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Abrazo del alma

Más de 40 millones de almas estamos felices, emocionadas, extasiadas. La aparición con vida del nieto N° 114, Guido Carlotto, resuelve un enigma que Estela llevaba consigo desde hacía 30 y pico de años, cuando decidió buscarlo a sol y sombra.

Siempre manifestó su voluntad de hallazgo sin descuidar a las otras abuelas que también iban tras el rastro de su pedacito de historia, de esa generación que deambulaba en el limbo de no saber quiénes eran y otros que aún no saben quiénes son.

Ignacio Hurban vivió una realidad que le duró 36 años, no más. Es que tampoco daba para tanto, porque esa fuerza que Estela imprimía a cientos de kilómetros de Olavarría era más fuerte que la mentira y el tiempo.

Emociona ver, una y otra vez, su rostro conmovido y las palabras que florecen de su boca como una primavera repleta de luz. Estela se reencontró con Laura a través de Guido. Fue un martes de invierno que recordaremos por siempre.

Si alguien merecía un final feliz, esa era ella. Por su lucha sin cuartel que mantuvo el mismo eje desde principio a fin: recuperar a esos nietos apropiados en manos del odio. Además, lejos de significar un punto final, este hito marca una huella para tomar impulso aún más alto y dejar en claro que la vida nos devuelve aquello que le damos. Estela le puso fe, tiempo, esperanza, compromiso y su cuerpo; y la vida la recompensó con Guido.

Entonces Ignacio deja de ser Ignacio y para volver a llamarse como lo bautizó su madre, en homenaje a su abuelo. Eso sí, será aquel mismo músico que hace unos meses atrás -exactamente un 24 de marzo- aportó a la causa de Abuelas de Plaza de Mayo su arte hecha canción. Allí decía que "el ejercicio de no olvidar nos dará la posibilidad de no repetir”, como un guiño hacia esa abuela que estaba tan cerca del encuentro añorado.

La lucha continúa, no cesa, pero ya con otros matices, otro aroma, otro sentir. Guido es el punto de inflexión que esta causa necesitaba para volar más alto y trascender, una vez más, hacia esos corazones que no se cansan de buscar.

Estela y Guido se darán uno, dos, tres, cientos de abrazos en homenaje a Laura; en sí, en homenaje a esa historia que de tanta angustia pasó a tener un final feliz.

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