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Kirchnerismo explícito, o como saber moverse en el barro de la política

Desde el llano mantienen una capacidad de daño mayor que la que al actual gobierno le gustaría

Cuesta creer lo que repiten varios analistas en algunos de los medios de comunicación nacionales más masivos, que el kirchnerismo se ha vuelto una organización política cuyo objetivo principal ya no es derrotar a Macri en las elecciones sino conseguir que se vaya antes de tiempo y no precisamente por las buenas. Pero aunque suena exagerado, es cierto que una mano confrontativa, conflictiva, y algo alejada de las convenciones de la moderación y el respeto se deja entrever en el accionar de este grupo.

Sin ir más lejos, el pasado martes, durante el masivo acto de la CGT, el kirchnerismo fue uno de los grupos, junto con la CTA y sindicatos de izquierda, que provocó desmanes y disturbios en el final. ¿Cuál fue el aparente motivo por el que coparon el estrado después de los discursos? La supuesta reticencia del triunvirato cegetista a lanzarse sin más a fijar una fecha exacta de paro.

Hay otro rubro en el que también actúan de manera persistente pero bastante más sigilosa. A través del diputado Tailhade, algunos camporistas como De Pedro o Recalde, de los dirigente de Nuevo Encuentro Sabatella y Cerruti, y con el inestimable apoyo de Página 12, ahora en manos del sindicato de porteros, se ocupan de motorizar múltiples denuncias contra el gobierno, Macri y sus principales funcionarios. Tailhade es un diputado, ex espía de la SIDE en los días de Cristina Kirchner en el gobierno que dedica sus días a realizar decenas de denuncias formales ante la justicia, casi todas ellas insostenibles. Ahora estaría trabajando en la denuncia por la compra de un nuevo avión presidencial, operación que todavía no se ha concretado.

El objetivo principal es forzar al gobierno actual, obligado por su compromiso electoral de subir la vara de la ética institucional, a jugar en el mismo barro en el que se mueve un kirchnerismo, inmerso en una maraña de casos de corrupción de un volumen nunca antes visto. Esta estrategia, si resultara exitosa, erosiona la credibilidad del gobierno y lo debilita. La inocencia, o incompetencia, del gobierno nacional para moverse en este terreno hace que los denunciantes se muevan a sus anchas y con cero temor de contraofensivas judiciales. Parecen olvidarse de aquello de que la mejor defensa es el ataque, algo de lo que Tailhade por otra parte no se olvida.

Por el lado de la justicia, ya sabemos que el kirchnerismo dejó un caballo de Troya el día de su retirada. Se trata de la jefa de los fiscales, Alejandra Gils Carbó, quien con el apoyo de un grupo importante de fiscales, nombrados por el anterior gobierno y aglutinados en el colectivo Justicia Legítima, se encargan de darle cabida a casi cualquier denuncia que roce a Macri o a su entorno. Estos son los mismos fiscales, no otros, que durante más de dos lustros hicieron la vista gorda ante todos y cada uno de los casos de corrupción del que todos fuimos testigos. Salvo los más fanáticos kirchneristas, y el grupo de fiscales mencionados, todos los argentinos somos conscientes del desfalco y esperamos castigos para los ladrones seriales que casi logran llevarse toda la Argentina en rueditas a sus casas y sin ningún tipo de castigo.

Como se puede ver, manejan una maquinaria bien aceitada, con engranajes que funcionan a la perfección, con mucha capacidad de daño y lista para propiciar actos de desborde. Los mismos que hasta hace un par de años se desgañitaban gritando -falsamente- que se pretendía desestabilizarlos, día y noche, invierno y verano, ahora nos muestran que son ellos los maestros de esas prácticas.

Por estos lados, Entre Ríos digo, si bien todavía hay cuadros kirchneristas varios, este tipo de actuación organizada no existe. Es que a diferencia de lo que sucede a nivel nacional, aquí el peronismo sigue gobernando y los kirchneristas se siguen moviendo al calor del poder, muchos todavía en cargos importantes aunque algo camuflados, detrás de un liderazgo justicialista más tradicional que definitivamente no comulga con ellos.

También fueron por años protagonistas exclusivos de los principales hechos de corrupción en la provincia y saben que si sacan demasiado la cabeza corren riesgos de que se la corten. El caso Alfonzo es sin dudas un caso testigo, una clara muestra de que si no dan los pasos correctos son los conductores del kirchnerismo local los que van a terminar sufriendo las consecuencias del mismo tipo de maniobras que sus compañeros impulsan a nivel nacional y en otros distritos.

De todas maneras, y conociendo el ADN de los que siguen militando en este grupo, bien haría el Gobernador Bordet en ser cuidadoso y evitar mostrar algún flanco débil a quienes todavía hoy siguen siendo algunos de sus principales aliados políticos.

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