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No sé usar WhatsApp

No miento al decir que me siento un inadaptado. Parezco aquel anciano que intenta modificar algo de su ya rutinaria vida para mejorar, pero que sin querer termina cayendo una y otra vez en lo mismo. Y cada vez que vuelve a caer se pregunta qué es lo que está haciendo mal, por qué no puede cambiar, a qué se debe que le cueste tanto. Pero después de mucho intentar se da cuenta que es una cuestión lógica de la edad y finalmente se queda tranquilo.

El problema acá es que yo tengo casi 21 años, cuando el viejo se estaba jubilando yo estaba naciendo, no puede ser. Cada vez que suena el celular lo siento como una molestia, mientras todas las demás personas comprendidas en la franja entre los 12 a los 60 años lo disfrutan. Aman contarse chistes, mandarse fotos, hablar de asados, mientras yo como un boludo toco timbre en lo de Fede para saber si está o no.

Creo que el principal fundamento de mi alienación tecnológica se basa en que mientras el anciano sabe que no se puede adaptar porque está viejo, yo no me uno a la moda porque hay algo que no me cierra y que realmente no puedo aceptar, que va en contra de mis ideales.

Pasemos a explicar la escena: estoy tomando unos mates con Facu, hablando de la vida como buenos amigos, cuando de repente me suena el celular. El simple hecho de que suene ya es una distracción, porque sea lo que sea de lo que estemos hablando los dos vamos a escuchar el tono y reaccionar ante ello.

De aquí parten dos opciones: A) no darle bola, lo que las primeras veces generará la pregunta "¿Por qué no respondes?" y que el 99% de las veces no tiene que ver con lo que estábamos hablando previamente, y B) sacar el celular del bolsillo, a lo que debemos objetarle a nuestro amigo un "Pará que miro el celu" si no queremos quedar como unos insensibles y maleducados. Las dos opciones conllevan una interrupción de la charla previa.

Si elegimos la opción B tendremos que sacar el celular y nuestro cerebro dejará de prestarle atención a la charla para desbloquear el teléfono (por más simple que eso sea, le prestaremos atención sólo a eso) y luego desplegar la barra superior del Android para ver qué es lo que sonó.

Si son pocos mensajes y cortos se pueden leer desde ahí, dependiendo de las pulgadas que tenga el celular, pero si hay muchos mensajes tendremos que entrar a la aplicación para ver quién nos habló, cuántos mensajes nos dejó, etc. Si llegamos a considerar que esos mensajes no son de importancia, al leerlos tendremos un problema, porque clavar el visto es de mala educación. Sí o sí hay que responder inmediatamente porque sino la gente se enoja. Peor aún si entraste a la aplicación y no a la charla, porque al otro usuario le aparece la hora a la que te conectaste por última vez y va a enterarse que, sea el motivo que sea, elegiste no leer lo que te puso, aunque en realidad hayas preferido dejarlo para leer más tarde, con tiempo y paciencia.

Si elegiste responderle porque el mensaje era importante vas a estar un rato escribiendo y para cuando termines ninguno de los dos, ni tu amigo ni vos, se van a acordar de qué era lo que estaban hablando.

El peor escenario sucede cuando elegiste responderle y es una boludez: eso significa que vas a repetir la interrupción que estoy contando desde hace seis párrafos cada vez que suene el celular. Así que cualquier conversación que intente prosperar caerá apuñalada por el tono de tu celular cada vez que suene.

Una forma de evitar esto es apagando el celular, pero eso está más que claro que no se puede hacer porque hay que dejar un margen por si sucede alguna urgencia. Así que sólo queda una forma de evitar la interrupción: poner el celular en silencio.

Pero lo peor llega allí, tras esta decisión, tras disfrutar de la charla. Porque apenas nos tomemos un descanso para mirar el celu nos encontraremos con que gracias a nuestra ausencia virtual casi se cae el mundo. Desde invitaciones a fútbol 5 que caducaron, mensajes del tipo "ei, ei, estas?", 400 mensajes sin leer en el grupo y hasta enojos de aquel paranoico que cree que apenas viste la notificación de su mensaje la ignoraste y no entraste al WhatsApp para que el sistema no registre tu última actividad y que eso evidencie que supuestamente no querías leer su mensaje. Todos estos quilombos porque te dejaste el celular tirado un rato para tener una charla con un amigo.

Siento que la adicción general al WhatsApp ha vulnerado las barreras de lo lógico. Cuando estaban los SMS éstos costaban dinero, lo que brindaba cierta importancia a la acción de escribirle a otra persona. Es decir, el mensaje que se enviaba tenía que hacer valer la pena ese precio que se estaba pagando por enviarlo. Además la propia infraestructura pésima que existía en la época dejaba un margen de tiempo importante por las posibilidades de no responder que existían, entre el "estaba sin señal" o "no tengo crédito".

El WhatsApp es una maravilla tal que revolucionó la vida de todos, hasta se pueden hacer cosas super cotidianas con él como pedir un remis o comidas ahorrándote el gasto del teléfono. Sin embargo, el que uno esté obligado a responder de inmediato los mensajes, que cuando te juntes con 10 amigos y 8 están mirando el celular simultáneamente, que haya discusiones de lo cotidiano pero de manera virtual, supera lo aceptable. Por ejemplo, las discusiones virtuales habituales en una pareja de novios no sucederían en la realidad porque a las dos palabras habría tartamudeo, sonrisas, parpadeos, brazos cruzados, sonrojos y silencios que el celular no transmite, por más audios que se envíen.

Hoy el WhatsApp es todo lo que somos, desde humoristas profesionales por reenviar memes que no se nos habrían ocurrido así pensemos 10 años a colgados y cortados por elegir darle más importancia a la realidad que al celular, a la conversación cara a cara en vez de al frío chat.

Hoy nuestro número de celular es nuestro DNI, nuestra foto de perfil es como nos mostramos al mundo, como el mundo nos ve y desde lo que el mundo debe fundamentar sus opiniones, nuestro estado es lo que pensamos y el teclado nuestra boca y lengua. Así que hoy, que desinstalé el WhatsApp, creo que dejé de existir.
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