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¿Fue buen alumno Roberto Baradel?

Aunque suene a nimiedad, tal vez la respuesta ayude a entender la crisis de la educación en Argentina

Llega marzo y como todos los años, otra vez comienza a soplar el huracán Baradel. Y como todos los años, hay un gobierno que se asusta. El responsable es, otra vez, Roberto Baradel, un abogado con una muy brevísima experiencia como preceptor, ninguna como maestro, y una muy extensa como gremialista. Baradel es desde hace mucho tiempo el sucesor de Hugo Yasky en Suteba y por estos días el principal candidato a sucederlo en la CTA, utilizando como trampolines a la CTA bonaerense y, si es que se lo puede llamar tal cosa, al partido Nuevo Encuentro de Martin Sabbatella.

En el medio de una escenografía que se repite a las que nos tiene acostumbrados, este martes se lo veía a Baradel exhibiendo a cámara un cartel que rezaba ¨Esto no es una guerra, es una paritaria docente¨. Guerra o no guerra, tal vez lo mejor que le pudo pasar a Baradel y a sus aspiraciones políticas fue que durante los años de Cristina Kirchner volvieran los mismos violentos brotes inflacionarios que habían sido pesadilla de otra época, los que creíamos nunca iban a volver y sobre los cuales nuestros jóvenes no tenían registro, salvo a través de los libros.

Hoy, esa misma inflación exacerba un conflicto, nunca resuelto por otra parte, que termina afectando no solo a 4.5 millones de alumnos del sistema educativo bonaerense sino también a casi otros 8 millones en el resto del país. Más de 12 millones en total. Con Baradel, o sin él, seguramente termine primando la cordura y este conflicto en algún momento se termine encauzando ya que cuesta ver en la provincia de Buenos Aires o en la mayoría de las provincias una situación tan triste y decadente como la vivida en la provincia de Santa Cruz en el 2016.

La provincia de Buenos Aires, otra vez haciendo las veces de caso testigo, aceptó ayer moverse del 18% ofrecido originalmente, con sus autoridades ahora dispuestos a dar un aumento similar al de la inflación. No el 25% más el 10% de recomposición salarial que fogoneaba Baradel, pero si un número más realista que debería superar el 20% y tal vez acercarse al 23 o 24%.

El tironeo podrá dejar satisfechas a ambas partes, o a ninguna, pero lo triste, lo que parece que nunca logramos evitar es que nuestros hijos terminen siendo los grandes perjudicados de este conflicto. Es que cuando dicen que lo único que les importa son los chicos y su educación mienten, aun a sabiendas de que nadie, o casi, les cree.

Es cierto eso que dicen muchos, casi todos, que se debería dar un debate sobre el futuro de la educación en Argentina. Pero con los chicos en la escuela. Si se da con los chicos en su casa, o lo que es peor, en la calle, queda al desnudo -otra vez -el egoísmo de docentes y políticos, quienes parecen bien dispuestos a morir aferrados a sus pequeñas e inflexibles posiciones.

Mientras tanto, la educación en Argentina sigue barranca abajo. Y nadie se hace cargo, tampoco los maestros. Nuestras estadísticas son paupérrimas y se superan, negativamente, año a año. Solo el 40% de nuestros jóvenes termina el secundario, y más del 60% de nuestro alumnos terminan el colegio con evaluaciones en matemáticas que le dan insuficiente. ¿Qué aspiraciones podemos tener como país si es esa la imagen que nos devuelve el espejo? En un mundo donde lo único que te salva educación, nosotros parece estamos recorriendo el camino inverso.

En Finlandia, para ser maestro, uno tiene que haber estado en el 10% tope de su clase en el secundario y los incentivos están debidamente alineados para que ese mismo grupo, el más destacado, elija la enseñanza como profesión. ¿Tendrá esto que ver con el éxito de ese sistema educativo, sindicado tal vez como el mejor del mundo? Tal vez esta no sea la única razón, pero seguramente ayude a cualquier sistema educativo que los más alumnos más responsables, más dedicados y más preparados opten por hacer de la docencia su plan de vida. La pregunta que nos deberíamos hacer entonces es si por aquí sucede lo mismo. ¿Nuestros mejores alumnos de hoy serán nuestros maestros de mañana? ¿Y Baradel, habrá sido Roberto Baradel un buen alumno cuando fue al colegio? Sería más que interesante conocer la respuesta.

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