Blogs Ver todos los posts

Fruta podrida

Soy de Concordia y quizás uno de los recuerdos más vívidos de mi niñez se reflejen mediante tres componentes: los amigos del barrio, el fútbol y las mandarinas.

Todo recuerdo de esa etapa de mi vida me remonta a un momento en particular. En las tardes de calor y luego del picado en las canchitas de la Costanera, con los gurises nos íbamos caminando hasta el almacén que aún queda a la vuelta de mi casa. Con tan solo 25 centavos comprábamos un kilo de mandarinas y las comíamos al paso, sentados en el cordón de la vereda y repasando el resultado futbolero.

Eran postales de felicidad genuina, pura, inocente. Ahí no había PlayStation, ni computadoras. El aburrimiento se resolvía a modo de juegos en la vereda, fútbol y hasta guerra de uvas, en el patio de mi hogar.

Admito que desde que tengo uso de razón me crié con un cliché. Cada vez que iba a otra ciudad y me preguntaban de donde era, yo respondía así: “Soy de Concordia, Capital Nacional del Citrus”.

Muchos se reirán, de hecho yo lo hago en este momento. Suena absurdo contestar de esa forma, como un promotor turístico, pero a veces aún me sale decirlo. No me pregunten el porqué, pero estoy casi seguro que es porque de esa forma sentía que le daba una mayor entidad a mi pueblo. Un distintivo que me generaba orgullo recalcar, ya que desde la escuela nos enseñaban la importancia de los cítricos en la cadena productiva de la región.

Otra recuerdo que cada tanto se me viene como un flash a la memoria también está ligado a la fruta y el fútbol. Tenía unos nueve años y mi Papás me llevaron a la Fiesta Nacional de la Citricultura. Para los concordienses, esa era una noche popular y muy importante, debido a que el pueblo se juntaba a festejar y valorar la labor del trabajador de la fruta. De yapa, cumplí el sueño de sacarme una foto con mi ídolo de la niñez, el “Mono” Navarro Montoya.

Hoy, en cambio, veo las noticias y duele ver lo que sucede con la empresa emblema del rubro, la Citrícola Ayuí.

El panorama es oscuro, muy triste: 1.400 familias alojadas en la ruta, velando por su fuente laboral y con un pie más afuera que adentro, mientras 200 mil kilos de fruta fueron sacrificados, sólo porque las cosas no se hicieron como deberían haberse hecho.

“El auxilio oficial jamás llegó. Lo de la ayuda del gobierno es todo mentira, es para la tribuna. Al productor no le llegó nada”, leo que declara a un medio periodístico el citricultor Ricardo Rigoni, quien tuvo que tirar a la basura el trabajo de un año.

Duele porque en el medio se ejecutó una grotesca movida política y de prensa, que incluyó un publicitado salvataje del gobierno mediante una ley aprobada por la Legislatura entrerriana, la cual otorgaba un préstamo de 20 millones de pesos; y una compra-venta entre De Narvaez (dueño de la empresa) y un capital chino denominado En Premieur SA, quien se iba a hacer cargo de inyectar 70 millones de pesos para reactivar el capital de trabajo y así exportar cítricos dulces a China y otros países del mundo, en conjunto con el procesamiento de arándanos disecados y jugos cítricos.

Según el sitio El Entre Ríos, ahora la Citrícola se presentaría a concurso de acreedores, luego de que cheques por más de 30 millones fueran rechazados, según registros del Banco Central. Mientras, se conoció que el empresario De Narváez adquirió un campo en la zona del Lago Nahuel Huapi, lo cual generó mayor indignación entre las familias que viven de la cosecha.

Recorro mentalmente las cientos de veces que me paseé en las quintas concordienses entre los árboles de naranjas y mandarinas y pienso que me gustaría estar ahí. Lo imagino pero también lo sufro al tomar dimensión de la situación.

52 son los años de trayectoria que posee la Ayuí exportando cítricos de excelencia. Hoy, a la vera del camino, donde yace la fruta, cientos de familias esperan una solución, por no decir un milagro. ¿Quién pagará el costo?

¡Comentá esta nota!

Para escribir un comentario, antes deberás seleccionar una identidad.

[X]

* 600 caracteres disponibles

Comentarios

El comentario no será publicado ya que no encuadra dentro de las normas de participación de publicación preestablecidas.