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Entre Ríos y la necesidad de un plan estratégico para los próximos quince a veinte años

Una demanda urgente para una provincia cuya dirigencia no acaba de dar la talla

Viendo el estado actual en que se encuentra la ciudad de Concordia son muchos los que se preguntan cómo es que Gustavo Bordet llegó de intendente a gobernador. Más allá de la respuesta obvia, esa que dice y habla del longevo predominio del peronismo de Concordia dentro del partido a nivel provincial, hay otra que se escuchó de boca de un avezado operador político provincial que ensayó la siguiente respuesta: "Bordet llegó donde llegó porque siempre, o casi siempre, se las arregló para pagar los sueldos en tiempo y forma".

Hoy, la historia no es muy distinta. El gobernador goza de una moderada y aceptable aceptación popular y su marca registrada sigue siendo esa, pagar los sueldos a tiempo, ahora a cargo de una administración bastante más importante que la que conducía hasta finales del 2015. Sin hacer mucha magia, Bordet logró que la provincia vendiera un bono de 350 millones de dólares a ocho años, circunstancia que le permitió ordenar las cuentas, mejorar el perfil de deuda de Entre Ríos, y asegurarse que podrá pagar sueldos sin demasiado apremio durante sus años de gestión. Incluso si fuera reelecto, recién sobre el final de un eventual segundo mandato, en el 2023, tendría que preocuparse respecto de cómo repagar o refinanciar la primera de tres amortizaciones.

En este contexto, la pregunta que hoy todos nos deberíamos estar haciendo es si a Entre Ríos le alcanza con que el tipo al timón de la provincia solo sea un gestor ordenado. Claro que es preferible eso a ser rehenes de administraciones como la de Urribarri, llena de excesos, excentricidades y amigas del endeudamiento caprichoso e indiscriminado, pero aun así parece claramente insuficiente. Entre Ríos no necesita de líderes irresponsables, hasta casi mesiánicos, pero tampoco de un administrador irresoluto y sin ideas. Y justamente de lo que parecen carecer hoy Bordet y todo el equipo de trabajo que lo acompaña es eso, ideas.

Lamentablemente no es a la administración nacional a la que le vamos a pedir un proyecto de desarrollo y progreso a la provincia. Podrán ayudar, pero lo de ellos es otra cosa. El plan, esa hoja maestra con todas las iniciativas que podrían hacer de Entre Ríos la provincia que aspira a ser, que no es, y que tal vez fue, deberá ser elaborado en conjunto por quienes vivimos en Entre Ríos y por quienes nos lideran. Y precisamente deberían ser estos últimos los que se encarguen de mostrarnos ese camino. Algo que hoy no hacen y que francamente muy pocos que nos hayan liderado en el pasado han hecho.

Sin títulos rimbombantes ni ribetes grandilocuentes, lo que la provincia necesita es que alguien se siente a pensar en un plan de 15 o 20 años. Alguien que logre salir de la coyuntura, esa coyuntura que nos sigue atrapando a todos, y se permita pensar en cómo podemos hacer para que Entre Ríos logre explotar toda su potencialidad. Es obvio que eso es algo que ninguno de nosotros sabe hacer demasiado bien si se observa cómo año a año la provincia retrocede posiciones frente a otras que son mucho más pobres y con una población mucho menos educada. Entre Ríos no será la provincia más rica de Argentina, por lo menos no en términos de recursos naturales, pero sin dudas forma parte del lote de más favorecidas. A pesar de eso, el primer empleador hoy es el estado, con un sector privado cada vez más relegado, y muchas localidades, algunas importantes, son grandes centros de burocracia, con excesivas plantillas en municipio, provincia y hasta en nación.

Ni siquiera nos destacamos ya en la agricultura ni en la agroindustria. Como alternativa, y dentro del sector servicios, se ha sumado el turismo con un crecimiento importante en los últimos diez o quince años. Pero poco más, y casi nada con todo lo que tenga que ver con la tecnología y la innovación. Menos aún se ha trabajado con la calidad educativa como motor de crecimiento, habiéndose dejado diseminar -sin ton ni son- nuevos centros universitarios y terciarios que mandan a la calle profesionales muchas veces mediocres y solo en las profesiones más obvias y sobre ofrecidas. Todo al "tuntun" y sin ninguna planificación.

Desde aquí exhortamos humildemente a que el gobierno provincial haga público cualquier plan o iniciativa en ese sentido, si es que existe, para discutirlo con todas las partes relevantes de la sociedad civil, incluyendo múltiples y activas organizaciones intermedias. Si no existiera algo moderadamente serio en carpeta, y eso es lo que uno lamentablemente sospecha, la invitación es para que desde el estado provincial y con la colaboración de los privados, comencemos todos a trabajar en un plan con objetivos y metas razonables y alcanzables que nos permitan volver a sacar chapa de provincia importante. Esa misma chapa que resignamos vaya uno a saber cuándo, y esto uno lo dice con tristeza, tal vez ya varias décadas atrás.

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