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Esa gran oportunidad perdida

23 de octubre de 2011. Durante la mañana, y antes de que se dirija a votar, le pregunté a mi mamá hacia qué lado iba a ir su sufragio. Camposeña de nacimiento y conocida del actual gobernador de la provincia, me aseguró que su voto tenía que ir para la máxima candidata de ese momento, Cristina Fernández de Kirchner.

Yo no tenía idea de política, pero me pareció una buena decisión. Desde el comienzo de la gestión de su esposo Néstor, en 2003, Argentina se mantuvo en una levantada de nivel de vida y de peso económico, aunque era muy difícil hacer una gestión peor que en 2001. En sí, la vara estaba muy baja y el "pingüino" supo levantar al país de buena manera.

Su modelo se mantuvo con la llegada al poder de su esposa Cristina en 2007, quien siguió controlando la lenta pero imparable mejora de la nación. Así fue durante todo su mandato y así lo reflejaron las urnas de ese 23 de octubre del 2011, cuando se demostró que más de una de cada dos personas habitantes de este suelo volvían a poner en las manos de la patagónica los destinos de Argentina.

¿Por qué se la eligió? Realmente es una pregunta que no puedo responder, más que nada porque en ese momento tenía 16 años y lo que más me preocupaba era jugar bien al PES, pero sí sé que no hay que ser doctor en política para darse cuenta que lo prometido, lo realizado y lo seguido por Cristina era el sentimiento nacional que todos los argentinos queremos.

La industria nacional, la ayuda a los más pobres, la casa propia... Todos deseos que comparten los habitantes de todos los suelos del mundo y que veían en la señora de colorados cabellos su más que posible realización. Argentina depositó en el incipiente kirchnerismo la oportunidad única de que el país salga adelante y logre lo que todos deseamos... y que nunca se dio.



Ya pasó el primer balotaje de la historia, y sólo arroja la victoria de Mauricio Macri, tildado de ultraconservador y privatizador, por sobre el representante oficialista Daniel Scioli. El único factor que pareciera haber teñido de amarillo las elecciones es la letra K tomando partido por la mitad celeste, y no mucho más.

Durante los últimos cuatro años todo lo bonito que acarreaba el kirchnerismo se fue por la borda. Las intenciones seguían estando, la ayuda a los pobres continuaba, el procrear sigue, la industria nacional se mantiene. El Fútbol para Todos, festejado en su momento por todos los futboleros del país, mostraba su peor parte. Aerolíneas fue recuperada, Anses se creó, YPF volvió a manos argentinas, todos logros festejables en un país común pero no acá, en Argentina, el mundo del revés.

Nadie puede enojarse con que se haya repatriado Aerolíneas. Era algo necesario, el propio nombre las señala como Argentinas. Fue un golazo su recuperación. Pero, ¿por qué el país prefirió a alguien que votó en contra de esto? Anses debería haber existido y funcionado de la manera lógica siempre, las AFJP's no deberían haber existido, los trenes tenían que ser nacionales, y todas estas cosas se lograron durante la "década ganada". ¿Por qué el país eligió al, probablemente, máximo ícono de la privatización y el "capitalismo salvaje"?

Es que se podrán cometer errores, podrán suceder accidentes, pero con lo que nadie debe jugar es con el corazón de la gente, algo que se destruye cuando uno se da cuenta de las segundas intenciones. Es que el 90% de todo lo logrado por el kirchnerismo tiene puntos tan negros que traspasan la barrera de lo metodológico para pasar a contagiar toda la obra en un obsecuente y evidente mal gusto, mala intención.

Había que recuperar Aerolínas. Se la recuperó, volvieron a ser argentinas. ¿Pero quién quiere que su país tenga un organismo que pierda millones de pesos por mes, y que encima se mantiene en pie para no admitir la derrota, para no reconocer que no funcionó? Aerolíneas Argentinas es la autodesignada bandera del proyecto nacional y popular, y qué buen símbolo que eligieron. La compañía aérea es todo lo que fue la gestión de Cristina: una buena intención para captar a la gente, una pésima y malintencionada realización que tira por la borda todo lo bueno.

La recuperación de las AFJP's y su consecuente transformación en Anses era algo sumamente necesario, ya que los sueldos de los pasivos tienen que venir desde el propio estado. Pero, ¿cuál fue al final el motivo que llevó al gobierno a inaugurar este organismo? ¿Recuperar la plata de los jubilados o la necesidad de conseguir fondos de algún lado para poder pagar las deudas? El jubilado está encantado con que su resarcimiento de toda una vida de trabajo provenga desde el propio país, pero primero necesita recibir ese propio resarcimiento.

