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Corriendo detrás de la zanahoria

Un tanto estrechos de planes e ideas concretas, en Entre Ríos la campaña de cara a las Generales transcurre sin mucho para rescatar.

Como moneda corriente, los diversos candidatos a gobernador recorren la provincia, siempre bajo la misma modalidad de acción: Se visita un barrio o institución, se sueltan dos o tres frases genéricas y se plasma la jornada con una foto que ilustre buena onda y exitismo.

Mientras, sobre los planes concretos en áreas neurálgicas del Estado -sea salud o educación, por ejemplo- aún no se ha dicho mucho; es más, me animo a decir que casi nada.

Por su parte, si de números concretos se trata, el FpV posee una tarea directa en el camino hacia octubre y es la de levantar la performance de una discreta presentación en agosto. Si tenemos en cuenta el objetivo propuesto por Urribarri de alcanzar el 54 por ciento, Bordet hoy debería sumar alrededor de 20 puntos más. Mucho.

Es que básicamente la campaña oficialista basó su impronta en la figura del gobernador saliente. Él se puso el saco de protagonista absoluto, encarnando roles directos en el proceso de armado estratégico y constituyéndose como el gran elector. El antecedente de 2011, cuando consiguió una muy buena victoria, le permitía constituir una cierta expectativa, aunque en la recta final tomó una serie de decisiones que generó rispideces en su estructura dirigencial interna.

En definitiva, agosto manifestó una realidad que pocos pensaban: 174.225 entrerrianos votaron en blanco en la categoría a gobernador, sumado a que en la mayoría de los departamentos el oficialismo perdió la contienda a manos del frente Cambiemos, con De Angeli a la cabeza.

Con los números en la mano, Urribarri sabe que tiene muy cerca al senador ruralista que, sin emitir palabra, se lleva hasta aquí el segundo lugar y con aspiración a acortar la brecha en el corto plazo. Tercera viene la fórmula de Massa en la provincia, la cual jugará un rol fundamental para inclinar la balanza hacia un lado o el otro. Por ahora, se pone en juego intentar sumar algunos porotos más, los suficientes para lograr un mejor número de representantes en la Cámara de Diputados de la provincia.

Con octubre tan cerca, claro está que en una sociedad a la que le importa más quien será el Presidente que el futuro intendente, no son pocos quienes piden migrar la estrategia hacia la nacionalización de la elección. Ya no girar la campaña en torno a Urribarri, sino a Scioli. Lo mismo que viene realizando Cambiemos y el massimo, en torno a Macri y Massa.

En el centro de la escena estará lógicamente el voto en blanco, con una exponencial suma de sufragios a los cuales todos quieren salir a capitalizar.

Se sabe que el sistema de votación vigente, totalmente obsoleto y herido de muerte, será quien legitime la elección de octubre. Para evitar casos como el de Tucumán, la oposición ya presentó herramientas para poder mantener un escrutinio sin fisuras, o por lo menos ayudar a que no ocurra nada fuera de la legalidad.

Será responsabilidad de una próxima etapa que se avizora, la de confeccionar un marco que brinde a los argentinos un sistema de elección digno y ajustado al siglo XXI. Por ahora, octubre pinta conflictivo, disputado y con millones de ojos puestos en la decisión final.

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