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Fuerzas Armadas en crisis: El drama del ARA San Juan y la verdad desnuda

La crisis del ARA San Juan no ha hecho más que poner sobre la mesa una cruda y triste realidad, el increíble nivel de deterioro de nuestras Fuerzas Armadas. La debacle es palpable a nivel de infraestructura, en estado ruinoso operativo - hoy parecen estar atadas de pies y manos hasta para el menor de los ejercicios-, y de recursos humanos -su dotación dispone de un nivel de entrenamiento y preparación que está en su nivel más bajo desde que se tenga memoria-.

Las historias que se escuchan a diario son terribles. Barcos que se hunden por falta de mantenimiento,- el accidente del submarino no fue una casualidad-, aviones que no vuelan porque no hay plata ni para el combustible, y ranchadas en tierra donde la comida parece no alcanzar para todos. En medio de esa degradación son palpables actos de corrupción y robo,- que aun ni el mayor estado de desesperación justifica-, con armas y municiones que desaparecen, amén de también otros muchos activos que no están clavados ni plantados en los cuarteles. Una postal perfecta de decadencia.

Ese estado de abandono y miseria no es culpa solamente de los rangos jerárquicos ni tampoco del gobierno de turno. Este gobierno podrá haber ensayado actitudes más de empatía con sus Fuerzas Armadas, vilipendiadas hasta el extremo en la gestión anterior, pero al final del día parece estar haciendo del inmovilismo una estrategia. Una falta de movimiento o una indiferencia que muy posiblemente puedan explicarse ante una actitud similar de la sociedad toda en su conjunto. Nuestras Fuerzas Armadas perdieron su prestigio hace muchísimo tiempo y nadie ha sabido o ha podido hacer nada para que lo recuperen.

La pasividad del ciudadano común ante una institución caída se ve también reflejada, por ejemplo, en el presupuesto más bajo de la región para el rubro Defensa. Argentina orilla el 1% del producto en gasto de Defensa, porcentaje muy inferior al que destinan algunos países vecinos, los que duplican, -Chile- o hasta triplican - Colombia- ese número. Es más, 70% de ese gasto va para pagar sueldos cuando los Estados Unidos, tal vez en las antípodas, destinan solo el 30% de su presupuesto a pagar los salarios de sus soldados.

Está claro que la administración de Macri debe tomar cartas en el asunto y de manera urgente. Y la prioridad debería ser el hacernos la pregunta respecto de cuál debería ser el rol de nuestras Fuerzas Armadas. Debería realizarse un análisis profundo e informado respecto de cuáles deberían ser las hipótesis de conflicto y definir un modelo en base a ello. ¿Queremos que combatan el narcotráfico? ¿Queremos que tengan algún grado de participación en la lucha contra la inseguridad? ¿Queremos que se limiten a patrullar nuestras fronteras en toda su extensión? ¿O solo en las partes más calientes?

Hoy es poco posible pensar en un conflicto con algún vecino que escale al límite de que se alcen las ramas, pero eso no debería detenernos en plantear un modelo de Fuerzas Armadas fuertes y modernas. Posiblemente la respuesta esté entonces en un esquema donde las tres fuerzas sean más pequeñas pero también mucho más profesionales y con un equipamiento más moderno y más sofisticado del que hoy disponen. Un modelo que tal vez sea copia del de otros países, donde hay pocas unidades pero todas ellas muy entrenadas, extremadamente organizadas y con una extrema capacidad de respuesta rápida.

Debatir y sacar conclusiones respecto al futuro de nuestro Ejército, nuestra Marina y nuestra Fuerza Aérea debería ser una prioridad del gobierno en general y del ministerio de Defensa en particular, con la colaboración de los mandos naturales de todas las fuerzas, También debería incluirse en el debate el rol e interacción posible del resto de nuestras fuerzas de seguridad, en particular la Prefectura y la Gendarmería. Incluir también como urgencia la necesidad de que nuestras Fuerzas Armadas recuperen el prestigio y el respeto que alguna vez supieron ganarse. Hasta que no se haga, seguirá siendo esta una asignatura pendiente y muy necesaria para terminar de reconciliar a una sociedad que todavía hoy se sigue lamiendo sus viejas y muy profundas heridas, y para dar también un sentido y un propósito a un grupo de hombres y mujeres que se han juramentado a dar su vida por la patria.

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