En otra manera más gráfica, planteemos esto como la pirámide de las necesidades: el jubilado está contento con que ANSES sea nacional, pero más contento estaría si primero le pagan. Al tipo no le importa de dónde venga la plata, al tipo le importa recibir dinero porque sino no llega a fin de mes, tan simple como eso. Es el cubrir las necesidades básicas, necesita vivir, eso es lo primero, después veremos de donde vienen las cosas, pero primero denle lo que le merece.

La cobertura de las necesidades básicas toma mayor dimensión en una de las maniobras más representativas de esta gestión: la Asignación Universal por Hijo. Está claro: con los pobres hay que hacer algo, no se los puede dejar muriendo de hambre, y este plan fue algo realmente positivo en ese término. ¿Pero de qué sirve si no hay un sistema que permita al pobre basarse en lo recibido con los planes para proyectarse a futuro? Pasaron ocho años de gestión ininterrumpida de CFK y los pobres siguen siendo los mismos.

No, no es lo que te cuentan los medios, no es lo que yo quiero ver. El barrio Constitución sigue siendo pobre, el asentamiento de La Bianca sigue siendo el asentamiento, las villas miserias de Buenos Aires nunca abandonaron su estatus. Los pobres siguen siendo pobres, y la deserción en las escuelas no palió ni un poquito. Es que al final el método de entrega y los requisitos para que alguien reciba la Asignación Universal son tan escasos que al pobre le dan lo justo para que sobreviva, pero lo menos posible para que no progrese. Así no hay buena intención que valga.

Ni hace falta hablar de Fútbol para Todos, eso que "sólo un loco soñó y hoy sólo un loco podría quitar", según el spot que se vislumbra en las transmisiones. La idea era buena: recuerdo que la codificación de TyC hacia los partidos era tan atroz que en un campeonato sólo pude ver a Velez tres veces en casa, ya que aproximadamente el 80% de los encuentros eran de modalidad pay per view. Era un abuso, sin lugar a dudas.

Allí apareció el estado, cumpliendo con lo que la gente le pedía y haciendo un poco de justicia al consumidor. Pero desde el surgimiento de Fútbol para Todos uno ya podía sospechar de la verdadera intención de lo logrado. Antes cuando Palermo se perdía un gol increíble aparecía el dibujo de Fontanarrosa gritando "Momeeento Rexona", y ahora está por patear Marco Ruben y no podes ver que pasó porque el spot de Tecnópolis te tapa la mitad inferior de la pantalla.

¿Para eso recuperaron el fútbol? ¿Para hacerse autobombo? No descubro nada con lo que voy a decir: EL FÚTBOL VIVE DE LA PUBLICIDAD, si en la transmisión televisiva no hay publicidad NO-HAY-FORMA de que sea rentable, da pérdidas millonarias.

¿Qué les costaba mostrar a las marcas? Un spotcito oficial cada tanto para demostrar lo que hace el país con nuestros impuestos (está permitido en la constitución) y después que lo otro siga siendo un partido normal, como en todo el mundo. Rentabilidad, sentido común, sólo eso. Además, no tiene lógica que un fanático de golf pague para que un fanático de futbol que nunca en su vida vio pueda sentarse en el sillón a disfrutar el domingo. No hay motivo por el cual todos debamos sustentar esta locura.


Al final Argentina se decepcionó tanto con los frutos de lo ganado en esta década que prefirió votar a alguien que se puso en contra de todo. Es que lo peor de Cristina se vio en la segunda mitad de esta última gestión, cuando todo el país comenzó a recriminarle las segundas intenciones que son la columna vertebral de este artículo.

En esos momentos, la presidenta pecó de soberbia y le dio la espalda a todo el país que la votó, menos a algunos. Tildó a toda la oposición de golpista, de llevar la contra por llevar la contra, y que los otros son los malos y por eso dicen que no. Generó fanatismo, que con violencia e igual soberbia denigró al que piensa distinto y partió al país en dos.

Hay momentos en los que llego a pensar que la letra K debería ser borrada del diccionario, no por ser una mala palabra sino porque de ella surgen los máximos improperios e insultos entre detractores y defensores. Es increíble como tres líneas rectas se convirtieron en el símbolo de un país desgastado, cansado, y además de todo ello dividido.

El 22 de noviembre del 2015 Argentina decidió votar al proyecto incógnito, al relacionado con el capitalismo estadounidense, los fondos buitres y las medicinas prepagas. Todo un país se volcó por alguien que pudo entender que simplemente con hablar bien y prometer diálogo bastaba, y es que la nación necesitaba eso. Más que nada porque se podrán cometer errores, podrán suceder accidentes, pero con lo que nadie debe jugar es con el corazón de la gente, algo que se destruye cuando uno se da cuenta de las segundas intenciones.

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