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Ahora el objetivo es 15% pero Sturzenegger no se rinde

Para los que miramos los grandes números de la economía de lejos, el recorte de tasas anunciado por el Banco Central en su reunión del martes que pasó, de 28.75 a 28%, tal vez, no represente demasiado. Pero, en esa primera aunque leve baja después de mucho tiempo quedaba así plasmado un nuevo intento de política económica, en este caso una política monetaria más consistente con la fiscal y que debería tener consecuencias en la diaria para el hombre de a pie, es decir para casi todos.

El origen de este cambio había sido el anuncio de nuevas metas inflacionarias en la conferencia conjunta del equipo económico a finales del año pasado, donde con la presencia del presidente del Central se había declarado que se pasaba de 10 a 15% la expectativa de inflación para el 2018. Para el común de la gente eso representaba mayores aumentos de precios en puerta y también paritarias más discutidas y con chances ciertas de estar más cerca de 20 que del 15%.

La decisión del martes, algo inesperada por su tibieza, se ocupó de alguna manera de anclar esas expectativas, sobre todo la inflacionaria. Federico Sturzenegger volvió a mostrar que no miente cuando dice que le preocupa la inflación, y tranquilizó también la carrera de un dólar que en solo unas pocas semanas se había revaluado más del 10% frente al peso. Conclusión, de repente cualquier apuro por comprarse un dólar dejó de tener mucho sentido. Y la inflación de este año será más alta, y más en línea con una política fiscal laxa y de gran gasto como tenemos hoy - tal vez entre 15 y 18%-, pero también es razonable esperar que la Argentina logre crecer dos años consecutivos por primera vez desde el 2010.

¨Es razonable esperar que la inflación de este año sea más alta pero también que la Argentina logre crecer dos años consecutivos por primera vez desde el 2010¨.

En función de lo actuado en estos días no parece descabellado esperar otro año con un crecimiento que ronde o supere al 3%. Es cierto que dado el tamaño del mercado de crédito local, tremendamente chico cuando se lo compara al del cualquier otro país de América Latina, la tasa de interés no es tal vez tan clave para determinar el nivel de actividad como si lo es en esos otros países. Ahora, cualquiera sea el caso, el impacto de una baja, que podría pronunciarse en los meses que vienen, debería ser positivo para la curva de crecimiento de la economía local.

Para muchos, el ala política del gobierno le logró torcer el brazo al Central. Para otros, en una mirada que parece algo más sabia, Macri optó por converger dos políticas, la monetaria y la fiscal, que hasta ayer parecían pertenecer a dos mundos totalmente diferentes. El anuncio del martes, con la tímida reducción de tasa de interés anunciada, tal vez se pueda traducir como que Sturzenegger aceptó el nuevo desafío de trabajar más en equipo con el ala económica del gobierno, pero sin renunciar a su visión más ortodoxa de la economía que dice que una inflación alta se combate con tasas altas.

¨En función de las nuevas metas, hoy no aparecen como descabellados los pronósticos de un dólar a 21.75 o 22 pesos para fin de este año¨.

En cualquier caso, hoy no aparecen como descabellados los pronósticos de un dólar a 21.75 o 22 pesos para fin de este año. Y si antes una tasa de inflación del 10% si lo parecía, una de 15% aparece como bien posible, aunque nadie se sorprendería si fuera marginalmente más alta que ese número. Las dudas que siguen flotando en el aire son si una baja tan progresiva en la inflación,- y a contramano de lo que pretende Sturzenegger pero más en línea con el panorama fiscal bendecido por Macri-, será suficiente para derrotar una expectativa inflacionaria que se muestra resiliente y que seguramente tendrá dificultades en quebrar, hacia abajo, la barrera del 10%.

Si debería quedar claro que resignarse a convivir con una inflación elevada es lo peor que nos puede pasar como país, siendo esto particularmente perjudicial para los sectores sociales más vulnerables y que menos tienen. Una de las peores herencias que nos dejó el kirchnerismo fue justamente obligarnos a que nos acostumbremos a ese sopor que solo da el vivir con precios muy altos en continuado. Los venezolanos conviven hoy con una visión exacerbada de ese fenómeno, - se espera que este 2018 leguen a la hiperinflación-, situación en la que bien podríamos habernos encontrado a la fecha si la sucesión kirchnerista hubiera terminado en las manos de Daniel Scioli. Hoy, si bien ya no navegamos cerca de esas costas tan peligrosas, todavía estamos lejos de poder decir que ya lo hacemos en mar abierto.

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