también el hijo quien le brinda al padre la posibilidad de reconocerse en su identidad como tal. Ya no es un hombre a secas, es un hombre convertido en padre. El hijo le devuelve la gracia recibida. Un reconocimiento mutuo. Ambos se acogen, uno al otro, para elevarse, por la palabra, por la gratitud, por el amor, hacia su fuente misteriosa.

El tema es, significativamente, recurrente en el cine, como se ve, por ejemplo, en la película china de Zhang Yimou, “La búsqueda” (Riding Alone for Thousands of Miles) de 2005, coproducción chino-japonesa: un pescador japonés distanciado de su hijo Ken-ichi, y enterado de una enfermedad terminal de éste, decide hacer un largo viaje al interior de China para cumplir con un deseo de su hijo y poder así reconciliarse con él. El viaje lo lleva al final a experimentar el verdadero sentimiento de padre.

La de Carlos Sorin, debo confesar, es una película encantadora por su naturalidad y con un final esperanzador.

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