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Ella

Siempre conocí a la droga. Es una dama encantadora, bella sin comparación y dueña del disfrute más placentero que una persona pudiese otorgar. Uno está con ella y siente que está enamorado, que está en un universo paralelo o en otra dimensión donde se puede olvidar el futuro para disfrutar el presente.

Con ella uno es capaz de volar, de viajar a otra parte, de hacer cosas que nunca haría con tal de seguir con ella. Cuando era chico no era capaz de verla, la veía como otra chica más, pero poco a poco me fui dando cuenta de que en cada reunión, en cada festejo, ella terminaba estando presente y encantaba a mis amigos.

Es que es tan hermosa...

Estar con ella es estar en el cielo, pero tras unos minutos de placer se va a su casa y deja al enamorado tirado a su suerte, sin entender qué pasó, sin entender por qué pagó por un amor tan efímero. Sin embargo, el loco se va enseguida al prostíbulo para buscarla y volver a tener una dosis de placer.

Es que ella te da esa posibilidad de evadir la situación de mierda que uno vive, de escaparle a la realidad sin respuestas, de ir a otro lado donde la plata no existe y donde se puede creer, por un momento, que se es feliz. Y cuando ella abandona la pieza y regresa a donde todos saben que pueden encontrarla uno se da cuenta que no tiene nada, que sigue viviendo lo mismo, que lo de ella fue solo una ilusión, y que encima ahora no tiene un peso.

Pero, ¿por qué no volver a buscarla? No hay un indicio de que esa realidad vaya a cambiar. Al final, por enfrentar la verdad se vive triste todos los días, o al menos eso creen los que caen en su amor. Nadie estuvo ahí para decirte qué es lo que está mal en hacer el amor con ella, es sólo un gasto de dinero para pasarla bien. Es tu plata, vos la gastás como querés...

Yo conozco enormemente a la droga. Vive a la vuelta de casa, y cada vez tiene más prostíbulos en los que se pasea. Ella no tiene drama en mostrarse, ya nadie puede ponerse en su camino ni evitar que seduzca y que luego le robe hasta el último centavo a quien caiga en sus redes, obligándolo a robar para poder pagar sus servicios.

Ella pasa mostrando su figura frente a casa, caminando como si nada le importara (y es que en realidad nada le importa). A veces salgo a comprar al kiosco de enfrente y la veo abrazada a un adolescente, el cual está completamente incrédulo por la mina que se está a punto de levantar.

No saben la cantidad de veces que golpeó en casa preguntándome si quería divertirme un rato. Aunque yo le diga que no, ella siempre se las ingeniaba para encontrarme en algún lado y ofrecerse en todo su esplendor, esperando que caiga en su tentación. Me coqueteó varias veces, ofreciéndome para pasarla bien junto a los chicos que me acompañaban.

Durante las primeras reuniones en las que estuvo invitada lucía un hermoso vestido, del color de un helecho. Su hermosura no era normal, ni lo es. Aparte de eso, seduce sin igual, sabe sus capacidades y cómo convencer a todos de que no hace daño. Todos estaban de acuerdo en que estando con ella no iba a provocar nada malo, y por eso todos se turnaban para besarla. Todos menos yo, que simplemente me quedaba quieto observando como los demás la pasaban bien.

Su presencia en todas las reuniones desde ese momento nunca me molestó, aunque sí me molestó que los demás me tomen como un boludo por no estar con ella, por no entregarme al placer de algo que no está prohibido y que no le hace mal a nadie. Sin embargo, poco a poco fui viendo como sus besos ya no saciaban la sed de algunos amigos, y que por eso comenzaron a pedirle citas privadas con su famoso bikini, del color del más puro mármol.

Mis compañeros seguían siendo de confianza salgan con la mina que salgan, pero cada vez me era más difícil reunirme con ellos y soportar al mismo tiempo la presencia de la prostituta. Al final, que ella esté en la reunión ya era más importante que el que yo concurra.

Para colmo de males, mi mamá me veía compartiendo momentos y lugares con ella y observaba como a veces golpeaba en casa, y no me creía que nunca fui su cliente. Mi madre sentía que yo nunca le atendí porque ella estaba ahí, pero que cuando ella se iba a trabajar yo la dejaba pasar y me sumaba a su extenso historial.

Demostrarle a mamá que nunca fui cliente fue un largo y arduo camino, y mientras yo me quedaba sin amigos y sin la confianza de mamá, podía ser testigo de cómo poco a poco ellos se iban arruinando por caer en el placer. Quizás estábamos todos igual de arruinados, nada más que yo lo sabía y ellos no.

Hoy, tantos años después, puedo ser testigo de cómo sin su presencia ya nadie disfruta. Hoy veo a algunos pibes, con los que compartí fines de semanas enteros, sumidos en las órdenes de la prostituta más efectiva de la historia. He sido testigo de cómo chicos prodigio fueron cayendo poco a poco en sus garras y creyendo que tenían un techo gracias al dominio absoluto que esa hechicera ejerce.

He escuchado a personas que ya no pueden hablar de la cantidad de veces que estuvieron con ella, que no pueden dejar de mover las manos, que están todo el tiempo alterados. Gente con la que antes podía hablar de lo más bien y que hoy no puede entender mis problemas, y no por una falta de empatía sino porque no pueden pensar en otra cosa que en volver a darse cita con la puta más hermosa del mundo.

También conocí gente con una enorme voluntad y facilidad para el trabajo y que simplemente se desvió por el camino de mantener el prostíbulo y darle un techo a ella, porque te asegura una ganancia absoluta, una cantidad de dinero que ningún trabajo honesto te puede dar en tan poco tiempo.

No sé de qué sirve que yo hable de ella, no tengo idea de si esto va a cambiar algo, pero sentí la necesidad de contarlo. Gracias a ella perdí incontables cantidades de gente de confianza. Gracias a ella me fui un montón de veces enojado de las reuniones con amigos. Por ella discutí con mi familia infinidad de ocasiones. Y eso que nunca la contraté.

Ella es la droga. Se las presento, aunque ya nadie puede negar que la vemos todos los días. Tengan en cuenta su presencia hasta en los lugares más increíbles, porque ante el primer problema ella aparecerá, mostrándose como la primera opción para calmar la tristeza. Y, sobre todo, conózcanla. Uno nunca sabe cuándo puede andar falto de amor y, por error o por ignorancia, terminar pagando por placer.

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