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En realidad es impotencia

No sé si se dieron cuenta, pero ningún presidente está obligado a hacer lo mejor para el pueblo. Por defecto entonces, y si acudimos a la lógica, sabremos que, al contrario de lo que nos enseñan en la primaria, si el presidente puede hacer lo que quiere entonces el pueblo no tiene ningún poder. Y es así desde hace mucho tiempo.

¿Por qué sino en época de elecciones lo que más se escucha son promesas? Uno promete un país unido, el otro promete no ajustar y la gente vota al futuro que le parece más promisorio. Pasan los comicios, se declara un ganador, éste asume y... No sé si se dieron cuenta pero no hay nada que obligue al presidente, salvo su moral y honestidad, a cumplir con lo que prometió.

El tipo se pasa todo el año electoral contando a través de la televisión el futuro según él (que en realidad no es lo que él cree mejor sino lo que los votantes quieren escuchar, porque son los votos del pueblo los que lo van a poner al mando), visitando casas, pueblos y hogares humildes, tomando mate de la pava y sentándose en cajones de naranjas para que la gente lo vea cercano y sienta que sus promesas son en serio. Sin embargo una vez que llega al poder puede dejar de lado el futuro que la gente quiere escuchar y que repitió como loro para centrarse en los proyectos que él cree mejores. ¿Por qué? Porque puede. Y quiere.

Pongamos un ejemplo claro: durante la campaña, Macri dijo que no iba a ajustar, pero llegó a la presidencia y lo hizo. ¿Y qué vas a hacer al respecto? Si ni siquiera la impactante manifestación en contra de la reforma previsional y los graves disturbios pudieron hacer cambiar de parecer al poder.

Es que, en el sistema político actual, para que una marcha popular de grandes proporciones modifique el accionar de diputados, senadores o el presidente tiene que darse una de las dos siguientes opciones:

- Que el presidente o los legisladores afines a él digan "ah pero la gente quiere otra cosa, vamos a escucharlos y ver cómo arreglamos el asunto".
- Que el oficialismo esté debilitado y, por ende, obligado a ceder al pedido popular porque sino o los destituyen o se sentencian a perder las elecciones.

Ojo que esto no es exclusivo de Mauricio, no nos olvidemos de la gigantesca manifestación denominada "8N" que básicamente pidió, de forma pacífica, ser escuchada por CFK. Y la presidenta respondió diciéndoles a los suyos "no los escuchen, es la marcha del odio".

Si el éxito de la única manera de que, fuera de las elecciones, el pueblo se exprese depende de esas dos opciones altamente improbables (la primera porque estamos en Argentina y la segunda porque todos se encargan de dejar tan latente el tema de la memoria que cualquier levantamiento miliciano es tomado como una búsqueda de golpe de estado), entonces no hay motivos para que sigan creyendo que el pueblo tiene el poder en nuestro sistema político.

Si repasamos la definición de democracia moderna, nos dicen que el momento en el que el pueblo demuestra su poder es cuando el país se somete a elecciones. Entonces uno podría decir "y bueno seamos maduros, informémonos, investiguemos y votemos de manera consciente hacia la mejor propuesta", pero hasta el propio esfuerzo por capacitarse está podrido. Pasemos a explicar por qué:

- Me dieron la responsabilidad de decidir el futuro de mi país. Dada la importancia de lo que se me relegó hago un gran esfuerzo por capacitarme, leo noticias de varios medios distintos y formo la opinión más objetiva posible, que me lleva a tomar una decisión.

- Voto al candidato que me parece más apto

- Ya en casa me entero que en una cárcel de máxima seguridad escondida en el rincón más recóndito de la llanura entrerriana un tipo que violó a 15 mujeres y mató a otras cinco votó a la opción contraria a mi decisión. Indudablemente sigue siendo persona, pero está claro que no puede discernir entre el bien y el mal ni tomar una decisión importante de manera consciente.

- Mi voto sumamente capacitado fue anulado por el de un tipo que ni siquiera es capaz de adaptarse a las normas civiles pero que aún así sigue teniendo derecho a elegir el futuro del país.

Sólo un poco de noción de realidad basta para saber que los informados de manera real en materia política son los menos, así que en el sistema eleccionario actual sus pensamientos capacitados y sus decisiones responsables se van a ver siempre anulados por la decisión de la mina que con helado en la cabeza votó a Macri porque quiere que se mueran "todos los negros chorros" o del pibe que votó a Scioli porque vio que en todas las paredes dice "Macri = ajuste".

Lo peor es que nada de esto cambia porque a nadie le conviene, porque es más fácil convencer a 10 mil ignorantes que a 100 informados. A la gente común casi que no le importa la política porque sabe que no puede cambiar nada y porque vote a quien vote "son todos chorros", entonces durante las elecciones basta con darle cosas al puntero de su barrio, tocar timbre en su casa (es decir, demostrar preocupación por su entorno) y tener un discurso más o menos lindo para que te vote. Pero para convencer a 100 informados vas a necesitar números, transparencia, fidelidad a la realidad y un verdadero deseo de solucionar los problemas de la sociedad, sin importar si te trabas frente a las cámaras o cometes muchos sincericidios.

Igual también es cuestión de pensar un poco: uno implementa un sistema de gobierno representativo con sufragios a través de electores en vez de darle el derecho de votar a cualquier persona mayor a 16 años y los tenés a los sindicatos y los militantes de izquierda prendiéndote fuego el país, al tiempo que te acusan de golpista antidemocracia y representante de la dictadura. Así que no, no va a pasar.

La realidad es que mientras nos quejamos, mientras vemos reformas económicas, políticos procesados y demás, la cosa no va a cambiar porque ni siquiera los diputados tienen poder: lo único que históricamente pudo hacer la oposición en el recinto para impedir la aprobación de una ley es no dar quorum, porque si lo da el oficialismo tiene la mayoría.

Ojalá podamos entender que a nadie le importa nuestra opinión, así al menos dejamos de quejarnos gratis y nos damos cuenta de que antes de cambiar el mundo hay que dar tres vueltas por nuestra propia casa. Entonces en vez de quedarnos mirando la tele para informarnos de lo que pasa en Buenos Aires y enojarnos con nuestro vecino por algo en lo que no tuvo nada que ver más que emitir uno de los 20 millones de sufragios podríamos ponernos las pilas y al menos intentar cambiar nuestro entorno. Porque es un hecho que a Macri no le va a importar lo que publiquemos en Facebook pero capaz que a Cresto sí, y más aún si en vez de hablar hacemos.

Tenemos que centrarnos en modificar lo que nos rodea, porque es lo único que podemos hacer. Porque no sé si se dieron cuenta, pero la opinión del pueblo no sirve para nada.

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