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Elecciones, el día después

Algunas reflexiones sobre lo que nos dejaron los comicios del pasado domingo

Todos coinciden en que el resultado de las elecciones del domingo fue un gran triunfo para Macri. La ola amarilla se llevó puesta a una gran mayoría de gobernadores peronistas, Bordet incluido, y dejó al actual presidente en una muy buena posición de cara a las presidenciales del 2019. A la postre, también quedó claro que la fórmula de tratar de impugnar al gobierno nacional y al kirchnerismo a la vez fue una estrategia que no funcionó. De hecho, casi los únicos candidatos peronistas que ofrecieron una propuesta competitiva en las urnas fueron Cristina Kirchner y algunos pocos de sus aliados.

Los que promovían "la ancha avenida de medio" como le gusta decir a Sergio Massa sufrieron casi todos humillantes derrotas, llámense Lousteau, Schiaretti, Randazzo o el mismo líder del Frente Renovador. Mientras tanto, además de Cristina hubo unos pocos otros como Rossi en Santa Fe, Filmus en la ciudad de Buenos Aires, Insfrán en Formosa o Manzur en Tucumán que lograron salvar la ropa con una actitud muy crítica del oficialismo. Historia distinta es la de los Rodriguez Sa en San Luis, donde el hecho de que la balanza volviera a inclinarse en su dirección fue menos una cuestión ideológica y mucho más una operación prebendaria. Al igual que en Tucumán y Formosa, en San Luis el uso indiscriminado de los recursos del estado entre los más necesitados sigue siendo una herramienta muy efectiva a la hora de ganar elecciones.

En definitiva, con un Macri bien asentado y con un fuerte respaldo político, comienza a consolidarse un proyecto político que hasta muy poco antes de la sorpresiva derrota de Daniel Scioli en el 2015 parecía cuanto menos improbable. La coalición Cambiemos se alzó así con más de 41% del voto nacional y el número mágico de 45% ya no parece inalcanzable. Ese es precisamente el porcentaje de votos que Macri necesitaría para imponerse en una primera vuelta en las próximas presidenciales sin tener que ir a una segunda, donde un peronismo unido podría ciertamente ponerlo en jaque. Claro, eso hoy, a la luz del estado crítico en que se encuentra el peronismo aparece como poco probable, pero dos años es mucho tiempo.

Por estas horas, Macri se apresta a hacer público en un gran acto con gobernadores y otros referentes sociales sus planes para los próximos dos años, todo con una impronta propia que comienza a ser conocida como gradualismo acelerado. Por otra parte, el presidente juzga oportuno no esperar ni un día más para impulsar su nueva agenda, a sabiendas de que está en un momento único gracias al capital político acumulado. Son varios los analistas políticos que coinciden que este gobierno se apresta a iniciar los 12 meses más importantes de su gestión.

Los riesgos que enfrenta Cambiemos en este periodo que se viene no son menores. Es que son varias las cuestiones que pueden hacer descarrilar la intención -ahora manifiesta- de encadenar dos mandatos presidenciales al hilo. Un shock externo seria definitivamente uno de esos riesgos. Argentina va a seguir necesitando financiamiento por varios años más, mientras cierra gradualmente su déficit, y si el acceso al mercado internacional se viera cerrado por alguna circunstancia extraordinaria, como una impensada y acelerada suba en las tasas de interés en el mundo, este gobierno estaría en problemas. Otros riesgos podrían ser una pelea con la siempre volcánica Elisa Carrió, la que nunca deja de depararle sorpresas a Macri ni a nadie, y algún cisne negro que pueda llegar de la mano del lado oscuro de la política. Se sabe que es mucha la mugre que se esconde en ese punto en que la política se entrelaza con los servicios de inteligencia, las fuerzas de seguridad y también el narcotráfico. Hay aquí una olla a presión que nadie quiere que termine de destaparse.

Finalmente, una pequeña reflexión respecto a Entre Ríos. Las encuestas muestran que Bordet tiene buenos números de aprobación de gestión pero su estilo parece recordarnos demasiado a Cambiemos. Desde su postura actual, y si su oferta seguirá siendo la de vender lo mismo que Cambiemos tiene para ofrecer, su reelección le va a resultar un camino bien cuesta arriba. A su favor le juega la indefinición de Rogelio Frigerio, quien seguramente no va a dar indicios hasta comienzos del 2018 si pretende ser candidato -esperando tal vez recibir más señales sobre una eventual candidatura a vicepresidente-, y la falta de un candidato competente y carismático alternativo en el Pro de Entre Ríos. Para complicar aún más el análisis del escenario, la derrota en esta elección del peronismo en Concordia y la creciente posibilidad de que pierda la intendencia en el 2019 se vuelven un elemento central en la definición de la carrera a gobernador del 2019. Seguramente será para alquilar balcones.

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