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La paradoja de líderes nacionales y populares con malas maneras

Recuperando los buenos modales

Por estos días se han hecho públicas algunas escenas de la vida cotidiana de Cristina Kirchner cuando estaba a cargo de la presidencia. Según lo publicado, y no solo por Clarín a quienes algunos podrán acusar de ser poco objetivo, la expresidenta trataba muy mal al personal doméstico de Olivos y también al de la Casa Rosada. Esta situación parece se repetía también a menudo con funcionarios de mayor jerarquía, como quedó de manifiesto con la publicación de un audio días atrás, donde Cristina Kirchner trata al exsecretario general de su presidencia, Oscar Parrilli, aun hoy un allegado muy cercano, con una condescendencia manifiesta.

Cuando no los trataba con rudeza y ciertos malos modos, la expresidenta parece acudía a la estrategia de hacer invisibles a los demás, particularmente a aquellos que no sentía como sus pares. Había dado la expresa instrucción de que ante su presencia en los pasillos la gente bajara la vista, y en el caso de los guardias de los jardines de la residencia de Olivos, que se escondieran detrás de los arboles ni bien la vieran aparecer.

También trascendieron ciertas actitudes no muy felices de su hija Florencia, quien se encargaba de devolver una y otra vez los platos que le preparaban en la cocina de Olivos, disconforme con los resultados. Otros rumores, aunque con menor entidad, hablan de situaciones donde la que la pasaba mal era la misma Cristina, esta vez a manos de Néstor y su hijo Máximo.

Esa actitud de maltrato y displicencia para con sus inferiores pareció contagiar también a otros funcionarios del gobierno anterior, ya que son múltiples los casos de evidencia anecdótica donde algunos de los más renombrados kirchneristas, tanto funcionarios nacionales como de provincia, trataban de mala manera a subordinados, empleados, y acólitos.

Sin dudas sorprende que integrantes de un gobierno que decía sentirse tan cerca del sentimiento nacional y popular hayan mostrado tan malas maneras. No sorprende sin embargo que esto trascienda recién ahora, bien se sabe que son pocos los que se animan a hablar mal de los que están en poder, en especial si han sabido dar muestras de intolerancia y falta de respeto hacia el prójimo.

Los admiradores incondicionales del kirchnerismo, algunos cuantos todavía quedan, negarán todo esto una y otra vez y seguramente hablen de una campaña de desprestigio pergeñada desde el centro de poder de Cambiemos o del mismo Pro. Es que conductas así parecen claramente incompatibles con quienes se dicen acérrimos defensores y promotores del bienestar popular.

También sorprende a algunos, aunque no a todos, que sean diametralmente opuestas las cosas que hoy se dicen de Macri y sus allegados. Tanto en la Casa Rosada como en Olivos se habla de un presidente y sus funcionarios que saludan a la mañana y que piden las cosas agregando por favor y gracias a sus oraciones. También se dice que una conducta muy parecida se exhibe ahora en la Casa Gris en Paraná. Lo que debería ser algo muy común se observa como un comportamiento lejano e irreal por lo amable. Tal vez también sea así porque viniendo de un gobierno de CEOs y ricos, como se lo ha querido catalogar en muchos ámbitos, uno no puede esperar sino comportamientos bruscos y descorteses. Como si las personas no fuéramos todas eso, personas.

Claramente los buenos modales no definen a un gobierno. Pero los modales ayudan a definir a las personas hablándonos de su tolerancia, bondad y capacidad de tener empatía con el otro. Quienes tienen buenos modales son por lo general menos caprichosos, saben escuchar, y no se creen los dueños de la verdad. No es que un presidente y quienes integran su administración tengan que tener todo eso para que su gobierno sea exitoso pero seguramente ayude. Y la verdad es que hacían falta estos nuevos aires. Es que íbamos camino de naturalizar los malos tratos, los gritos y los desplantes. Cuando el peronismo vuelva al poder, seguramente algún día lo haga, ojala logre dejar todo eso, y para siempre, en la puerta. El país estará agradecido.

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