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Sion

Salir de Argentina con algo así como 30 ° C y llegar a Suiza en pleno diciembre con unos 6° C de temperatura fue uno de los primeros cambios.

Pero llegar un 3 de diciembre y tener organizadas todas las actividades a realizar en los días libres de todo el mes, eso sí que es un gran cambio! y, por supuesto, una (grata) sorpresa!

Conocer Sion, ciudad ubicada en el centro del Cantón de Valais, y a la cual Maira y Sara viajan todos los días para hacer trasbordo e ir a trabajar, fue una de ellas.
Sion, considerada como la ciudad más soleada de toda Suiza, tiene alrededor de 30 mil habitantes.
Es una de las ciudades más antiguas de la confederación: ya lleva contados unos 7 mil años de historia. Cuida su pasado y convive muy bien con el presente.
Cuenta con un casco antiguo, (bellísimo!!!), donde los edificios están construidos alrededor de estrechas callecitas, y con una parte moderna, que se mezcla muy bien con ese sector de la ciudad.
Maira y Sara recorrieron la ciudad con la boca abierta… es que es imposible no maravillarse con sus edificios, sus calles llenas de subidas y bajadas, sus rincones llenos de historia.
Este lugar, por ejemplo, se llama "Tour des Sorcières" o "Torre de las brujas".
Sion se halla en una de las zonas vinícolas más importantes de Suiza. Existen alrededor de 270 tipos de uvas cultivadas sólo en el Valais.
Uno de los vinos más conocidos de la región es el Fendant, un vino blanco.
Para el riego de los viñedos y los campos en el valle soleado y seco, hace muchísimos años debieron cavar canales en los flancos de las montañas. Las excursiones a lo largo de estos "bisses" en los viñedos cercanos son un atractivo especial en el Valais, ideal para hacer caminatas.
Todos los rincones de la ciudad se ven bellísimos con los adornos para estas fiestas.
Desde lejos se puede distinguir a Sion por las torres correspondientes al castillo de Tourbillon y a Basílica de Valère, también llamada Castillo de Valère.
Maira y Sara también realizaron una visita a cada uno de los castillos. Cámaras de fotos, mate, galletitas y un día precioso. No faltaba nada más.
Bueno, acá, con un poco más de la mitad del camino hecho, Sara se acordó que debería haber hecho más ejercicio...
Cuando llegaron al Castillo de Tourbillon, había un cartel que avisaba que el castillo estaba cerrado (como se darán cuenta, esta salida fue organizada por ellas).
Pero tener esa vista, hace que te olvides que a esta altura del partido contás con un pulmón menos... Y si encima, a tantos metros de altura encontrás a un suizo que tiene ganas de charlar y te convida chocolate, listo. Cartón lleno.
Las chicas no tenían muchas ganas de bajar. La vista es genial.
Esa fue la última vez que Sara vio a la bombilla de su mate.
Tuvo la “genial” idea de guardarlo en un bolsillo exterior de la mochila (de esos bolsillos que son para poner una botellita de agua). Y luego pasearse entre un mundo de gente en el “Marché de Noël” (una feria en el centro de la ciudad donde hay muchos stands de artesanías, comidas, ropas, etc.).
Hubo duelo, algo así como por una semana… Pero tuvo un final feliz: Julie, una señora que viajó varias veces a Argentina les acercó a su casa dos mates con sus correspondientes bombillas. No es genial que una suiza tenga mates y la gentileza de prestartelos?
PD: Si alguien no recibió el regalo de Papá Noel, es porque él estaba en serios problemas:

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