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Urna rota

¿Hasta qué punto conviene mantener el actual sistema de votación? Nada más ni nada menos que una semana tardó el Estado en dar a conocer los datos oficiales de las elecciones PASO en Entre Ríos.

Una semana en la cual se tejieron innumerables presuposiciones que incluyeron la no conveniencia del oficialismo ante un panorama electoral adverso. De hecho, los resultados confirmaron que no fue la elección esperada para el gobierno, aunque no significa que la explicación sea esa.

En el medio quedaron los ciudadanos, que en relación a agosto de 2011 fueron en un aproximado 12 por ciento menos a votar; esto es, un 71 % contra el 83 de hace cuatro años atrás. Mucho.

El mensaje es claro. Esta actitud ciudadana, sumado a la interminable cola que reinó en cada escuela y la falta de herramientas que poseían fiscales y presidentes de mesa para convalidar un acto eleccionario patético y servil, nos hace pensar a todos que el sistema se encuentra definitivamente obsoleto.

¿De qué vale legitimar un procedimiento eleccionario de este tipo, que atenta contra el derecho y responsabilidad cívica? ¿A quién le conviene realmente que persista tal cual está? Creo que a muy pocos y descontando.

Entonces, si la gente fue en menor proporción a votar; si al oficialismo no le garantizó una victoria rotulante que le sirva de excusa; si en el medio quedó más gente embroncada que conforme; si debimos esperar una semana para poder conocer datos de un escrutinio engorroso, difícil y sospechado de irregularidades, ¿qué esperan aquellos que detentan el poder para dar un golpe de timón y constituir un sistema que conforme a la gran mayoría ciudadana, garantizando así un acto eleccionario eficiente?

Se afinan los lápices y los candidatos encaminados en la recta final comienzan a hacer números más finos, concretos. Al fin de cuentas, aún queda octubre por delante y es obvio que no habrá tiempo para cambiar nada, por eso el sistema será el mismo.

También queda por delante saber si lo que pasó en agosto incidirá en el grado de participación de octubre, además de dilucidar quién será electo en cada categoría. El ciudadano, mientras tanto, se mantiene rehén de un sistema que opera según la conveniencia de algunos a quienes parece importarles muy poco aportar fuerza creativa en beneficio del conjunto; por el contrario, vivimos en medio de una brutal lucha de vanidades donde la demagogia y el atropello a las ya ajetreadas instituciones democráticas están a la orden del día.

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