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Insistiré hasta ver una lágrima de amor en tu corazón

En los tiempos del hombre descartable, del que sufre exclusión, insistiere, insistiré, insistiré, hasta ver una lágrima de amor en tu corazón.
Del Blog de Ana Vilaanabeata33@hotmail.com 

No dejo de percibir, aunque vivimos en democracia, que algunos insisten en influenciarnos que estos son tiempos desgraciados del temor, terror inconcientes, donde la pulsión de muerte es la protagonista, donde los mecanismos siguen siendo la negación y el desplazamiento de muchos, haciendo lo posible con estas actitudes, de que "no nos demos cuenta", aparentando "la normalidad", la "naturalización".
Pero resulta que elegimos vivir en pluralidad; esto es democracia, y no queremos callar. A nivel macro: cacerolazo, firmas contra la guerra, e-mails, solicitud de libro de sugerencias más conocido como libro de "quejas" en el marco micro en que vivimos...
Cuando hablo de insistir, me refiero a esto. A expresarnos dentro del marco de la ley y los derechos que nos asisten, siendo concientes de que todo derecho implica una obligación a ser cumplida.
Pero esto no es ni posición épica ni se trata de agitar a las personas.
Pues mirar de frente lo que sentimos que es "imposible" de modificar es totalmente diferente de negarlo.
El discurso neoliberal, capitalista, es el discurso de "el tiempo", pura actualidad, eterno presente sin futuro ni historia. Este es el tiempo del odio y del terror. El tiempo del rechazo, del amor utilitario.
Al centrarnos en el No Amor, en esa persona descartable, desechable, excluida, nada existe como deseo, como esa zanahoria que esta delante nuestro, y nos provoca seguirla, hasta alcanzarla, mas allá de que después decidamos no comerla, disfrutando de ese instante sublime de haber cumplido con nuestro deseo... Tal vez el relato tenga tintes complicados, pero en realidad te provoco a relacionar "deseo con zanahoria".
Después contame los resultados que obtuviste. Y no estoy hablando de un mejor bronceado gracias a los carotenos que la constituyen.
Aunque te parezca muy culturoso, necesito que me acompañes a responder las siguientes preguntas, desde alguien que "dice solo haber leído a Freud". Me refiero a Lacan.
¿Estamos equivocados al plantear al humano como ser del lenguaje, efecto del lenguaje que lo preexiste, lenguaje donde se inscribe como ser viviente?
¿A caso el humano, sólo conoce el lenguaje como instrumento y herramienta?
¿Sólo adquiere el lenguaje en tanto le permite el dominio sobre el otro?
Sin embargo, comprobamos a diario, que también hay en el hombre arte y sublimación, caridad y cuidado.
El hombre puede darse, sacrificarse por causas e ideales, puede hacerlo por otras personas. ¿Cómo se incluye esto dentro de su capacidad animal?
Otras especies también lo hacen. Excepto el arte.
Y así entrevemos una salida: lo que el arte nos enseña, para dejar de mirarnos el ombligo, volver a nuestra posición erecta y encontrarnos en el otro, y dejarnos afectar.
Ante todo, hacer con el vacío que nos habita, otra cosa que el relleno de la crueldad.
Reconocemos, desde Auschwitz, que el arte no basta para comprender el designio humano de destrucción. Pero escuchemos a los poetas:
"Que ya no sueño. Pues los míos no son sueños, son sólo explicaciones pedantes y laboriosas, réplicas sosas y ociosas de mis pocas acciones. Y los sonidos amplios y lejanos no abren la mañana, diversidad del afuera, son tan sólo el espanto del día y de los ruidos." Esto es lo que dice Patricia Cavalli (Antología de la poesía italiana contemporánea, ed. Tusquets).
El inconsciente, es los efectos que ejerce la palabra sobre el sujeto, para nosotros los humanos comunes y corrientes, la persona; es la dimensión donde el sujeto se determina en el desarrollo de los efectos de la palabra.
Así lo señaló Jacques Lacan en su Seminario 11. Pero escuchemos.
"Un torrente se precipita en mí, de antiguos hombres y mujeres cuya sangre ha venido a ser la mía. Ha empujado hasta aquí sus oleadas. Distingo tan sólo las últimas: mis padres, una abuela hermosísima y ardiente. Más atrás, no puedo remontarme, pero el estruendo de innumerables vidas ignoradas me atraviesa confuso: oigo las risas y el llanto, voces imperiosas o suplicantes en luchas y abandonos. Yo he nacido de todo eso y lo guardo en mí, aumentado por mi tímido arranque en el tramo que me fue otorgado..."
Por todo esto es que afirmo que "el nombre del sujeto de la contemporaneidad es el terror".
Terror a quedar fuera del sistema económico, quedar sin trabajo, marginado, aislado más que solo (la mayoría de las personas ya están solas). Terror a confiar (lo que lleva exactamente a medir lo que se recibe y lo que se da).
Y en medio de esto, que es del orden de lo real, se alzan y se escuchan las innumerables "pequeñas voces", para no quedar sometidos al sujeto del terror, para enfrentar con lucidez lo que parece inevitable.
Transformar el dilema, ese muro infranqueable que nos paraliza, y acercarnos al problema, experimentando diferentes soluciones, incluyendo el error como aprendizaje.
La cultura no está enferma; nosotros los humanos la enfermamos, por eso considero que el discurso analítico, en su alianza con el poema, la metáfora, no debe cejar en abordar este terror que nos ciega y paraliza.
¿Recuerdan que en la nota del sábado anterior hablaba de vivir la vida, en actitud de lo que desearía sea un nuevo paradigma: el arte-aventura?
Sí. Es tan sencillo como animarnos a vivir, asumiendo riesgos, no locuras. Estamos hablando de honrar la vida, que implica no solo estar cerca de nuestros seres queridos, sino establecer ese mismo dialogo con el sufriente, buscando los mecanismos de ayuda concretos, por que cuando ayudamos a un otro, nos estamos ayudando a nosotros mismos.
Recordemos que cada vez que extendemos nuestros brazos, aprendizajes, pero sobre todo abrimos nuestro corazón a un otro, que reconocemos tan necesitado como nosotros, "estamos siendo", vamos construyendo "ese ser gerundio", que nos hace mejores personas, por que nuestra vida cobra un sentido trascendente.
Esperando tus críticas y sugerencias, me despido hasta la próxima.

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