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De cómo saquear impunemente (hasta ahora) al Estado

Las aventuras del jardinero K, el Pato, Pedro Báez, Sebastián Lorenzo, "Anibalito", y otros

Lamentablemente historias como esta hay miles, y todas dan cuenta de la depredación que se hizo del estado durante la década kirchnerista, particularmente durante los años de Cristina Kirchner al frente del gobierno nacional. El protagonista de la que hoy nos toca es el ex jardinero de la familia Kirchner en El Calafate, Ricardo Barreiro, devenido luego -y gracias a sus conexiones y buena llegada con la primera familia de ese entonces- en exitoso empresario del transporte y avezado lobista.

A Barreiro se le acusa de no explicitar -en la declaración jurada del 2012 que presentó para inscribirse como proveedor del estado entrerriano- que era también funcionario del Ministerio de Cultura y Comunicación de la provincia, que en ese momento lideraba el ahora diputado provincial Pedro Báez. En un decreto de la época, que había sido firmado por el entonces gobernador Urribarri, Ricardo Barreiro había sido nombrado Coordinador o ¨Facilitador de Gestiones¨ ante el gobierno nacional del Ceicer o Centro Experimental de Industrias Culturales. Si bien es cierto que no cobraba sueldos, en un decreto posterior se le había asegurado el cobro de viáticos.

Para que quede bien claro, la incompatibilidad surge entonces del hecho de que mientras era funcionario provincial al mismo tiempo ganaba una licitación del Ministerio de Turismo, a cargo del vecino de Colón Hugo Marsó, para que su empresa RP Transporte, domiciliada y con operaciones en El Calafate, le alquilara micros a la provincia para trasladar alumnos entrerrianos hasta Tecnópolis.

En su defensa en el juicio que comenzara esta semana en Paraná, el jardinero K dijo que cuando se presentó a la licitación no sabía que antes había sido nombrado funcionario. Y sobre su inscripción en el registro de proveedores dijo que alguien lo había hecho por él -Barreiro solo había firmado al pie de página-, más precisamente una persona que él conocía como "Anibalito". Anibalito, que en ese momento ya trabajaba en el Ceicer, a la postre terminó siendo el director del Centro, reemplazando en el cargo a Sebastián Lorenzo, amigo de Ricardo Barreiro y la persona que supuestamente lo había invitado a colaborar con la provincia.

Lorenzo, amigo y hombre de consulta de Pedro Báez, hoy ya no trabaja en el sector público. Entre gallos y medianoches se volvió socio de Think, la consultora del publicitario Ignacio Labarba, la misma que gozó de suculentos contratos todos los años en que este fuera el publicitario favorito del entonces gobernador Urribarri. Imagínense quien le pagaba a Think, ¿Lorenzo, Báez o Urribarri de sus propios bolsillos?. No hace falta ni siquiera decirlo, el dinero salía de las arcas provinciales. Y Lorenzo ahora es socio de Labarba. ¿Devolución de favores? ¿O eran socios de antes? ¿Y Barreiro? ¿Tuvo algo que ver con Think? Porque el que le hizo el trámite para presentarse como proveedor fue Anibalito, acólito de Lorenzo, el amigo de Barreiro devenido en socio de Labarba.

Una chanchada por donde se la mire. Y como decía al principio de estas líneas, una práctica sistemática que se repitió a lo largo y a lo ancho de la provincia, y sospecho -como todos ustedes- que también a lo largo y a lo ancho del país. La institucionalización lisa y llana del saqueo, por no decir afano. Lo triste, lo verdaderamente triste, es que muchas de estas tropelías van a terminar en el baúl de los recuerdos, y buena parte de la culpa es nuestra. Porque hemos sido testigos pasivos de todas estas estafas y poco hemos dicho y nada hemos hecho para que quienes las han perpetrado terminen presos.

De toda esta gente, los que ven algún riesgo de que el peso de la ley termine en algún momento cayendo sobre ellos han buscado no seguir como funcionarios y si procuraron fueros. Ese es el caso de Pedro Báez, quien durante su tiempo de funcionario se dedicó de manera "febril" y sistemática a destruir lo poco que quedaba de los medios periodísticos independientes de la provincia. Los prostituyó y colonizó sin pudor con nuestra billetera, sometiéndonos-como sociedad- a una tremenda degradación moral. Para eso te hubieras quedado en tu Reconquista natal, Pedro, que contentos deben estar en Santa Fe que te mandaste mudar. Muy posiblemente sea también el caso de Urribarri, ahora legislador provincial y también devenido escritor. La evidencia en su contra es aplastante. Nunca en tan poco tiempo se abusó de tal forma de las arcas estatales. Gente valiente para plantarle batalla y pedirle explicaciones no falta. A Sergio Urribarri hoy solo lo salva que Bordet sea una continuidad de su gobierno, circunstancia que le asegura impunidad. La mala noticia para el ahora ex gobernador es que tal vez esa impunidad no dure para siempre. Tal vez en poco más de dos años, y sería lo más justo, le llegue la hora de enfrentarse al mismo tribunal que hoy juzga al "perejil" jardinero de Néstor y Cristina.

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