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Mirar para otro lado, un deporte nacional

“No sé lo que pasó en Tucumán, estaba durmiendo”, argumentó al pasar el Jefe de Gabinete nacional, Aníbal Fernández, sacudiéndose el problema de la solapa de su saco.

Por su parte, el periodista Víctor Hugo Morales, bien suelto de lengua y vientre, dijo: “La represión policial de ayer fue fruto de una estrategia montada por varios medios de comunicación opositores”. Y un dirigente opositor, en cambio, aseveró: “La represión y el fraude son herramientas de un kirchnerismo sin escrúpulos”. Mirar para otro lado, tirarle la pelota al adversario, parece desde hace tiempo ser la táctica a seguir.

De hecho, todo indicaría que se opina como si al país lo han copado un montón de extraterrestres que quieren lo peor para la sociedad: su destrucción. Del otro lado -depende de quien acuse el relato- está el país unido por al amor o el hastío, aunque ya da igual.

¿Pero alguien se puso a pensar en la cuestión subyacente? Digo, más allá de mantenernos ocupados acusando al otro, ¿alguien se pregunta qué carajo nos está pasando como sociedad política activa? Desde el vamos, al retrogrado sistema de elección ya le llegó la hora. No se entiende como en pleno siglo XXI sigamos depositando un papelito en una cajita y dependiendo cómo viene la mano, denunciar de fraude al otro. Acusados todos, vivimos una guerra sin fronteras virtuales ni materiales, donde en el medio del bombardeo quedan las instituciones democráticas y la voluntad cívica.

En el medio quedan, como anoche, ciudadanos -que carajo importa si eran militantes de un partido político- bien cagados a palos por el poder institucionalizado en la policía, que no escatimó golpes según edad o género.

Mirar para otro lado aplicado por Fernández, Morales o la mismísima dirigencia opositora es parte del todo. No es fácil la cosa, se necesita generar conciencia y cultivar la madurez política y social para entender de una vez por todas que algo realmente malo nos está pasando, siempre a la vista de lo sucedido en los últimos días con Tucumán, sus urnas quemadas y la represión expuesta en vivo y en directo.

Pero bueno, en cambio acá estamos participando de una gran orgía todos contra todos, pensando que de tanto revolear piñas y patadas, a alguno nos vamos a llevar puesto.

Reprimir, reprender, oprimir, doblegar, hostigar, intimidar; todos sinónimos de una cruda realidad argentina que nos demostró, una vez más, que nos falta mucho, muchísimo, para aprender a convivir y respetarnos, sea cual sea nuestra decisión en el cuarto oscuro y en la vida.

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