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Las presidenciales de Brasil el año entrante

Gane quien gane, el impacto será muy fuerte para Argentina

Brasil, después de varios años de caída ininterrumpida de su actividad económica, finalmente volverá a crecer. Con seguridad esto será el año próximo, cuando se espera un rebote de su producto bruto de entre 2 y 3 puntos. Estas son muy buenas noticias para Argentina, sobre todos para sectores como el automotriz, donde su línea de vida depende en gran medida de los autos que se exporten al país vecino. La languidez económica brasileña por un periodo tan prolongado ha sido una de las razones que ayudan a explicar la pálida actuación de la economía argentina, sobre todo durante los dos primeros años de Macri.

Ahora, también es mucho lo que se juega en nuestro vecino del norte en el 2018 en materia política. La elección presidencial, que bendecirá al sucesor del impopular y muy discutido Michel Temer, tendrá un impacto tal que seguramente determine el futuro de Brasil durante los próximos cinco o diez años, esto con innegables y contundentes consecuencias para con el nuestro. Una nueva ronda de populismo definitivamente representaría un retroceso muy grande, tan grande como para abortar la recuperación en marcha y detener, hasta la inmovilidad casi, tanto la inversión como el consumo. No son pocas, preventivamente, las empresas que ya han comenzado a enflaquecer sus balances y sus dotaciones de personal, incluso transfiriendo operaciones fuera del país y con destinos más amables para sus dineros.

Si no lo saben seguro se lo imaginan. Lula es nuevamente el gran candidato, el hombre a vencer. A la fecha tiene aproximadamente un 35% de intención de voto, seguido por otros dos candidatos en apariencia tan populistas como el, uno de derecha y otro de izquierda, Bolsonaro y Marina Silva. De Marina, como se la conoce popularmente en Brasil, ya hemos oído en el pasado, habiendo competido en la última elección basada en una plataforma cuando menos difusa. El caso de Bolsonaro es diferente, un ex militar, con ideología de derecha, que plantea sobre todo una lucha sin cuartel contra la violencia y la inseguridad. Sus dichos contra las comunidades gay son también muy bien conocidos, aunque es poco lo que se sabe de su propuesta económica. Si los partidos tradicionales hoy en el gobierno no pudieran imponer ninguno de sus candidatos, es muy posible que con el tiempo, Bolsonaro termine convirtiéndose en el candidato del establishment brasileño.

Por la coalición gobernante, integrada por los dos partidos más importante de Brasil, el PMDB y el PSDB, los potenciales candidatos son Geraldo Alckmin, actualmente gobernador del estado de San Pablo, un político resiliente aunque aburrido y poco carismático, y el marketineramente más atractivo Joao Doria, actual alcalde de la ciudad de San Pablo. Hasta hace un par de días otro que prometía involucrarse en la contienda era el presentador televisivo Huck, una especie de Marcelo Tinelli brasileño. Durante esta semana, Huck dijo que lo de su candidatura quedaba para otra oportunidad. Hoy por hoy, no parecen ser muchos más lo que estén en condiciones de sumarse a este lote con posibilidades ciertas de éxito.

Cuando todavía faltan unos cuantos meses para las elecciones, las grandes incógnitas son si Lula logrará evitar una eventual impugnación a ser candidato, hoy en manos de la justicia, o si Bolsonaro podrá o no consolidar la base de apoyo de la que hoy disfruta, sobre todo en el centro y norte del país. Permanece también en la sombra de la duda si Alckmin, tal vez con Doria como vice, podrá hacer remontar una candidatura que goza de fuertes apoyos de los aparatos partidarios pero de pocos entre la comunidad de votantes. Esto último podría cambiar una vez que se lancen las campañas televisivas, en las que tanto el PMDB como el PSDB disponen de muchísimo tiempo de pantalla. El rol de las redes sociales, como aquí también sucede, va en franco aumento, pero no parece tener todavía el poder de cambiar los destinos de una elección.

En definitiva, Brasil se dispone a vivir un desenlace eleccionario con final abierto donde los candidatos que hoy tienen las mayores posibilidades persiguen una agenda que oscila entre los atropellos del chavismo y las insolencias de Trump. Si ese fuera el camino elegido, Argentina tendrá que replantearse su agenda exterior y considerar sociedades comerciales en mercados muchos más lejanos. Una circunstancia, que si se diera, seria ciertamente una pena, sinónimo de otra oportunidad perdida.

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