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Kicillof, Enrique Cresto, y la vieja práctica del discurso de la media mentira

De la siempre fútil tarea de tratar de acomodar las estadísticas

Ayer nomás, en el Congreso de Economía Política que se realizó en la Universidad de Avellaneda, el ex ministro de Economía Axel Kicillof nos recordó a Aníbal Fernández y aquella famosa frase que quedará para la historia: "En Alemania hay más pobres que en Argentina". Kicillof cuestionó la medición de pobreza que hace la Universidad Católica Argentina, la que dijo está sesgada porque fija una canasta básica excesivamente alta. Y en su cuestionamiento a la metodología empleada, que es bien similar a la que empezó a usar el INDEC con la llegada del nuevo gobierno - el anterior había dinamitado toda la estadística nacional- dijo que si se aplicaran en Alemania esos índices, la pobreza por allí daría por arriba del 30%.

Como suele suceder cuando los referentes del kirchnerismo se refieren a los actuales índices de pobreza y a la actuación que les cupo durante la década más prodiga en la historia de la economía argentina, resultado exclusivo del boom global de las materias primas, Kicillof se ocupó de resaltar que el 30% plus de pobres que habían dejado era nada comparado al 67% del 2003, cuando durante el gobierno de Duhalde la economía argentina -después de la mega devaluación y el default de finales del 2001-, comenzaba a recuperarse de la debacle y a crecer fuerte. Ya para los días en que asumía Kirchner, la economía estaba lanzada hacia adelante y moviéndose a pasos agigantados.

Por este lado del país, tenemos también a algunos de los nuestros atreviéndose a esgrimir argumentos parecidos, como es el caso de Enrique Cresto, intendente de Concordia. Como se sabe - y al igual que la muestra anterior de finales del 2016- Concordia volvió a recibir la cucarda de segunda ciudad más pobre del país, con una pobreza del 40% y una indigencia del 7,8%. En una declaración en Facebook, Cresto se acordó de echarle la culpa al peronismo de la década del 90, de la que tanto él como su padre y todos los peronistas de Concordia fueron parte. Nada dijo sin embargo del rol que le tocó a todos ellos en ese largo camino de angustia y frustración que ha tenido que recorrer Concordia durante los últimos 50 años y que los encontró siempre, nunca a ningún otro, a cargo de los destinos de la ciudad.

Como Kicillof, Cresto se encargó de hacer alusión a los años en que comenzamos a salir de la crisis del 2001, en este caso hizo referencia al 2004, cuando señaló que la pobreza entonces había sido del 72% y la indigencia del 39%. Como suele suceder con esta gente, la autocrítica fue nula, cero. Solo se atrevió a señalar que "juntos vamos a lograr que Concordia se convierta en la ciudad más pujante de la Mesopotamia" ¿Una expresión de deseos tal vez?

Si esa misma gente hace 50 años que la tiene sumida en la mayor de las miserias, siempre en el podio de las ciudades más pobres, ¿porque a partir de ahora debería ser distinto?

Aunque tal vez Cresto no lo sepa, el peronismo de Concordia, del que es y ha sido parte, es parte del problema y no de la solución. Si lo que hicieron hasta ahora y durante muchísimo tiempo es más bien propio de los récords Guinness, negativamente hablando, sería ingenuo de nuestra parte pensar que él o cualquiera de los que precedieron, son capaces de llevar adelante, y con éxito, tan titánica tarea.

Cuando se habla de "juntos hacer de nuevo de Concordia una ciudad pujante", el sentido común indica que él y quienes hoy colaboran en la administración municipal bien podrían ser parte de ese esfuerzo, pero nunca desde una posición de conducción ya que los hechos han demostrado con creces que no son merecedores de ese derecho. Posiblemente en dos años ni el más eximio manejo de las artes del clientelismo político logre evitar que la mayoría de la población -finalmente- entienda que no serán ellos los que logren sacar a la ciudad del atolladero en que se encuentra. Como anécdota, y para los que no lo sabían, los índices de pobreza de Paraná, ayudado es cierto por su grandísimo caudal de empleados públicos, son casi la mitad de los de Concordia. Lo que no es poca cosa.

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