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Lo que la lluvia nos dejó

Son muchas e imprescindibles las obras de infraestructura que toda nuestra zona necesita

Fue breve pero violento. El aguacero del domingo pasado por la mañana que se extendió desde Concepción del Uruguay hasta Colón/San José dejó su huella. El caudal de precipitaciones que normalmente se da en meses se dio en solo unas pocas horas, superando los 200mm en la zona de Colón y orillando los 300mm en Concepción. Otras y nuevas víctimas del cambio climático que nos enseña de a poco a todos que el tiempo está dejando de ser aquel que conocimos desde siempre.

La naturaleza ha decidido desatarse como nunca, lo que nos lleva no solo a tener que convivir más regularmente con tormentas de gran magnitud sino también con condiciones extremas de sequía e inundaciones que se dan en zonas no muy alejadas unas de otras, separadas tal vez por unos pocos cientos de kilómetros. Para confundir aún más las cosas, ni la sequía ni el exceso de humedad se han vuelto privativos de algún lugar particular de la pampa húmeda sino que se van alternando, según la ocasión. Donde ayer hubo tierra seca y yerma hoy es muy posible que ese mismo suelo desborde de humedad y fertilidad.

En lo que hace a toda la zona ribereña del Uruguay dentro del territorio de nuestra provincia, el cambio climático nos ha sorprendido muy poco preparados a nivel infraestructura. En realidad las falencias y problemas del sector ya eran de por sí muy graves, pero el recurrente azote de la naturaleza no ha hecho más que hacerlos aún más visibles a nuestros ojos.

A los sabidos problemas que le traen las inundaciones del río Uruguay a las ciudades costeras, no hay centro urbano en la región que cuente con las debidas defensas, ahora hay que agregarle el de las lluvias violentas. Las de esta semana han dejado al descubierto que también la ruta 14 está deficientemente construida en algunos de sus tramos, por ejemplo en los accesos a Colón y San José, y que ni siquiera requiere de cursos de agua desbordados para que se inunden. Alcanza con desagües mal hechos o con terraplenes mal colocados.

Para empeorar las cosas, el estado de mantenimiento de los caminos rurales de ripio o broza, con alcantarillas en mal estado o directamente sin ellas, hace que la red de caminos de la región presente un patético estado de mantenimiento. Demás está decir que no hacen falta más que unos pocos milímetros de lluvia para que los caminos de tierra se vuelvan intransitables, mucha veces por largos periodos.

Ante lo impactante de la evidencia, uno no puede entonces sino pensar inmediatamente en la inoperancia y la negligencia de Vialidad Nacional y Provincial y también la de las municipalidades. Es el caso de los municipios, esa falta de previsión e idoneidad se hace evidente no solo en rutas, caminos vecinales y calles, sino también en defensas que nunca se construyen, en obras de contención que nunca se terminan dejando a muchos de los barrios debajo de la cota del río o del arroyo cercano, o incluso cuando alientan la construcción de barrios enteros, como es el sabido caso de El Brillante en San José, donde un barrio todavía sin estrenar se inundó el domingo en una buena parte de su extensión. A metros pasa un arroyo, contaminado por otra parte, sin que nadie lo monitoree, y nadie se le ocurrió que podía ocurrir lo que ocurrió. Nadie lo previó ni lo tuvo en cuenta. En Concepción del Uruguay ese mismo día fueron muchos los entubados obstruidos, lo que también habla de la falta de mantenimiento, con barrios enteros afectados, como fue el caso del Barrio Rocamora o el Villa Sol.

Hay muy pocas cosas que se puedan hacer frente a la fuerza de la naturaleza pero si hay muchas otras que podrían prepararnos mejor para superar el indefectible mal trago. Es hora de un planeamiento en serio y de una mejoría en sus estándares de ejecución. También es tiempo de que la provincia y las municipalidades apelen a una mayor y mejor imaginación para encontrar nuevas fuentes de financiamiento de obras que son imprescindible ya que nada parece haga cambiar esa tan arraigada costumbre nuestra de gastar todos los recursos ordinarios en sueldos y nada en aquéllas . Si no hacemos nada nos seguiremos inundando, y si no le tocó, el que esto escribe lo vivió en carne propia y no se lo recomiendo, el próximo podría ser usted, su vecino de al lado o el de enfrente.

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