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Barajar y dar de nuevo

Si algo demostraron estas elecciones generales y su balotaje es que nadie en política tiene la vaca atada; ni Cristina en la Nación ni Urribarri en el marco provincial. Ni siquiera Mauricio Macri, quien a priori es el gran vencedor de la contienda electoral.

Es que el Presidente electo asumirá su mandato habiendo ganado por tan solo dos puntos porcentuales por sobre su oponente, Daniel Scioli, y a ello se suma que -por lo menos durante los primeros años de gestión- tendrá un Congreso en donde su fuerza política no será mayoría.

Así las cosas, comenzará bajo el respaldo de la mayoría de los argentinos, bajo la intensa critica de la otra porción y un contexto internacional que pide definiciones. Entonces, la única salida factible que se vislumbra en el horizonte es la de poner en práctica aquello con lo que cinceló su campaña: el diálogo y la búsqueda del consenso.

Dicho esto, con un Banco Central prácticamente sin reservas y una economía doméstica en conflicto con el bolsillo del trabajador, Macri quedará sujeto a labrar un conjunto de políticas que le permitan comenzar a planificar una salida del estancamiento financiero en que se encuentra el país, sin herir de gravedad a aquellas conquistas a las que accedió el grueso de la población.

Por eso, nadie con dos dedos de frente (ni siquiera el kirchnerista más vehemente) puede pensar que el líder del Pro será lo semejantemente ingenuo para validar la campaña que se ejecutó en su contra. Ante la oportunidad histórica de sentar las bases de una nueva era política hecha a su medida, es inconcebible pensar que será capaz de pasar la escoba por aquellas políticas aprobadas por la mayoría de los argentinos. No sería coherente ni con su discurso de campaña ni con sus promesas harto repetidas, aunque la historia nos ha demostrado en reiteradas oportunidades que lo que se dice casi nunca se concreta.

En la provincia, por caso, Gustavo Bordet asumirá con una Casa Gris tomada por un grosero endeudamiento de las cuentas públicas y vencimientos impagos con diferentes instituciones; ello se refleja en obras paralizadas y un cronograma de pago de salarios que pone en duda su normal continuidad. Los números que deja Sergio Urribarri asustan y preocupan, teniendo en cuenta que desde su primer día de gestión el mandatario saliente gastó más de lo que recibió, sobre todo cuando se trató de su personalista sueño entrerriano.

Para peor, todo indica que los entrerrianos deberemos seguir costeando un impuestazo que en su momento (a fines de 2013) fue inflado por los comunicologos del poder, un staff de operadores de prensa que nos intentaron meter el perro de que con aquella reforma tributaria se iba por la cabeza de los poderosos en beneficio de los trabajadores, bajo el contexto de una hipócrita "redistribución de la riqueza a la entrerriana". Fue una treta de patas muy cortas, que con el correr de unos pocos meses se desmanteló y dejó expuesto el verdadero objetivo fiscal: generar mayor presión sobre el trabajador.

Ahora bien, casi todos en el mundillo político coinciden en algo: Gustavo Bordet traerá aire fresco a una administración pública signada por el personalismo extremo. Se conoce del concordiense su mesura y perfil dialoguista, singularmente marcado por una etapa que deberá afrontar con paciencia y el matafuegos en mano. Será vital para lograr amortiguar los conflictos que se avecinan utilizar al máximo la cintura política a la hora de buscar consensos que le permitan cumplir con las obligaciones elementales, ante un mapa territorial con buena cosecha para Cambiemos. Luego habrá tiempo de ir por más y delinear su estilo puntual de gestión; pero primero lo primero.

Por su parte, el peronismo será sin dudas la cuna de todas las rencillas internas y los pases de factura que han quedado en stand by por las elecciones. En el camino han quedado sobrados dirigentes heridos por la metodología del gobernador, que optó por elegir a los candidatos en base a su gusto, echando por tierra la promesa de habilitar internas partidarias. Por eso se habla de que llegó la hora de barajar y dar de nuevo, no sin antes poner sobre la mesa aquello que cada cual crea conveniente manifestar y exponer.
En si, el 10 de diciembre comenzará una nueva etapa en la provincia y el país. Nacerán nuevos liderazgos, vendrán otros dirigentes y un complejo contexto que desde el vamos pide a gritos un cambio en la forma de hacer política y gestionar de cara a la gente.

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