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Las provincias como estado fallido

Un experimento al que Entre Ríos se acerca de manera peligrosa

En una entrevista realizada días atrás el periodista Carlos Pagni se refirió a que la transición del gobierno de Cristina Kirchner hacia el de Macri se haya producido sin crisis, por lo menos una crisis de proporciones. Según el también comentarista político, esta sería una de las principales razones por las que al gobierno de Cambiemos le va a resultar muy difícil realizar el tan necesario redimensionamiento del estado.

Ayudada por una década sin precedentes, que arropó a todos los gobierno latinoamericanos por igual, la administración kirchnerista se aprovechó de un flujo extraordinario de ingresos, asociado en buen medida a la explosión en los precios de las materias primas, para aumentar el tamaño del estado y alcanzar así una influencia desconocida en décadas. Al mismo tiempo, la presión tributaria alcanzó ribetes increíbles, más propios de un país como Francia que como Argentina, tendencia que hoy continúa y más allá de ciertos tibios esfuerzos en reducir impuestos que realizó el macrismo durante los primeros días de su gestión.

Se dio así origen a un combo que plantea volverse particularmente difícil de mantener en el tiempo, un estado ineficiente y desproporcionado, muchas veces bobo, y un sector privado castigado por los impuestos y empujado a un estado de ineficiencia que hace muy difícil que hoy pueda competir con sus pares en el mundo. En esa circunstancia terciaban no solo un gobierno como el kirchnerista que no creía en los privados como motor de crecimiento sino también la complacencia interesada de muchos empresarios que se acostumbraron a vivir de las prebendas del estado, en una asociación de efectos nefastos para el progreso y el desarrollo del país.

El estado gigante al que nos acostumbraron y que todos aceptamos tan mansamente, en algunos casos por convicción, en muchos otros por conveniencia, se hizo un lugar importante tanto a nivel nacional, como a nivel provincial y municipal. Nuestra provincia es un claro ejemplo. Sin prisa pero sin pausa, aunque el movimiento tuvo una clara aceleración durante las gobernaciones de Urribarri, la actividad privada le fue cediendo paulatinamente al sector público su lugar como factor central de la actividad económica en Entre Ríos.

El estado provincial y las municipalidades se fueron afianzando así como los grandes proveedores de empleo, a instancias de mayores transferencias del estado nacional y de mayor presión sobre un sector privado que cuando se acabó la época de las vacas gordas comenzó a sufrir y en forma. Este ajuste automático no se dio a nivel del sector público, donde la ecuación se ha vuelto cada vez más deficitaria, primero forzando la desaparición de las inversiones de capital, que además ni en los mejores años del kirchnerismo fueron bien elegidas, y hoy provocando una crisis operativa de un estado que ni siquiera puede llegar a pagar los sueldos de sus empleados en tiempo y forma, ni que hablar los aguinaldos.

Tal vez el único lugar donde el redimensionamiento de un estado provincial ya es público y notorio es Santa Cruz. Allí está claro que el estado provincial y las municipalidades no funcionan sin la asistencia del gobierno nacional. Encima hoy esa provincia habla de endeudarse por 1.500 millones de pesos adicionales para poder ocuparse de los gastos operativos. Me pregunto, como nos preguntamos todos, que van a hacer el día que se hayan gastado los pesos del préstamo. En ese momento, el déficit seguirá existiendo, no habrá plata nueva para ocuparse de salarios ni de nada y encima seguirán con cero capacidad de repagar alguna vez ese nuevo compromiso. Lo que se dice "un esta fallido".

Por aquí las cosas tal vez no sean tan obvias pero son igual de preocupantes. Se fue la década ganada y por toda herencia nos quedaron un estado provincial y muchísimas municipalidades a punto del colapso. Los recursos se destinan casi exclusivamente para pagar sueldos y el rubro inversiones es cercano a cero. Bordet, como el resto de los gobernadores, viene esquivando las balas mientras no deja de rogar por la asistencia del gobierno nacional o para que los mercados le permitan endeudarse, pero la cuestión es que esta estrategia de años, que nos ha pauperizado a todos los entrerrianos, empleados públicos o privados, está agotada. Más tarde o más temprano habrá que tomar el toro por las astas y ocuparse. Entre Ríos está fundida y hoy por hoy lo que el gobernador está haciendo es patear el tacho de basura para adelante. El día en que la provincia tenga que ajustarse a una más austera realidad va a llegar y eso es inexorable.

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