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Del comienzo del año y de donde nos encuentra

Cuando ya no se puede seguir hipotecando el futuro

Hace un par de días esta semana, Mauricio Macri volvió a enfatizar la necesidad de vivir solo con lo nuestro mientras disparaba la frase "no queremos seguir tomando deuda y obligar a que nuestros hijos y nietos la tengan que pagar". Mas allá de cuán sincero sea y cuán convencido esté el presidente de lo que dijo, sus palabras no expresan sino una verdad que muchos de nosotros, y en particular la gran mayoría de nuestros políticos, se niegan a ver. Es conocido por todos cuan enraizado está el populismo entre lo más granado de nuestra clase dirigente, acostumbrados a la receta fácil y prebendaría.

Comenzando un nuevo año es una buena oportunidad entonces para recordar que así como los excesos y desbordes en nuestro hogar son imposibles de mantener en el largo plazo, lo mismo sucede con las finanzas del estado. Cuando pedimos más, tenemos que entender que si las cuentas públicas están desequilibradas, ese esfuerzo extra tendrá que ser financiado con deuda o con mayor inflación. No hay una tercera alternativa.

Cuando asumió el gobierno de Cambiemos en el 2015 entendió bien rápido que financiar el déficit emitiendo moneda era la peor alternativa posible, sobre todo considerando el impacto que los continuos aumentos de precios tenían y tienen sobre las clases más humildes. Este fenómeno, regenerado por el kirchnerismo, se había vuelto insostenible, desatando un desajuste en la economía que ya no se podía ocultar ni siquiera falseando las estadísticas, como había sido el caso en los últimos años del gobierno de Cristina Kirchner.

¨El fenómeno de la inflación, regenerando por el kirchnerismo, se volvió insostenible y nos dejó casi sin alternativas¨

Lamentablemente, a la inflación -que todavía hoy se resiste a bajar en buena medida como resultado de años de precios reprimidos- se la reemplazó por la única alternativa posible, el endeudamiento en dólares. La otra opción era cerrar el déficit bajando el gasto abruptamente, pero esa avenida iba a tener costos políticos que este gobierno no estaba ni está todavía en condiciones de afrontar. La receta de gradualismo, tan discutida por unos y tan vilipendiada por otros, se alzó como una única opción superadora aunque con inevitables consecuencias como un mayor endeudamiento y un retraso del tipo de cambio - por exceso de dólares en la economía-, que se terminó traduciendo en una alarmante pérdida de competitividad.

El gobierno ha trazado entonces un camino a media agua, donde no hay lugar para quienes bregan por un ajuste salvaje ni para quienes siguen pidiendo insistir con aquellas recetas del pasado que nos dejaron en el calamitoso estado en que nos encontramos a la fecha. Es que la graciosa actitud de derroche y malversación de fondos del estado que vivimos por un largo periodo no podía continuar si es que nos queríamos evitar el descalabro final. Ayudado por un extraordinario viento de cola, que nos favoreció con los precios de las materias primas mas altos en un siglo, el peronismo en su versión más falsa de progresismo logro sobrevivir hasta el final de su mandato a caballo de recursos conseguidos a fuerza de hipotecarnos, y al final -de manera casi paradójica- del hecho de que los actores económicos ya sabían de que no se sucedería a sí mismo.

¨Si ganaba Daniel Scioli, el estallido hubiera tenido día y hora, era inevitable¨

Un gobierno lejos de ser perfecto, -aunque más serio y responsable- nos dio el aire suficiente para que a los golpes siguiéramos hacia adelante sin un estallido final. Un estallido que muy posiblemente hubiera tenido día y hora si Daniel Scioli hubiera sido el elegido. Cuando hoy muchos de nosotros seguimos pidiendo más y más, como es casi natural que así sea, estamos eligiendo no querer mirar el verdadero estado de las cosas. El estado omnipresente y rico que soñamos tener no existe.

Incluso, por las razones que sean, nos rehusamos a aceptar, y mucho menos a tratar de entender, porque teniendo un país tan pródigo en recursos vivimos cada vez peor desde hace ya varias décadas, con uno de cada tres argentinos en una situación evidente de pobreza y necesidad. ¿Cómo es posible que esta sea nuestra triste realidad si tan bien se hicieron las cosas según la opinión de quienes nos gobernaron las últimas décadas? Está claro, muchas cosas se han hecho muy mal, y son unos cuantos los que no nos terminan de decir la verdad.

Nos guste o no, ha llegado el momento de sincerarnos, de entender que durante mucho tiempo se hizo todo mal y que hoy ya no es posible seguir hipotecando el futuro. Lo que era el futuro entonces es el presente de hoy, y finalmente es tiempo de arreglar el desorden que mansamente decidimos aceptar. Porque también fuimos cómplices y preferimos entregarnos a los cantos de sirenas. Ese tiempo ya quedó atrás y hoy solo nos queda iniciar el lento camino de una dolorosa reconstrucción.

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