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Como el Ave Fénix

Por estas horas el radicalismo transita por un proceso no menor. Si bien las elecciones provinciales -y nacionales también- lo encuentran en un segundo plano, cediendo el 100 por ciento del protagonismo al Pro; en lo subterráneo, el partido Centenario manifiesta una etapa de reorganización que lo puede posicionar muy bien si el proyecto se tiñe de paciencia y sapiencia.

Desde 2003, con el fin del gobierno de Sergio Montiel, los 'boinas blancas' no han podido sacar la cabeza del agua. Cada elección desde ese recambio hasta la fecha ha significado un cimbronazo a las estructuras del espacio que, sin un recambio generacional ni estratégico visible, fue prolongando una siesta muy peligrosa para su supervivencia.

Se sabe, el bipartidismo en la Argentina ha muerto hace bastante. El mismo peronismo lo asumió como tal y a lo largo de los años ha ido ramificándose en diversas expresiones que fueron instalándose socialmente. Tal es así que se ha dado el lujo de divergir en diversas expresiones electorales, capitalizando el voto de diferentes sectores.

Repasando cada una de las elecciones legislativas y a cargos ejecutivos, en sus diversas variantes el peronismo entrerriano a logrado capitalizar a la mayoría de los votantes. Tanto en 2005, unido bajo el purrete Frente para la Victoria; como en 2007 y 2011, dividido en por lo menos dos expresiones.

Lógico, para la UCR el conflicto con el campo suscitado en 2008 fue una oportunidad única para resurgir de las cenizas. Sin mucho para ofrecer, se instaló tibiamente al frente del reclamo, lo cual no alcanzó para trasladarlo en un fortalecimiento de su espacio. Sin embargo, logró vencer al justicialismo que se encontraba dividido, ungido estratégicamente mediante la "unidad en la diversidad". Al final, se impusieron 35,01 contra un 34,36% del Frente Justicialista Entrerriano (Tan solo 4.287 votos de diferencia).

Estaba claro que en ese momento el partido Centenario tenía la oportunidad -pero más aún la responsabilidad- de capitalizar el voto bronca otorgado por la ciudadanía en un proyecto que significase un cambio a su planteo político, mas sensible y en sintonía con las necesidades de la población. Lejos de eso, diferencias internas, disputas estériles y jerárquicas y un contexto político nacional que no ayudó, empeoraron su situación.

Los legisladores nacionales electos (Atilio Benedetti, Hilma Re y Jorge Chemes) pasaron totalmente desapercibidos, perdidos entre las cientos de bancas del Congreso. En los dos años previos a las elecciones de 2011 no pudieron instalarse como una opción ganadora, opacados siempre por el peronismo que transitaba una pelea mucho mas atractiva para la sociedad: Urribarri vs. Busti. Así, otra vez el oficialismo arrasaría en las urnas, catapultado por una Cristina Kirchner imparable y un Frente Entrerriano Federal que capitalizó un buen caudal de votos. Más allá de que la UCR (en alianza con el GEN y el Socialismo) alcanzó el segundo lugar, el sabor fue a poco y debió conformarse con unas cuantas bancas en Diputados y ninguna en el Senado.

¿Luz en el horizonte?
Los años se suscitaron unos a otros y la política argentina fue transitando periodos de cambio notables. En el lapso hasta el 2015, el Pro de Mauricio Macri fue instalándose como una opción a los 12 años de kirchnerismo, junto con un Sergio Massa que abrazó la victoria en las legislativas de 2013, pero que aún sigue pagando el costo de no poder sostener lo logrado. Enfrente, Daniel Scioli fue finalmente elegido como el candidato de la continuidad kirchnerista, al igual que Gustavo Bordet en el plano provincial.

Con plena intensionalidad o por esas cosas del destino, en silencio y cediéndole el protagonismo al Pro, el radicalismo hoy se ubica ante una nueva posibilidad. Ante la falta de estructura dirigencial real por parte del macrismo en la provincia, la UCR ha logrado colar en el armado electoral candidatos a intendentes, concejales y legisladores muy bien posicionados.

De hecho, sin contar al candidato a vicegobernador, Lucio Godoy, un dato no menor es que el Senado ya no sería monocolor. En las PASO, el frente Cambiemos se impuso en cinco departamentos, siendo que en por lo menos tres de ellos los candidatos están ligados al radicalismo (Rogelio Schild en Diamante, Miguel Piana en Federación y Raymundo Kisser en Paraná). En la categoría Diputados, el candidato en primer término es Fuad Sosa, conocido dirigente radical y actual legislador. Además, entre los radicales que integran los primeros lugares se ubican Sergio Kneeteman (tercer lugar), Gabriela Lena, Alberto Rotman, José Artusi, Ricardo Troncoso y María Viola (Quinto al noveno, respectivamente). La inclusión de correligionarios en la lista continúa, pero lo importante es marcar que de ganar o perder, recuperarían automáticamente lugares neurálgicos, sin asumir directamente el costo de la campaña proselitista.

Entonces, mirando el futuro inmediato en perspectiva, las elecciones de octubre le abrirán una generosa puerta a un partido que hasta el momento no había podido hacer pie. El 2013 fue sin dudas el tocar fondo, debiendo tragarse un tercer lugar que lo alejó definitivamente de toda posibilidad de asumir un rol protagónico por sus propios medios. En el camino, el crónico candidato a gobernador, Atilio Benedetti, debió negociar su renuncia a la precandidatura para dar lugar a un acuerdo mejor y beneficioso para el espacio, aunque en el proceso deban asumir ser la sombra de un Pro que hasta hace poco no alcanzaba el 5% de los votos.

De algo no quedan dudas: Estas elecciones serán un claro resurgir para la Unión Cívica Radical. Las cartas ya están echadas sobre la mesa y en unas semanas sabremos quién gobernará los próximos cuatro años. Veremos, por caso, si el destino los ubica nuevamente al frente de un gobierno, como en 1999.

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